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Fue el gesto más repetido en el partido Ourense CF-Rayo Cantabria. Los aficionados que llegaban al estadio de O Couto buscaban con ansia un papel de cualquier tipo y condición para limpiar (o intentarlo al menos) su asiento. Un detalle mínimo que ejemplifica una dejadez máxima. Y es que, a punto de cumplir 75 años, el campo de los campos ourensanos es una ruina. Lo sigue siendo. Por dentro y por fuera. Y lo peor es que no es nada nuevo y las soluciones, por retrasos, están haciendo que la situación se agrave.
Los parches no han podido solucionar un mal endémico. Del año 2015 al 2019 la Xunta de Galicia, a través de la Secretaría Xeral para o Deporte, invirtió 450.033 euros en el recinto. En febrero de 2020, el diario La Región pasaba revista sobre el terreno a un estadio que no lucía ni un céntimo de esa inversión. La pandemia paralizó la actuación estructural tan comprometida como demandada. Pero acabó llegando. Al menos el anuncio. Hace justo un año, en septiembre de 2021, se presentaba la reforma que iba a poner fin a las deficiencias. Los números hablaban por sí mismos: un presupuesto de 2,6 millones de euros, un plazo de ejecución de siete meses, remodelación exterior e interior y cerca de 700.000 euros para la sustitución del terreno de juego. Un cambio de “verde” que las autoridades confiaban en comenzar en mayo de 2022. Ni rastro. El retraso marca el presente y condiciona el futuro. La imagen de postguerra de O Couto es lo que reina ahora mismo con unas obras que intentan avanzar en muros y gradas mientras los deportistas tratan de jugar y el público de disfrutar (y no mancharse).
Asientos apilados, cestas con escombros, suciedad como seña de identidad, acceso para personas con discapacidad que han “volado”… Así está el estadio con las competiciones oficiales en marcha. Toca esperar a que se termine con el continente para meterle mano al contenido.
Y mientras el césped es escaso y está en malas condiciones. Sacar un córner puede convertirse en una odisea. Las áreas tienen un color más marrón que verde. Ni se ha puesto uno nuevo ni se ha cuidado el que ya está. Y todavía no ha llegado la época de lluvias.
No solo se trata de una cuestión estética o de “jogo bonito”. Se trata de un peligro para la integridad física de los deportistas, como ya advirtieron los entrenadores del Ourense CF y del Rayo Cantabria al término del encuentro. “Recemos para que el campo no provoque ninguna lesión grave”, lamentaba Rubén Domínguez, técnico de los ourensanos.
El palco también ha sido “víctima” del comienzo de la reforma. Una cinta acota un grupo de asientos que hace las veces de zona de recepción para los directivos visitantes. Todo en una categoría nacional que ya tiene sus galones.
O Couto sigue sufriendo y haciendo sufrir. Los clubes que en él juegan se arman de paciencia mientras piden celeridad en las obras. El fútbol entre escombros seguirá mandando durante las próximas semanas. Un futuro a medio plazo que luce oscuro, como el césped.
El 25 de junio se disputó en O Couto la final de la Copa Diputación entre el Barbadás y el Allariz. Los azulones celebraron el título sobre un césped que, sin asomarse a la perfección, presentaba unas condiciones muy dignas. No fue objeto de debate ni en la previa ni en el post partido. Todo lo contrario a su estado actual. Y no se puede achacar el cambio radical ni a las lluvias (que se dejaron ver muy poco) ni a la sobrecarga de partidos. Desde ese día tan solo se han disputado tres duelos en el recinto ourensano. Arenteiro (por obras en Espiñedo), Ourense CF y Unión Deportiva Ourense jugaron un partido por cabeza en la pretemporada. Una presentación delante de sus aficionados minimizando así el uso de la instalación para reducir posibles daños.
Este pasado domingo fue el Ourense CF el que inauguró la temporada oficial. Y este fin de semana llegará la prueba de fuego con dos partidos en menos de 24 horas. Primero la UD Ourense, después el Arenteiro. Todo en unas jornadas donde, según la previsión, la lluvia puede ir haciendo acto de presencia. Un panorama que puede dar la puntilla al terrero de juego. Y el ritmo no parará. Al siguiente fin de semana serán los de Rubén Domínguez los que se midan en casa al Compostela.
Se espera que los de Carballiño regresen a su hogar bajando un poco la “clientela” del campo, pero la situación preocupa a los dos clubes de la ciudad que tienen dudas razonables sobre cómo podrá aguantar el césped en una larga temporada que no ha hecho más que empezar.
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