GUERRA POLÍTICA LOCAL
Taboadela y Barbadás chocan tras un obradoiro frustrado
"Gárdame un polbo para o mediodía", le decían ayer a Julio Álvarez, y él sonreía: "Estas últimas semanas non se vía unha alma na Valenzá, pero isto é outra cousa, hoxe hai vida!", celebra. El hombre que le ha encargado la ración, explica Álvarez, es de Toén, y no había venido desde la entrada en vigor de las restricciones.
"Notouse nas vendas, perdín ata un 40%", lamenta el pulpeiro. Su pequeña carpa era uno de los muchos negocios que ayer revivían a lo largo de la avenida Celanova.
Era la primera jornada en que Barbadás recobraba un vínculo vital: la relajación de las restricciones de movilidad permitía por fin el paso libre entre este concello y la ciudad, dos núcleos unidos de forma natural. "Muchos de nuestros clientes son de la ciudad", explica Thomas Hubie, que lleva el autolavado El Pulpo. Hubie enseña el calendario de citas de la semana pasada -apenas algunos nombres dispersos por el papel- y el de estos días, lleno de reservas. "Cuanto más abiertos, ¡mejor!", insiste.
También da servicio a muchos vecinos de la ciudad Álvaro Rodríguez, dueño del taller Altamira. ¿Comparte la sensación de que la calle ha vuelto a la vida? "Non é a sensación, son os cartos! Levamos un mes que non faciamos nada, e desde que avisaron que abrían empezamos a ter chamadas". Coincide Mª Inés Araújo, de la tienda de moda Brother: "Os da Valenzá, compran ben, pero necesitamos máis xente, non só a do barrio", destaca.
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