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FIESTAS DE OURENSE
32 grados. 22:30 horas en Ourense. Noche de San Juán. Los primeros acordes de la batería y el bajo de la banda de Andrés Suárez calentaron más la Plaza Mayor. Sí, más. El calor volcánico de la céntrica plaza ourensana subía por la planta de los pies hasta la pantorrilla. La cerveza se acababa en los bares y las aguas refrescaban las gargantas antes de recibir los primeros temas del ferrolano Andrés Suárez.
Cada concierto del de Pantín es único. Cada momento una historia, cada minuto un pensamiento. "Desde una ventana" (su nuevo álbum) cantó "Que levante la mano" para abrir un concierto sensacional para ver cuánta gente estaba. Mucha, demasiada. Como el calor. Todos se contagiaron de "Ahí va la niña". Rápida, precisa, contagiosa para mover el cuerpo y para sentir la melena al viento.
Tras confesar algún rincón de su pasado, salió Cristina Pato. La ourensana deleitó a todos con su gaita y la sintonía con la banda. Jóvenes y adultos saltaron ante los acordes que salían del escenario. Manos en alto ante el escepticismo de algunos, que después sintieron el ritmo.
Andrés Suárez cambió de guitarra y se aclaró la voz con un trago de Estrella Galicia. Presume hasta en eso de la tierra. Mientras tocaba los acordes de "Vuelve" la plaza entonó la canción. No hizo falta que se acercara al micro. Ahora, iba a ser Ourense la que sorprendiera al ferrolano en una noche muy especial para él. "Joder, gracias, de verdad", llegó a soltar por el micro.
Cristina Pato volvió a salir para lucirse al piano y Andrés para perder casi la voz en una de las odas al gallego. Tras ese momento llegó el "el Vals para olvidarte" que tanto marcó al ferrolano y la plaza entera dijo adiós al desamor y recogió con "El corazón me arde" las últimas huellas que el ferrolano dejó en Ourense.
La Muiñeira y Traio unha borracheira reflejaron a los demás grupos de la banda lo que significa Ourense. Calor meteorológico, pero humano también. Una noche en la que no hizo falta hoguera para sudar ni excusa para saltar y cantar. Faltó "Rosa y Manuel", pero otra vez será. La noche fue mágica, el calor (casi) insoportable y la huella de la música gallega imborrable.
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