Ourense no tempo | A nosa Ponte

Rafael Salgado analiza, en una nueva entrega de Ourense no tempo, uno de los tesoros más destacados del patrimonio ourensano: a Ponte Romana

El Ourense no tempo de este sábado habla sobre la Ponte Romana de Ourense

Uno de los símbolos de identidad ourensana es nuestra vieja Ponte, esa que sin duda fue una de las causas de la existencia de nuestra ciudad. Pasar el río era tarea complicada, y aunque las crónicas cuentan que en verano se podía hacer andando por la zona del Vao, el resto del año se complicaba. Algún historiador dice que fueron los romanos en el siglo I quienes decidieron construirla. “Esos romanos estaban locos”, tenían la manía de ir construyendo cosas en países ajenos…

Cuentan también que en varias ocasiones sufrió serios daños. De manera documentada se habla del siglo XII como el momento en que el arco central (durante años el de mayor luz de España) se vino abajo. Y aquí empezamos a tener datos confirmados, es en 1218 que el obispo don Lorenzo, al llegar a la diócesis, lo encuentra inutilizado, siendo las barcas la única manera de cruzar el Miño. Decidió restaurarlo de su peculio, aunque finalmente recibió colaboración del rey Fernando III por el interés que tenía el puente para los peregrinos a Santiago.

Año 1966: si os fijáis podréis ver que estaba en obras, y de nuevo aparecen las barcas del Miño.
Año 1966: si os fijáis podréis ver que estaba en obras, y de nuevo aparecen las barcas del Miño.

Esta falta de datos directos del puente permite especular sobre su historia anterior, e incluso hay quien afirma que existió otro puente, sí, romano, y este lo sustituyó después de uno de los episodios de destrucción que sufrió nuestra Auria. Estos episodios de triste historia en los que no se habla de manera directa del puente comienzan en el año 463, en que un rey suevo de nombre Remismundo destruyó la ciudad (no sería demasiado grande). Pasados unos 250 años, a un moro hijo de Muza, llamado Abdelaziz, también le dio por destruir la ciudad (de nuevo faltan datos sobre si el puente sufrió daños, pero dicen los libros que la ciudad quedó destruida “hasta el suelo”... ¡bueno! lo dicen en latín, pero se entiende).

Los normandos debieron pensar que era un deporte eso de destruir Ourense y en el 970 se dieron una vuelta por aquí y tiraron unas cuantas casas. Fue la expedición de un “bárbaro” de nombre Gudroed. El caso es que este buen hombre tuvo el “privilegio” de comenzar una serie de “agradables” visitas: solamente 27 años después de su llegada, un señor de los de alfanje a la cintura con el conocido nombre de Almanzor se apropió de la ciudad. A los vikingos no debió hacerles mucha gracia saber que otros terminaban de limpiar el hueso que ellos habían dejado, y a bordo de sus drakar remontaron el Miño llegando hasta Ribas de Sil. Ourense estaba tan esquilmado que ya les bastaba con parar un momento; el líder de aquellas huestes seguro que era un gigantón de melenas rubias de nombre Olaf y apellido con cuatro consonantes seguidas: Haraldsson.

Circa 1898. Foto Martiño.
Circa 1898. Foto Martiño.

A partir de aquí, los extranjeros dejaron de interesarse por destrozarnos la ciudad y cedieron ese privilegio a los vecinos nacionales; el caso es que ese momento es en el que sabemos que, “solo o en compañía de otros”, cedió el arco central y volvieron a ponerse de moda las barcas para pasar el río desde Canedo.

Ahí encajaría la restauración del obispo Lorenzo, y una de las más efectivas, realizada en el siglo XVII (1667) bajo la dirección del arquitecto Melchor de Velasco. En medio quedan la destrucción de 1432 y la de 1527, entre otras, ambas de resultados deplorables, aunque el esfuerzo económico de los ourensanos, y gallegos en general, fue grande.

Ya puestos, deberíamos contar lo de las torres que tuvo a modo de puerta de vigilancia y recaudación. La primera que he conseguido datar se remonta al siglo XIV, aunque extraño sería que no hubiera otra con anterioridad. Esta se conocía como Torre Vieja y fue sustituida por otra en el siglo XVI. Las dos estaban en la parte de Ourense, y se supone que es la que aparece en el escudo de la ciudad.

Por aquello de la defensa y algo de simetría, en las primeras décadas del siglo XIX se levanta otra en el lado de Canedo, pero cuando rematan las Guerras Carlistas (1839) se decide eliminarlas. Por un lado, el peso podría ser excesivo y, por otro, la carretera Vigo-Villacastín pedía amplitud para la circulación (de aquellas los carros de bueyes eran muy anchos).

Foto del archivo de la COTOP que muestra el estado del puente antes de una de sus últimas reparaciones.
Foto del archivo de la COTOP que muestra el estado del puente antes de una de sus últimas reparaciones.

Hoy el puente por fin parece que no corre riesgos. Se ha prohibido definitivamente el paso de vehículos y, aunque en ocasiones se retrasa la limpieza de vegetación no deseada, se le ve buen aspecto y por la noche con la iluminación se ve espectacular.

Existen varios trabajos sobre el puente: “El Puente de Orense”, de Benito Fernández Alonso; “El Puente Romano de Orense”, de Manuel Chamoso Lamas, y el último que conozco, un trabajo interesantísimo y casi se podría decir que definitivo realizado por Juan Carlos Rivas Fernandez-Xesta: “A Ponte Maior de Ourense: El puente romano-medieval, la razón de ser de una ciudad”.

Si de verdad queréis conocer la historia de nuestra Ponte en ellos la encontraréis. Yo únicamente he intentado contárosla en plan resumido y ameno, ojalá paséis un momento relajado al lado de nuestra vieja Ponte…

He omitido del listado de nuestros visitantes a franceses e ingleses, porque estos preferían llevarse “cositas”, en vez de destruir. (Aunque cuentan las crónicas que no tenían inconveniente en guardar sus caballerías en las celdas de los monjes del convento de Santo Domingo, cierto es que seguramente no eran muy lujosas, pero seguro que en su casa no lo hacían…).

Contenido patrocinado

stats