Un manantial termal abandonado a su suerte en Ourense

El Concello de Ourense desatiende las aguas de la antigua Casa de Baños de Canedo, que un químico describió con “olor y sabor a huevos podridos”. Decenas de usuarios acuden a diario a lavar sus heridas, pese al abandono de esta terma fuera de radar

Estado del antiguo Balneario Canedo

Hasta hace cuatro años, era habitual encontrar a Elio y Ángel adecentando la fuente termal y la zona en la que se ubicó la antigua Casa de Baños de Canedo, consumida por un incendio a finales de los setenta del siglo pasado. En el margen derecho del río Miño, son decenas de usuarios los que siguen acudiendo a este manantial, el único vestigio que queda de un balneario que vivió grandes épocas de esplendor: había servicio de coche desde Ourense y los caminos estaban limpios para facilitar el tránsito de los carruajes que llegaban desde varios puntos de la provincia. Elio y Ángel eran dos vecinos de A Ponte, muy mayores, que cuidaban el manantial hasta que fallecieron recientemente. Una placa conmemorativa, promovida por las asociaciones del barrio (Santa Ana do Pino, Vía Vella, Andén Primeiro y As Termas), recuerda el legado de estos dos ourensanos con buena fe que velaban por un patrimonio termal que languidece sin que las administraciones tomen partido. La maleza, los grafitis y la falta de limpieza absorben unas aguas con propiedades terapéuticas aprovechadas por muchos vecinos. Estos urgen que el manantial no caiga en el olvido.

Panorámica antigua del balneario, incendiado en los setenta.
Panorámica antigua del balneario, incendiado en los setenta.

El Concello se comprometió en 2016 a invertir cerca de 50.000 euros en la recuperación de este manantial. Problemas de titularidad con los terrenos, así como descoordinación entre varias administraciones -el puente pertenece al Gobierno central y por la zona pasa un regato, que depende de la Hidrográfica Miño Sil- imposibilitaron que saliera adelante el proyecto. Ahora, decenas de usuarios acuden a diario a tratarse con estas aguas. Un grupo de personas lavaba ayer sus heridas en el manantial, una práctica habitual.

El químico Antonio Casares hizo en el siglo XIX el análisis de las aguas. “Es agua diáfana, incolora, con ligero olor y sabor a huevos podridos que pierde con una ligera ebullición”, dice el informe recuperado por la periodista Maribel Outeiriño. En el documento compara las aguas con las que brotaban en los Pirineos. “Son convenientes para enfermedades reumáticas y de la piel, para el aparato urinario y el aparato digestivo”, señala.

Las asociaciones que promovieron el homenaje a Elio y Ángel insisten continuamente al Concello de Ourense en la recuperación de esta zona termal, que consideran patrimonio de la ciudad.

Baños para pobres

En el antiguo balneario de Canedo había una zona destinada a las personas menos acomodadas. La pila pequeña era para enfermos que “por sus dolencias inspiren repugnancia a los demás”, citan los documentos antiguos. En el libro “La vida en A Ponte hasta 1960”, de José Manuel Sobrino Fernández, se cuenta que Pablo Fábrega era un ingeniero catalán que llegó a Ourense para trabajar en las obras del ferrocarril, en la segunda mitad del siglo XIX. Descubrió los manantiales, compró las tierras y construyó el balneario. Sus nietos continuaron explotando las aguas, hasta que uno de ellos, de un año y medio, se ahogó en un pilón de la finca. Aunque la familia vendió el edificio, los más mayores de O Pino y A Ponte aún recuerdan el balneario de “Don Pablo”.

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