Pepe Rodríguez López: empresario y alma grande

OBITUARIO

Incansable, adicto al trabajo y con innatas dotes de organización, levantó un formidable grupo empresarial que convirtió al nombre de Rodríguez López en sinónimo de vehículos especiales, llegando a situarlo como primer productor español de ambulancias

Publicado: 14 ene 2019 - 09:05 Actualizado: 16 ene 2019 - 00:13
Pepe Rodríguez.
Pepe Rodríguez.

Cloto, Láquesis y Átropos eran las tres Moiras que -según los griegos- medían, hilaban y cortaban el destino de los hombres desde su nacimiento hasta más allá de su muerte.

En el Ourense rural de 1960 -la hoy añorada Arcadia poblacional de 495.000 habitantes- una intensa red de transporte comarcal hilaba la vida de los industriosos gallegos sureños que se desperezaban de la miseria de posguerra. El autobús conocido como “La Rubia”, apenas un Ford T expandido con tablones, cosía las rutas desde Xinzo a Ourense, pasando por Allariz, mientras que otros como los de la Empresa Purrela, en una imagen que evoca la India colonial, agolpaban pasajeros y mercancías en el techo, y compartían la plataforma con "porquiños" y cabras camino de las ferias ourensanas.

Cuenta Carlos Casares que los autobuses de la Empresa Purrela estaban fabricados con restos de coches militares de la Guerra Civil, ensamblados con piezas y refugallos inservibles que funcionaban gracias, entre otros, a los milagros de la virgen de Fátima. Y es que en los años 60, cuando la imagen que hoy preside su iglesia en O Couto llegó desde Portugal a Ourense -aseguraba Casares- lo hizo compartiendo su misma caja con el motor que se emplearía para mover una de las unidades de la Empresa Purrela, en un magnifico caso de "santo" contrabando.

Exactamente en el mismo año de 1960, un chaval de 14 años comenzó a trabajar de chapista en Carrocerías Pérez. Se llamaba José Enrique Rodríguez López (13-3-1946, 13-1-2019) y tenía una habilidad especial para el aprendizaje mecánico y una voluntad de aprender más dura que la chapa de carrocero, que tan dúctil habría de volverse entre sus manos durante las próximas décadas.

Él no lo sabía, pero las Moiras le estaban preparando un destino tanto o más glorioso que a la figura que por entonces era ídolo y referente en los talleres ourensanos: Eduardo Barreiros. Mientras que el que acabaría siendo socio de Chrysler España comenzaba a fabricar tractores asociado con la alemana Hanomag, José Enrique, Pepe para todos, aprendía los fundamentos técnicos con los que, más tarde, modelaría y daría forma por fuera a la segunda generación de autobuses que desplazarían a todos los ourensanos por la concurrida red provincial.

En 1973, creó su primera sociedad de carrozado de vehículos, y a fuerza de trabajo y tesón –“nunca digo que algo non se pode facer”, me confesó una vez como lema personal- se convirtió en modisto de autobuses y vehículos especiales, midiendo, tejiendo y cortando a medida el destino de las empresas de transporte local. En 1976 creó ya su marca definitiva, Carrocerías Rodríguez López. Gracias a ella, empresas como Mangana, Pereira, González, Auto Industrial y un largo etcétera circularon con sus vehículos cosiendo entre parada y parada la vida de miles de gallegos.

Incansable, adicto al trabajo y con innatas dotes de organización, levantó un formidable grupo empresarial que convirtió al nombre de Rodríguez López en sinónimo de vehículos especiales, llegando a situarlo como primer productor español de ambulancias. Con casi 200 empleados, su empresa del Polígono de San Cibrán fue una locomotora que volvió a contribuir a coser la economía ourensana en el nuevo siglo, como sus autobuses habían cosido las rutas de la provincia en el pasado. Mientras tanto, campechano y vivamente inteligente, él prefería el ciclomotor para desplazarse por sus instalaciones.

¿Su secreto? Un alma enorme, más grande si cabe que su sonrisa franca y su abrazo fácil. Su dedicación constante le llevó, como a Orson Welles en "Ciudadano Kane", trasladar su casa para vivir en su empresa, literalmente en la Calle 6 del Polígono de San Cibrán, en un intento más bien de meterse la empresa dentro y bombearla directamente con su corazón. Y esto pese al amor por su rincón querido, Confurco, donde albergaba el secreto de su churrasquero y cultivaba el amor por sus amigos y los cantos de taberna. Era el descanso del guerrero, descanso de las luchas diarias en las que siempre contó con el apoyo imprescindible, colosal, de su binomio, su esposa Celia, y sus hijos y continuadores, Óscar y José Enrique.

A Gandhi el pueblo de la India le llamo "mahatma" (alma grande) porque con el ejemplo de su sencillez provocó enormes cambios históricos en su país. Pepe, que nació en el Ourense de los autobuses con pasajeros en el techo, al modo hindú, se marcha dejando una provincia que alberga la mejor planta de carrozaje especializado de España, y habiendo provocando cambios reales en la economía de su entorno. Y no es exageración: si todas las ambulancias de Rodríguez López parasen hoy, provocarían una crisis sanitaria en toda Europa, Reino Unido incluido.

Átropos, la Moira que corta el hilo de la vida, harta de que las UVI móviles de tecnología punta de Pepe le hurtasen clientes por toda Europa, decidió actuar ayer. Lo visitó en el Ourense que él -mucho más que otros con mayores oropeles- había contribuido a tejer y desarrollar, y consiguió cortar el hilo de la vida de este “mahatma” con el alma tan grande que harían falta todas sus ambulancias para transportarla al cielo. Buen viaje, Pepe, nunca te olvidaremos.

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