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LEMBRANZAS
Toda una biografía que lo hace imprescindible para la historia de nuestra ciudad y sin embargo diversas vicisitudes lo han ido dejando caer en el olvido. Nació en Ourense en 1885, y falleció el 22 de octubre de 1974 también en Ourense. Procede de una familia humilde que en aquellos tiempos ya tenía claro que la formación era básica para prosperar, y así fue como su hermana Elisa fue una de las primeras ourensanas en tener el título de maestra, y Marcial ingresó en el Seminario, donde cursó hasta el bachillerato, aunque a pesar de sus claras convicciones religiosas finalmente decidió no continuar la carrera eclesiástica.
Destacó desde muy joven por sus habilidades para la oratoria, y esa tal vez sea la responsable de orientar su vida hacia tres sectores que se basan en ella: la abogacía, la política y el periodismo. Si bien como comprobaréis en el relato, la última fue su pasión desde muy joven; de hecho, aunque sea una especulación, se diría que sus estudios de derecho más parecen motivados por mejorar su formación que por la intención de ejercer como abogado, aunque sus últimos años fuera esta su dedicación: la abogacía.
Sus últimos cursos del Seminario coinciden con la creación de la sección joven del Círculo Tradicionalista. En 1904 se constituye la Juventud Carlista Orensana y se cuenta con él para el cargo de vicesecretario. Probablemente en esa época comience también los estudios de Derecho, pero no iba a poder dedicarle el tiempo necesario, ya que el entorno tradicionalista ourensano se muestra muy activo y necesita de su colaboración.
En 1910 ya figura como presidente de la Juventud Jaimista, y su firma aparece rogando a Isidoro Temes y Angelita Varela que no abandonen el proyecto del asilo del Santo Ángel a pesar de su marcha a Madrid (como sabemos, terminaron construyéndolo y Angelita volvió a residir en la ciudad). Pero lo más significativo es que en ese 1910, después de varias colaboraciones con otras cabeceras, da los primeros pasos como periodista. Es con el bisemanario católico Ecos de Orense (1910-11) y El Radical (1910-13), semanario fundado y dirigido por José Gallego que al poco tiempo se convirtió en el primer trabajo de Ginzo Soto.
Eran esos momentos muy complicados en lo político, ¿y cuándo no? El caso es que se respiraba en el Gobierno un aire anticlerical que daba lugar a una actitud beligerante de los católicos. Por fortuna, se conformaban con manifestaciones pacíficas y la creación de nuevas cabeceras de prensa. Os recuerdo que ese mismo año, meses antes, había nacido de la mano de Acción Social Católica el diario La Región. Eran diferentes cabeceras pero sus fundadores y colaboradores coincidían en muchos de sus objetivos… Pero permitidme que hoy me limite a dar unas pinceladas generales de su muy interesante biografía. Solo recordar que el final, en el tema periodístico, ya lo sabemos: Ecos de Orense y El Radical desaparecen y Ginzo Soto asume, después de un tiempo como redactor, la dirección de La Región (19 de julio 1913) durante un largo periodo (hasta 1926, aunque lo retomó poco después y se mantuvo hasta abril de 1930).
Supongo que la presencia de tantas cabeceras de prensa, de las cuales fue director en dos, no nos hagan olvidar que aún hablamos de un joven de poco más de 25 años. Eso tal vez haga más sorprendente que a esa actividad periodística le acompañara una constante actividad política como presidente de las Juventudes Jaimistas y miembro destacado del Círculo Tradicionalista, que terminó presidiendo en diferentes ocasiones (entre 1912-18), y por si fuera poco, su elección como concejal en 1913 del ayuntamiento ourensano. Por otro lado, continuaba sus estudios en la universidad, que no terminaría hasta 1915.
En 1916 se casa con Aurora Cendón Rey, en Melón, pueblo del que el padre de la novia era alcalde. Para la pedida de mano, Ginzo Soto escogió a su amigo el banquero Pedro Romero. Tuvo seis hijos, el primero Marcial, padre de Elvira Ginzo Pavón (gracias a quien he podido escribir este artículo), en 1917; Conchita, en 1918; Aurora María del Socorro, en 1920; María Luisa, en 1922; María Victoria, en 1924, y Lourdes, en 1928.
Como dato poco conocido, citar que en 1917, después de un largo periplo que se iniciaba en diciembre de 1912 a raíz de una sugerencia de un párroco del rural, se habían comenzado las obras de reforma del local que históricamente ocuparon los carlistas, jaimistas, requetés y tradicionalistas, que son los nombres y organizaciones utilizados por ellos, que era el de la Plaza del Trigo 3. Se trasladan por un tiempo a la calle de la Paz, 15 (hoy 11).
En 1926, durante la dictadura de Primo de Rivera, es elegido alcalde por primera vez, hasta 1929, pero desde luego no era algo nuevo para él: hacía 12 años que había entrado al ayuntamiento como concejal. El de alcalde fue un periodo fructífero pero breve, en el que, entre otros temas, se avanzó en la construcción de vivienda pública, se promovió la construcción de la plaza de abastos y continuaron los trabajos para conseguir terminar las obras del ferrocarril.
Esa etapa de su vida fue probablemente la de más actividad, ya que al poco tiempo de hacerse cargo de la alcaldía es elegido como representante de los concellos de Ourense en la Asamblea Nacional Consultiva. También es nombrado directivo de la orden de los franciscanos, sin olvidar que en ocasiones tenía que ejercer como abogado en casos que él consideraba ineludibles, mayormente defensa de sacerdotes con pocos medios económicos, y continuaba con sus trabajos periodísticos. Pero sin duda, en esta etapa el detalle que quedó para la historia por lo anecdótico fue que, siendo jaimista, tuvo que hacerse cargo de la recepción en 1927 de la visita de la familia real a nuestra ciudad.
En 1929 deja la alcaldía en manos de Jesús Soria, pero a los pocos meses vuelve a hacerse cargo de ella hasta que por fin la abandona para embarcarse en un nuevo proyecto periodístico que le ilusionaba, fundando el diario Galicia.
Llega así el periodo de la guerra y Ginzo Soto decide dedicarse a la abogacía manteniéndose distante de la política e incluso del periodismo.
La lista de amistades de Marcial Ginzo Soto sería interminable, pero si me lo permitís, citaré algunos para que se haga evidente su gusto por compartir ideas y aficiones entre quienes no pensaban igual que él. Entre su círculo de amistades estaban Vicente Risco, Salgado Biempica, Luis Fábrega, Pedro Romero, Samuel Eiján, Otero Pedrayo, Prado Lameiro... Cierto es que todos tenían al menos un punto en común, pero…
Mi agradecimiento a Elvira Ginzo Pavón y a Beatriz Rodríguez-Courel Ginzo por su impagable colaboración.
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