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En ocasiones recibo quejas de algunos de vosotros por dedicar la mayoría de mis artículos a la ciudad y tener el resto de la provincia casi abandonada. Tenéis razón, pero en mi descargo os recuerdo que personas muchísimo más autorizadas que yo nos regalan con frecuencia trabajos que me encanta leer. Solo como ejemplo, puedo citar a Lolín Lira, que conoce perfectamente la historia de Ribadavia y su entorno; el amigo Edelmiro M. Cerredelo, para mí “cronista de A Limia”, y desde luego el también amigo Antonio Piñeiro, que se centra en Celanova, pero si quisiera podría “jubilarme”. Él conoce Ourense y sus historias en general mejor que yo. Pero bueno, con su permiso hoy voy a recuperar datos de la provincia en un tema que “creo que sé”. A muchos les traerá recuerdos de todo tipo, porque en las “discos” pasó de todo, desde sellarse amores eternos, hasta recibir tremendas calabazas. Cada uno...
Yo os recordaré los nombres de los locales, los datos los ponéis vosotros. Comenzaré por dos territorios con mucha historia “festeira”.
Dos son las salas que conocí de esta comarca, aunque no eran precisamente las que más me atraían. Por un lado, la distancia, pero el principal problema era la demasiado frecuente rivalidad con la gente de Verín, que solía terminar en tortas y cuando eso ocurría salía a relucir la “igualdad” y en el reparto había para todos.
La primera por mis datos fue la Sala Ideal 6 (1970). En sus orígenes era el Café Ideal (años 30), que tenía una magnifica terraza interior en la que se puso de moda el baile y poco a poco fue reconvirtiéndose en sala de fiestas para terminar aconsejando la apertura ya como discoteca. El maestro Jo con su orquesta, hermanos Cudeiro incluidos, era unos de los que solían amenizar los bailes en aquella primera sala, para dar paso a los mejores dj de la provincia en Ideal 6. Aquellos años 70 eran los del bum en Ourense de los grandes conjuntos: Dráculas, Bemposta, Poster’s, Ever’s, Suaves… Aquella rana con su guitarra decoraba la carpeta de muchos ourensanos.
La otra sala fue Anduriña (1971), y al igual que la anterior nació como cafetería de la mano de Darío Alonso Cerredelo, ¿os suena el apellido? (por eso hubiera preferido que Miro nos cuente estas historias). Don Darío era hombre de negocios, como la mayor parte de la familia, y entre sus ocupaciones estaba la gestión de la barra del Círculo Recreativo Antelano. Aunque desde el principio se decidió ofrecer a la clientela buen marisco, en el menú se incluía música y pocas semanas después de inaugurar el restaurante se abre la sala disco. Como resultado final, en la villa se pudo disfrutar de los mejores disc jockeys de la provincia, y actuaciones que conseguían vaciar las salas de la ciudad.
De nuestras villas, la del Arenteiro es sin duda la que mejor oferta ha hecho de salas de fiesta en toda la provincia, incluso en descarada competencia con la ciudad. Tal vez uno de sus mayores sufrimientos, que fue el de ver a sus hijos camino de la emigración, sea también el principal responsable de que muchos de los que regresaron, con sus buenas perras ganadas, invirtieran en negocios y uno de ellos fue el del ocio.
Lejos quedaban las veladas que sabemos a finales del siglo XIX se organizaban en los salones de la Casa Consistorial para celebrar el San Cipriano, cierto es que solo para invitados, pero otra opción sería imposible. Con el nuevo siglo se abría el Casino y el Centro Recreativo; sus salones acogían veladas de baile, valses y rigodones. Vida corta pero resurgió… Entre medias, el Recreativo de Carballiño fue la referencia de los comienzos del siglo XX.
Para no quedarnos tan atrás en el tiempo, corramos hasta finales de los 60, cuando en el edificio del Cine Rivas se crea un nuevo Casino, pero que ya no estaría solo. Esos años fueron los que podemos llamar de esplendor y encontramos desde la sala de fiestas del cine Alameda (1959), un concepto original que buscaba rentabilizar el espacio, lo mismo que se hizo en el Hotel Parque (al menos en las Navidades del año 60), para ver en el 61 el nacimiento de una mítica Sala Reque y al año siguiente la Sala Neira. Hasta aquí he tenido que buscar los datos, y no puedo asegurar que no tenga algún error de bulto (la prensa en ocasiones es muy infiel).
A partir de aquí ya se amontonan los recuerdos, incluso en alguna ocasión existían motivos “más que suficientes” para que un jovenzuelo se atreviera a coger un autobús, con el riesgo real de tener dificultades para el regreso. Supongo que cada uno podría contar su historia. Yo siempre dependí de terceros, y ahora entiendo cuando amigos de más edad me cuentan aventuras como la de venir tres en una moto de Ribadavia, o cómo se las arreglaban para subir de polizones en el tren para volver de Monforte a las tantas.
Pero dejaré en estos tiempos el tema. Para otra ocasión quedan las salas Niagara y Don Quijote (1971) y, cómo no, las grandes: Isis Pharia y la Sala Paulino, que abrió precisamente en los años del bum de esas salas: 1978, creo recordar que fue la primera macrodiscoteca de la provincia… Y reinventándose ha conseguido subsistir.
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