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Nely Padín, presidenta de la Asociación de vecinos de Portovello, recuerda que antes del covid "venían al parque de la plaza Daniel González muchísimos niños de los alrededores, de As Lagoas, de Velle... Algún día eran cientos. ¿Y qué tienen para jugar, un tobogán o dos?". Entonces tomaba fotografías de los chiquillos que esperaban porque no tenían desde donde colgarse o tirarse y se las enviaba al Concello. "Ya está hecha desde hace tiempo la concesión para hacer un parque decente, más grande. Es un proyecto valorado en 400.000 euros y la Xunta se ofreció a poner 300.000 y que los 100.000 restantes los pagara el gobierno de Jácome", recuerda. No se volvió a saber nada. Los niños esperan sentados, uno en el tobogán rojo y otro en el azul. Del parque también preocupa una de las constantes en los barrios más desatendidos de la ciudad, los árboles cuyas ramas "ya mandaron a una persona al hospital al caerle encima. Llevan cinco años son podar", añade Padín. A ella misma, que lleva casi cuatro décadas viviendo en el barrio, desde cuando era "un monte" que se fue trabajando poco a poco, el otro día una rama le rompió el paraguas.
Otra de las denuncias vecinales afecta a la escalera que se construyó para conectar la plaza y la rúa Pablo Iglesias sorteando el desnivel. A falta de capas de pintura, el óxido se ha instalado ahí. "Tiemblo con que un día se resbale y caiga abajo una persona", asegura Padín. Además, en el camino que lleva a esta escalera no hay iluminación. "Pedí solo dos luces y me contestaron que no se pueden colocar por la falta de tendido. Dos vecinas que asistían a la clase de manualidades en la asociación (a las 19,00 de la tarde) dejaron de venir porque les daba miedo al hacerse de noche", lamenta.
En el barrio, que lleva su nombre por el paso elevado desde el que se podía cruzar el Miño a pie, resiste uno de los árboles más nobles de la ciudad, un alcornoque que mereció una placa. En ella aparecen los nombres de la ourensana Elena Espinosa, ministra durante el gobierno de Zapatero, el ex alcalde Francisco Rodríguez y Odile Rodríguez de la Fuente, hija del conocido naturalista.
Cada año supone un anillo en el tronco del alcornoque y su base ya es tan inmensa que si el gobierno municipal se abrazara a él seguro que no podría rodearlo. "Había uno aún más grande que se cargaron al construir el colegio", recuerda el párroco antes de entrar a la iglesia de Portovello para preparar la misa de la tarde.
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