La Xunta ofrece ayudas a los pubs por no abrir hasta el 2

Lucha contra el coronavirus

Los locales de ocio nocturnorecibirán a partir de 2.500 euros como compensación por el cierre

Un local de ocio nocturno.
Un local de ocio nocturno.

La fiesta de Fin de Año se desmorona en la ciudad ante las nuevas restricciones de la Xunta. Lo mismo ocurre con las noches posteriores, que serán mucho más cortas que este otoño. Las nuevas medidas solo permiten abrir el ocio nocturno hasta las 3 de la madrugada entre el 30 de diciembre y el 18 de enero. Esta es la norma salvo si aceptan las ayudas de 2.500 hasta 45.000 euros que ofrece la Xunta, que acarrean la condición de no abrir antes del día 2. Las fiestas privadas, por otra parte, encontrarán menos barreras para celebrarse, dado que la normativa no alude a las reuniones en el interior de las viviendas.

Los pubs ourensanos muestran indignación ante la normativa y, aunque alguno abrirá sus puertas, la mayoría caerá rendido ante las ayudas que les ofrecen por no hacerlo. De las tres discotecas que tenían fiestas organizadas, la sala Capital decidió que permanecerá cerrada, ya que al tener 510 metros cuadrados podría ganar cerca de 14.000 euros. El sótano Primera Hora, que ya había vendido la mitad de las entradas, reducirá el precio de las mismas a 20 euros (con barra libre) y abrirá hasta las 3, el horario máximo permitido. Por otra parte, la Luxus decidirá a lo largo del día de hoy qué hará, ya que estudia si cerrará o abrirá hasta las 3 de la madrugada y el día 1 también por la tarde.

El resto del grueso del ocio nocturno se enciende contra las medidas. Desde el pub La Chica de Ayer, su propietario Serafín Rodríguez afirma que está “harto”. Tilda de “absurdo” que hasta el 18 de enero tengan que cerrar a las tres: “Ya llevamos dos años así, este año hay menos hospitalizados, ¿y nos ponen las mismas medidas que en 2020?”, explica. “Para mí la situación es dantesca, dan ganas de irse a Madrid. Ayuso sí, Feijóo no”. Por su parte Pablo Fagilde, del Patio Andaluz, critica que las restricciones lleguen “tarde y mal”, con poco margen para decidir sobre Nochevieja y tras haber estado un mes en espera.

Carlos Murias, del Jato Nejro, afirma que las medidas son “ilóxicas”. “Podemos estar ata as 2,59 con quen queiras e un minuto mais tarde teste que disolver? Non ten sentido ningún, é de frenopático”, opina y lamenta que “unha vez mais o noso sector sexa o perxudicado, só queda esperar que en 2022 se impoña o sentido común”.

El presidente de la Federación de Empresarios de Salas de Fiesta, Baile y Discotecas (FESDIGA), Samuel Pousada, afirma que este Fin de Año habrá como mínimo 100 guateques ilegales en Ourense, aunque dadas estas medidas señala que podrían multiplicarse por cuatro o cinco y producirse alrededor de 500.

Para Pousada, “con esto acaban de dar vía libre al descontrol, al botellón masivo y a la multiplicación por cinco de las fiestas privadas, la gente no se va a quedar en casa”. Cree que “con este cierre y las opciones que quedan, los contagios se van a multiplicar”.

Con Ayuso

A modo irónico, Pousada propone el intercambio de Comesaña y Feijóo por Isabel Díaz Ayuso: “Parece que es más razonable porque no han medido las pérdidas millonarias que tendrán los pubs”. No solo señala las pérdidas por no sumar más ingresos, sino también “por la gente que ya se había contratado, las entradas y los suministros que se habían encargado”, critica.

Tras las uvas, se podrá estar una hora en las fiestas de los restaurantes

Los restaurantes también tendrán que cambiar sus horarios, sin embargo, no se verán tan afectados como los pubs. A partir de ahora, cerrarán a las 12,00 horas entre semana y a la 1 los sábados y domingos.

La peor parte se la llevan los habilitados para celebrar fiesta tras la cena: “Casi seguro que tendremos anulaciones, sobre todo en los locales en los que teníamos prevista fiesta y cotillón”, señalan desde el Barazal, en Maside. Sin embargo, en los restaurantes el Fin de Año no será muy diferente porque “da tiempo a tomar las uvas y tomar copas una hora después”, señala Carlos Fernández, propietario del establecimiento.

Desde el San Miguel, en la ciudad, se muestran poco preocupados y también esperan que las cancelaciones sean mínimas. Aún así, todavía no abrieron sus puertas y no saben qué puede pasar.

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