Pasó lo que pasó | Jácome, siempre rodeado de moscas

El análisis de la actualidad de la última semana, vista por el periodista Antonio Nespereira en su columna 'Pasó lo que pasó'

Jácome
Jácome

El Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó el viernes 12 de mayo un Real Decreto por el que se regula la concesión de una subvención de 40 millones de euros a la Cámara de Comercio de España “para el desarrollo de la red de Oficinas Acelera Pyme en las Cámaras de Comercio”. La ayuda, como explica la publicación oficial, “se justifica en la necesidad de fomentar la digitalización de las pequeñas empresas, de las microempresas y de las personas en situación de autoempleo”. Bueno, excuso decirles que Ourense no va a cheirar ni un céntimo de ese dinero porque aquí somos más listos que nadie y cerramos la Cámara hace este mes cuatro años. Aquello supuso la evidencia de que cuando se explicó la importancia de las entidades asociativas, los finísimos estrategas empresariales de la provincia no fueron a clase. En octubre del año pasado, la trompetería oficial anunció que la Consellería de Economía y la Diputación resucitarían el muerto, dándole una nueva vida extracorpórea. Han pasado siete meses y el cadáver cameral sigue imparable su proceso de descomposición. La verdad no se sabe muy bien qué pintan ambas instituciones tratando de revivir a la Cámara si los empresarios no la quieren. Claro, como aquí ya no queda la entidad, Ourense también pierde esa subvención estratégica. Algunos empresarios no son mucho de leer el BOE, son más de los prospectos de las medicinas, imprescindibles en esta achacosa provincia.

La Cámara

La antigua sede de la Cámara de Comercio en la avenida de la Habana ha vuelto de nuevo a la actualidad esta semana por motivos ajenos a la vida de la secular institución pública. Las oficinas, de unos 900 metros cuadrados, fueron subastadas hace ya un tiempo por las deudas acumuladas y adquiridas por alguien que se dedica a la tanatopraxia empresarial. Ahí están los carteles sobre sus cristales implorando un postor que ponga la pasta por delante y se quede hasta con los retratos de los expresidentes. Y ahí apareció Jácome otra vez esta semana. Siempre está Jácome en todos los asuntos que huelen mal y sobre los que sobrevuelan las moscas. En esta ocasión porque habría ofrecido al dueño de la Cámara que se la compraba el Concello como favor y compensación a un dinero prestado para pagar a uno de sus concejales para que dejarse de serlo. En la Cámara de Comercio se sentaron durante décadas cerca de una treintena de empresarios de la provincia y hacían lo que podían, logros importantes en algunas cosas, como la creación de Expourense. De quedar un mínimo de dignididad muchos de ellos sufrirían arcadas con todo lo que está pasando. Dejaron en herencia una institución en la que ahora solo hay carcoma y muchas moscas, sobre las que de nuevo sobrevuela el fantasma de Jácome, con esa pesadez y el zumbido que tienen las cojoneras. Siempre alrededor de las inmundicias, sin descartar posarse sobre ellas.

Censor censurado

Dedicó la semana el todavía alcalde a intentar aliviarse del escozor que le martiriza porque ahora sí todos sabemos a qué dedica su tiempo. Los famosos audios, que han tenido nuevos capítulos, revelan que cuando no se tiene escrúpulos lo mismo da carne que pescado, el asunto es comer. Tragar en este caso. Trató de impedir ante la justicia que se conociese cómo se las gasta, exigiendo a los jueces censura y mordaza a La Región, sin conseguirlo, claro. Pasaron los días sin dar explicaciones sobre su manera de maquinar en política, solo tratando de impedir que se conociese su modus operandi, queriendo romper el espejo que le retrata. Pero en cada trozo aparecía él.

Dormir bien

Queda una semana para saber cómo de impermeabilizada o narcotizada está la sociedad ourensana, sin descartar ninguna opción. Con sabia precisión Ourense ha ido perdiendo a sabiendas su identidad y personalidad. Hace algún tiempo un grupo de empresarios pidió a un ilustre apellido que pilotase un cambio de rumbo en una organización empresarial, también tocada por la mediocridad. Para eludir el envite, con desgana, dicen que dijo: “Ourense es un sitio en el que se come muy bien y se duerme de maravilla”. Ya ni altera el descanso el vuelo de la mosca.

El portafotos

Miguel Caride, abogado de profesión, llevó a Jácome en volandas al Concello de Ourense, como un sherpa que carga resignado con un fardo de cuidado. Como un porteador que soporta el trono y los abalorios del sátrapa mientras lo pasea ante la plebe. Como un costalero que saca al santo en procesión a que le canten saetas desde los balcones de la estulticia ourensana. Posiblemente hipnotizado por la mirada de la cobra que alela a la víctima antes de mandarle la dentellada definitiva. Caride pasó pronto a ser el primus inter pares, el principal ex de los muchos ex que colgó Jácome en su tendal. Cuando los días de la revolución que iba a regenerar la provincia, el letrado le llevó cosas legales al hoy alcalde. Su nombre aparece en los audios, para que por 30.000 pavos dejase de ser concejal. Y resulta que ahora, por lo manifestado por él, le debía Jácome 130.000 en honorarios por pleitos varios. Qué bajón esto de ser revolucionarios y regeneradores de la política a tanto el cuarto y mitad. Cuando Caride se embarcó en la nave de Jácome poniendo rumbo a los acantilados le pregunté a un amigo suyo, abogado también, qué le empujó a meterse en ese fregado: “No lo sé, la verdad, porque hablas con él y parece que tiene dos dedos de frente”, me dijo.

Al poner la lupa

Ya tenemos una ciudad ortopédica

A Ourense la han vuelto una ciudad ortopédica, achacosa, acomplejada por hacerse mayor. Este delirante Concello quiere convencer a sus vecinos de que son necesarios seis millones de euros para poner rampas que les llevan un poquito y luego les mandan bajar. Justo en la calle Concordia, una de las que menos desnivel tiene, pero es donde el alcalde dispone de intereses privados. Puede ser un motivo del gasto, puestos a sospechar. El médico dice que hay que dar zapatilla, poner el colesterol a raya y hacer dieta. Las zonas de paseo de la ciudad se llenan de gente caminando a su ritmo, intentando tonificarse y ponerse en forma, pero luego está el Concello para decir monta que te llevo. El que no está para subir Concordia tampoco lo hace porque le pongan rampas por tramos. Pero en esta ciudad la autoridad se gasta el dinero haciendo ver a la gente que es dependiente, que siempre hace falta el bastón municipal. Y esa seguridad solo se puede garantizar si hay votos.

Contenido patrocinado

stats