El periodismo ourensano del primer tercio del siglo XX

TRIBUNA

Francisco Lorenzo Amil, licenciado en Filosofía y en Xeografía e Historia, profundiza en el periodismo ourensano del primer tercio del siglo XX

Asociación de la Prensa en Orense en 1930. De pie, segundo por la derecha, José Fernández Gallego, director de La Región. De pie, el primero por la izquierda, Requejo, director de La Zarpa.
Asociación de la Prensa en Orense en 1930. De pie, segundo por la derecha, José Fernández Gallego, director de La Región. De pie, el primero por la izquierda, Requejo, director de La Zarpa. | Francisco Lorenzo Amil

El periodismo vive, en la ciudad de Ourense, una etapa de continuidad en el primer tercio del siglo XX. Arrastra viejas costumbres. Hay variedad de publicaciones, pero están muy lejos de poder imitar el modelo anglosajón de la prensa de masas. Tampoco quienes las dirigen o colaboran en ellas lo ven factible. Algo estaba cambiando, sí. Mismo conocían, a través de colaboradores como Álvarez Limeses -corresponsal en Ourense, de La Correspondencia de España-, lo que suponía formar parte de la prensa industrial. Pero aquí, en la ciudad de las Burgas, las tiradas tenían una escasa difusión. La urbanización aún era precaria y la prensa, más que un negocio rentable era una apuesta personal de quien defendía un ideario. Seguía circunscrita al servicio de un credo, de una ideología o de una personalidad política. Muchos directores como Francisco Álvarez Novoa, Lamas Carvajal, o el propio Ginzo Soto, ya habían participado en iniciativas periodísticas en la centuria pasada y sabían la dificultad que suponía publicar cada día. El director de La Zarpa, Basilio Álvarez -cura de Beiro-, por ejemplo, a pesar de llegar a un pacto de no agresión con el gobierno del Directorio, y de convertir el diario agrario, en la mayor tirada de la capital, quedaba empeñado en 18.000 duros.

Grupo de periodistas. El primero comenzando por la izq., Ameijeiras, director de Ecos de Orense.
Grupo de periodistas. El primero comenzando por la izq., Ameijeiras, director de Ecos de Orense. | Francisco Lorenzo Amil

Aun así, desde inicios del XX el número de publicaciones no dejó de incrementarse. El cura de Beiro dirigía en 1900, con el pseudónimo Silvio Álvarez, el semanario La Galerna. Luego, aparecieron: en 1902, El Magisterio Ourensano; al año siguiente Auriabella -un número único- y La República, dirigido por Julio Amor; en 1906 aparece el satírico Bombo, que rivaliza, en 1910, con el republicano Orense Nuevo. Fue en este mismo año cuando se publicó también La Democracia, Ecos de Ourense -dirigido por Biempica-, El Radical -jaimista, bajo la dirección de José Fernández Gallego, primero, y a continuación de Ginzo Soto-, o el diario La Región que el 15 de febrero saca el primer número tras adquirir los talleres del desaparecido El Heraldo Gallego.

Al año siguiente surge Vértigo y, a continuación, Magisterio y Escuela que deja de publicar en 1913, al igual que El Miño. La estadística -realizada en 1913, 1920 y 1927- de la prensa diaria gallega recoge que, en Ourense, El Miño tenía una tirada de 2.500 ejemplares; la recién nacida La Región, de 2.000; Heraldo de Galicia, 3.000; El Diario de Orense, de 2,200, y La Zarpa, de 3.200. Liberales y conservadores capitalizan el panorama periodístico hasta 1920. Pese a todo, los primeros, como La Voz Pública, de Francisco Álvarez Novoa, o La Ciudad -semanario mordaz con la política local- e incluso Heraldo de Galicia que, fundado por Adolfo Merelles en 1913, registraba la mayor tirada, sufren la crisis de los partidos de turno. Desaparecen. Por el contrario, los segundos, como El Diario de Ourense, ligado al partido conservador, se consolidan al cobijo del Directorio.

Comisión de la Prensa en 1926, depositando una corona en la tumba de Curros Enríquez.
Comisión de la Prensa en 1926, depositando una corona en la tumba de Curros Enríquez. | Francisco Lorenzo Amil

Otra de cariz literario, como La Centuria, nacida en 1917, editada por Vicente Risco y Arturo Noguerol, a pesar de su corto recorrido, es el precedente de Nós. La publicación con carácter mensual, lanzada en los primeros años desde el taller de impresión de La Región, antes de tener un paso fugaz por Pontevedra, para asentarse en A Coruña, estaba llamada a ser la revista publicada en gallego con más impacto en el panorama cultural de Galicia. Por contra, cesan otras cabeceras como El Defensor Gallego, con el que colabora Risco, o la tercera vida de O Tío Marcos d’a Portela. Y, coincidiendo con la desaparición de esta última publicación, Basilio Álvarez, después de editar La Raza, funda, en 1921, La Zarpa, que se convierte en el diario de los agrarios.

Ginzo Soto. Foto de 1927. Portada de revista nº 13.
Ginzo Soto. Foto de 1927. Portada de revista nº 13. | Francisco Lorenzo Amil.

Era un dardo que abogaba por un cambio social sereno. Una guerra, la de Marruecos, impulsaba su tirada, gracias a las crónicas que enviaba desde África Xosé Ramón Fernández Oxea -Ben Cho Shey-, y otra la Guerra Civil; luego, truncaba definitivamente su difusión. Otro tanto les sucedió a publicaciones fundadas en los años veinte como Nós, El Maestro Orensano o Escuela de Trabajo, o a diarios como El Heraldo Orensano o Espartaco, e incluso, Galicia, un diario vinculado al ideario de Calvo Sotelo. Suspenden sus ediciones. Pronto, desde febrero de 1937 en los mismos talleres de La Zarpa comienza a publicar Rumbo -un diario de la Falange-, y, en unos meses, tras su cese el 21 de octubre, su lugar lo ocupa otro matinal, Arco, editado en las linotipias de Galicia.

La redacción de El Miño. Foto de Magnesio Sola, 1910.
La redacción de El Miño. Foto de Magnesio Sola, 1910. | Francisco Lorenzo Amil.

Ni a la intelectualidad le había sorprendido que la llegada de Miguel Primo de Rivera modelase los quehaceres de la comunicación social. El presidente del Directorio sabía que la información periodística jugaba un papel relevante en la formación de la opinión pública. Resquebrajada la vieja política de turno y desaparecidas las publicaciones que antaño se vinculaban a los partidos, aprovechó la coyuntura para convertir en aliados a rotativos, supuestamente, opuestos como La Zarpa -en el que se agazapan liberales radicales, republicanos o nacionalistas-, o a los autodenominados independientes, como La Región. El éxito residió en que muchos de los actores, sobre todo en provincias, como Ginzo Soto -alcalde de Ourense-, o Basilio Álvarez -hijo adoptivo de la ciudad-, formaban parte del engranaje de la Administración. Con posterioridad, el franquismo va más allá, no solo se adueñó de la prensa para su provecho personal -como Primo de Rivera-, sino que, además, la despojó de su esencia, para ponerla al servicio del régimen.

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