Motores para la vida de una provincia al ralentí
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Unos desde la "primera línea" y otros desde la retaguardia, los trabajadores que siguen activos lidian con las dificultades
Ya está negro sobre blanco. El BOE ha hablado. Lo hizo detallando las actividades esenciales que no paran a pesar del estado de alarma. Son trabajadores que pondrán su granito de arena para superar una situación sin precedentes. Unos lo harán desde la conocida "primera línea", con sus riesgos y sus, así demandan, insuficientes armas de protección sanitaria. Otros lo harán desde la retaguardia, pero con funciones clave. Por eso el Gobierno las llama "esenciales". Otros, muchos autónomos, deben seguir por su supervivencia .
El sector sanitario está en boca de todos. Y, más allá del coronavirus, las enfermedades habituales, fracturas o traumatismos siguen a la orden del día. Primaria está preparada. También la odontología. Aunque eso sí, el teléfono se ha convertido en un aliado para solventar los problemas que no son urgentes. Concienciación. A eso se apunta la banca también.
También los transportistas que unen su labor a las sector de la alimentación en una cadena que permite que las estanterías de los supermercados sigan presentando una imagen de bonanza.
Unos transportistas que tienen que repostar en sus viajes. Y, aunque el número de clientes ha bajado de forma sensible, las gasolineras abren porque un viaje necesario merece el esfuerzo.
Bomberos y Guardia Civil son otros colectivos que, en una situación de emergencia, "no se borra". Lo tienen claro unos y otros. Los que borran la suciedad de unas calles "sin alma" son los trabajadores de la basura. Su preocupación se mitiga con una dosis extra de desinfectante.
Lejos de las calles de la capital habita el sector primario, viendo con recelo la evolución incierta de una crisis que, tras la sanidad, golpeará a la economía.Tendrá que pasar la sanitaria, que tantas víctimas está dejando. Por eso las funerarias continúan, aunque con una rutina totalmente alterada. Los entierros multitudinarios han sido sustituidos por una sencillez doblemente dolorosa.
Y con los estancos para sobrellevar mejor el encierro (o peor, según fume o no) y las librerías para vender páginas de entretenimiento, se resume buena parte de los trabajadores que hoy vuelven a a levantar su persiana. Preocupados, seguro, pero también responsabilizados.
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