El arte de identificar las causas perdidas

LOS LIBROS QUE LEO

El arte de identificar las causas perdidas.
El arte de identificar las causas perdidas.

Una guerra no termina con sus últimos disparos, sino mucho más tarde, tal vez con la desaparición del último que pudiera recordarla. Esta pudiera ser una de las tantas verdades que emerge a la superficie una vez que llegamos al final de El informe de Brodeck, de Philippe Claudel, la novela probablemente más desgarradora y lúcida que tenga leída este servidor sobre cualquier posguerra.

Se trata de un libro contraindicado para optimistas adictos al pensamiento positivo o los eslóganes de autoayuda. En sus cuarenta capítulos se estira un acordeón de historias que giran en torno a un asesinato colectivo en la tarberna Schloss. La víctima es Der Anderer, figura casi mesiánica y, a la vez, profundamente humana.

Su silencio no es una falta de palabras, sino una renuncia a participar en el lenguaje corrupto de la guerra. Funciona como un espejo: su mera presencia y su arte de retratar a través del dibujo la miseria moral de sus vecinos, fuerzan a los aldeanos a enfrentarse a sus actos pasados. Su ejecución es el intento desesperado del pueblo por “romper el espejo” y recuperar una inocencia que ya han perdido para siempre.

Es este el punto donde el autor enuncia que en cualquier grupo humano dominado por las complicidades en el horror, quien señala y denuncia se convierte en una figura indeseable, en el candidato ideal para el aborrecimiento y la extirpación definitiva.

Esas preguntas orbitan en torno a la identidad personal, e impugnan nuestra necesidad compulsiva de hallar justicia

El autor nos dice sin decirlo: estas mismas cosas suceden en el plano de las historias familiares donde la sensibilidad y el talento terminan convirtiéndose en atributos de disidencia y sospecha. El propio Brodeck, según verá el lector, se va convirtiendo en un testigo marginal atrapado en el dilema de ser un guardián de la memoria en una sociedad que premia el olvido.

Por otro lado, me ha parecido un ejercicio maestro la ambientación de la aldea, ese pueblo sin nombre aislado en las montañas que funciona como un laboratorio de la naturaleza humana. Sus calles estrechas y sus casas cerradas simbolizan la mentalidad de una comunidad que se repliega sobre sí misma frente a cualquier influencia externa.

El informe de Brodeck está muy lejos de ser una novela amable o complaciente. Es el tipo de libro que perturba la lisura de las almohadas porque nadie sensato, después de leer al menos un par de capítulos puede irse a la cama y dormir profundamente, sin hacerse preguntas que por trascendentales, resultan a la larga incómodas.

Esas preguntas orbitan en torno a la identidad personal, e impugnan nuestra necesidad compulsiva de hallar justicia. Muchas veces no hay una justicia que podamos presenciar, y tal vez querer verla cumplida se convierte para nosotros en un motivo de desgaste y oscurecimiento. A eso me ha enseñado Philippe Claudel en esta ocasión; a identificar las causas perdidas, y mantener con decoro, mi sensibilidad a salvo.

Por sus obras los conoceréis…

Philippe Claudel (1962) es uno de los escritores franceses más prestigiosos de hoy. Ganador del Renaudot y del Premio de los Lectores por su aclamada novela “Almas grises”. Su obra, marcada por la exploración de la condición humana, ha sido traducida a más de 30 idiomas.

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