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ENTREVISTA
Desde el otro lado del charco y con dos Emmy bajo el brazo, la periodista ourensana María Fernández atiende a La Región para mostrar sus sensaciones tras recibir el máximo galardón de la industria televisiva norteamericana.
Desde Ourense hasta Nueva York y hasta uno de los premios más prestigiosos del ámbito televisivo: los Emmy. ¿Cómo llega hasta ahí?
Llegué a Nueva York hace ya casi una década, y es el tiempo que estuve trabajando para una cadena local –local nivel Nueva York-, llamada “New York One”, como productora para su departamento de noticias en español. Este premio lo ganamos con un documental para nuestra versión en inglés que se publicó en abril. Era un especial sobre el desafío migratorio que estaba viviendo la ciudad debido a la llegada masiva de migrantes que estaban llegando desde el estado de Texas debido a una ley firmada por el gobernador de allí que los enviaba en autobuses. Eso creó una presión a nivel de recursos, servicios e incluso social en una ciudad tan acostumbrada a recibir emigrantes. Dura una hora y recibió dos premios: uno por documental, y otro para la versión en español de la cadena reconociendo la excelencia informativa, que recibió toda la redacción de noticias.
Pese a que el marco es el mismo, ¿cuál es el cambio entre hacer información local para cualquier ciudad española y hacerlo en Nueva York?
He cubierto bastante tema político y electoral. Es una empresa que pertenece a una compañía de cable, y replica el mismo modelo para otras cadenas del país. Cubrimos también información estatal, y también federal, porque tenemos que saber qué pasa en Washington, y cómo afectan a Nueva York las decisiones que allí se toman. E incluso grandes noticias de Latinoamérica. La diferencia es que Nueva York es un poco la réplica del mundo, entonces tiene que haber una manera de unificar la información para una población de orígenes, idiomas y culturas muy diferentes. Luego, en una ciudad de ocho millones y medio de personas siempre pasa algo. A los neoyorquinos nos gusta definirnos como la capital del mundo, y a veces una tiene la sensación de que es así porque la actualidad aquí cambia cada hora. Es un reto en ese sentido, y la información local puede abarcar desde un barrio a una noticia que acabe llegando al mundo entero, y cuando la has cubierto y ves que llega a un informativo de China, por ejemplo, resulta curioso.
Para una persona originaria de Ourense, que es una ciudad muy pequeña dentro del mundo, ¿qué supuso llegar ahí hace diez años?
Lo pensaba hace unos días. Soy una ourensana que creció en la rúa da Saínza, junto al Jardín del Posío. Luego estudié en el colegio Irmáns Villar, luego en Carmelitas… todo ese mundo sigue formando parte de quien soy. Luego me fui a Barcelona, y pasé un tiempo en Tarragona. Llegué a Nueva York en febrero de 2015. Pensaba que sería para dos años, y llevo casi diez, pero uno siempre lleva el recuerdo de los primeros años de su vida, que son muy importantes para definir quién eres. Siempre acabo siendo la gallega de algún modo.
Cuando a un equipo de periodistas le llega un galardón como el Emmy, ¿qué se le pasa por la cabeza?
A nivel personal, llegó en un momento en el que había decidido cerrar esta etapa de diez años siendo productora ejecutiva de televisión. Los dos premios llegaron al día siguiente de finalizar esta etapa. Le guardo mucho cariño a “New York One”, y ha sido un honor trabajar con estas personas que son periodistas y han nacido y crecido aquí, y son verdaderos expertos en la ciudad de Nueva York.
Y ahora, ¿qué tiene en mente?
A mí nunca me han asustado los retos. El periodismo televisivo está pasando por una crisis de confianza. Hemos perdido la capacidad de conectar con la gente, que la gente vea noticias como solía hacerlo, con el peligro de que piensen que pueden obtener información de supuestos creadores de contenido que no son necesariamente veraces. Es una situación injusta porque tienes que seguir ciñéndote al código deontológico de la profesión periodística, pero otros no. Eso hizo preguntarme si estaba haciendo una televisión con narrativas obsoletas, y cuestionarme qué más podía hacer. Pero, sobre todo, alejarme de las noticias de última hora. Estoy buscando algo que esté más alejado del “breaking news”, y permita tratar temas en profundidad. Que me permita dejar un poco más de poso en lo que haga.
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