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CRÓNICA
Con los paraguas enganchados en el brazo -o colgados en la espalda-, los ourensanos salieron este domingo por la mañana de sus casas dirección parque de San Lázaro. La celebración del santo -misa, música, quema de madamitas y rosquillas incluídas- movilizó, como cada año, a numerosos vecinos y visitantes.
Pero para algunos, como Ledicia Fernández y David Pérez, la de este domingo fue la primera vez. "No sé muy bien que van a hacer los de la pirotecnia, algo he visto en fotos de otros años, pero no lo tengo muy claro", señala Pérez. "Somos de la ciudad, pero nunca habíamos venido. Decidimos pasarnos porque nos pillaba de camino y nos llamaba la atención", añade Fernández.
Lo cierto es que la tradición de la quema de las madamitas -figuras de papel con tubos de pólvora escondidos que acaban por explotar- forma parte del ritual de inicio de la primavera en la ciudad. "Yo recuerdo venir a ver el espectáculo desde pequeño, y mis padres también lo recordaban de toda la vida", asegura José Antonio Rodríguez, de 65 años de edad. "Vengo siempre, es una costumbre que me gusta mucho", apunta Mar Rey, otra vecina de la ciudad.
Aunque el tiempo no acompañó durante todo el fin de semana -desde los puestos, los vendedores aseguraban poca afluencia de público-, la lluvia perdonó la tradición y dejó que los técnicos de la pirotecnia Josman hiciesen lo propio con las madamitas -o madamitos, pues eran personajes masculinos-. Poco antes de la una de la tarde, arrancaba la quema de la primera, frente a la Subdelegación del Gobierno. Alrededor de la valla de protección, pequeños y mayores siguieron con atención el proceso. "¡Va a explotar ya!", "¡Va, va, va...!", decían los más atrevidos, mientras otros se tapaban las orejas o incluso, los más asustadizos, se escondían. Las cuatro figuras -el zapatero, el barbero, el carpintero y el ciclista- acabaron por explotar ante los ojos de los espectadores, previo a la gran traca final que marcó el desenlace. La agonía fue rápida, aunque alguna madamita necesitó un pequeño empujón de los técnicos.
Tras la quema, a comprar rosquillas, aunque no todos. "Nós non as compramos, quizais a xente máis maior si que as leva...", señalan Laura Vázquez y Ester Camba. Para gustos, colores.
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