UN LUGAR DIFERENTE
El manual de longevidad de los centenarios ourensanos
Filólogo y doctor en Filosofía y Letras
¿Es compatible el insulto con la corrección?
Perfectamente. En'El gran libro de los insultos' ya escribí sobre la posibilidad de insultar con corrección, algo que tiene que ver con la oportunidad del lenguaje. Si una persona es tonta no tiene que cargar con la responsabilidad de ser cabrón, algo que sólo podrá ser si no es soltero y ha sido cornificado por su pareja legal de forma pública y notoria. Hay que ser lo suficientemente caritativos y sagaces para describir de forma correcta, ya que la virtud del insulto estriba en atinar.
¿Empleamos los insultos de forma adecuada? La corrección deja mucho que desear en nuestra lengua y con los insultos pasa lo mismo. En mi libro incluía más de 10.000 insultos, lo que significa que hay por lo menos otras tantas criaturas merecedoras de que se les diga eso. Si no atinamos con los insultos podemos ofender realmente. El insulto tiene la virtud de ser catártico, porque uno se queda a gusto, es una autodefensa para evitar que llegue la sangre al río.
¿Cuál es el insulto más raro?
Hay insultos que ya no se usan. Algunos que se emplean en toda España y otros que sólo se utilizan en un pueblo.
¿Y el más grave?
Traidor.
¿Más que hijo de puta? Sí, porque si se dice del bastardo no es insulto. También hay que tener en cuenta la gestualidad, la crispación... Insultamos con todo el cuerpo. Para elogiar no empleamos la gestualidad porque el elogio puede ser sospechoso de falsedad. El insulto es sincero.
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