La chica del parque y los versos

LEER ES UN PLACER

Poesía Completa de Jorge Luis Borges, publicada por Alfaguara
Poesía Completa de Jorge Luis Borges, publicada por Alfaguara

Incluso los cerebros más rebeldes e iconoclastas funcionan estimulados por la acupuntura de los aniversarios cerrados. No os exagero si os confieso que el pasado 14 de junio, apenas apagué la alarma en la mañana, tuve el primer pensamiento consciente del día: “Cuarenta años sin Borges”.

Una vez de pie, tal y como aconsejara cierto poeta peruano, ya tenía el alma puesta en el cuerpo, pero no como un traje sino como un ligero albornoz de verano. Me preparé el café pensando en Borges, no como quien repara en una voz distante y ajena, sino más bien como alguien que ejerce la gratitud por un acompañamiento que alguna vez le fue concedido. Y que no se va, que está ahí como esas energías familiares que no nos abandonan.

Jorge Luis Borges fue mi primer presentimiento de que hay algo en la literatura levemente sobrehumano

Esto lo comprenderéis mejor si os digo que Jorge Luis Borges fue mi primer presentimiento de que hay algo en la literatura levemente sobrehumano y secreto que puede justificar la necesaria intrascendencia a la que estamos todos sometidos. Borges primero fue poeta, un poeta que aún en sus primeras tartamudeces demostró la existencia de una realidad cotidiana y a la vez hermética, que solo puede revelarse para nosotros si renunciamos a la prisa y entramos en el misterio de la contemplación; estado de serenidad acaso más difícil de conseguir hoy que el propio dinero, pero creedme si os digo que de esa serenidad se desprende todo lo que podríamos considerar bueno y necesario.

Mi primer contacto con los versos de Borges fue a través de una antología preparada por Alianza Editorial que agrupaba poemas suyos publicados entre 1923 y 1977. Me los recomendó una muchacha que durante ciertas tardes solía prestarme sus muslos como almohada en la intimidad concurrida de un parque. Yo le leía poemas que parecía haberlos inspirado ella, y ella me recomendaba otros que parecían cortados a la medida de mi futura soledad.

Desapareció la muchacha como esa “cierva blanca de un sueño”, pero me quedó Borges para decirme que la poesía está ahí, incluso en lo pobre, en lo común, en lo trivial.

Ahora, con esta edición de Alfaguara de su “Poesía completa” (2026) redescubro un misterio renovado, me encuentro por primera vez cara a cara con poemas que normalmente desaparecen en los repliegues de las antologías.

No son poemas los que leo, son lugares que revisito. Vuelven los crepúsculos y las auroras, los laberintos y las calles de tapias bajas que me traen de vuelta a la ciudad de mi nacimiento.

El libro está en mi mesilla de noche y la lámpara explaya una luz discreta en la cubierta. Lo abro al azar, y la uña de mi índice se queda anclada en un verso: “Nuestras son las mujeres que nos dejaron/ ya no sujetos a la víspera que es zozobra/ y a las alarmas y terrores de la esperanza”. Gracias Borges, la chica del parque ha vuelto. Su cabellera de miel esquiva se derrama ahora como antaño sobre mis piernas, mientras lee ese verso tuyo que acabas de prestarme.

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