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Juanma, valenciano, tiene la guitarra aparcada. Se queja de la misma “normativa” que una calle más allá impide tocar a Manuel. Antes en el Paseo sonaban algunos riffs y había quien se animaba un poco más a soltar la calderilla. Sin embargo, la vigilante Policía Local solo permite a este hombre pedir limosna. “Si toco me echan de aquí. Antes éramos más músicos, ahora ya no se escucha al saxofonista ni al resto”, dice el hombre.
“Tengo que pedir para salir adelante, la falta de trabajo no me deja más remedio”, explica. “Di muchas vueltas por el mundo pero acabé en Ourense porque me ofrecieron un trabajo”, relata. Era de chatarrero pero cuando llegó al puesto de trabajo descubrió que no era lo que parecía. “No me pagaban lo que habíamos acordado”, dice. Esto ocurrió 14 años atrás, desde entonces Juanma permanece en las calles de la ciudad de As Burgas.
En su caso, el dinero que gana en la calle no le llega para vivir, pero cobra una “pequeña pensión” con la que paga el alquiler.
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