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grave error defensivo
No fue ni mucho menos el debut deseado en el regreso de la Unión Deportiva Ourense a las categorías nacionales del fútbol español. Ni por el juego desplegado ni por el final del partido, cuando un doble error defensivo le condenó a una derrota ante el filial del Real Valladolid tras un partido que parecía abocado al empate sin goles inicial.
Era un día especial para la afición, directiva y plantilla de la UD Ourense y eso se respiraba en los aledaños del terreno juego antes de comenzar el encuentro. También con la afluencia del público, que fue llenando la tribuna con mayor prontitud a lo que venía siendo habitual y precisamente en el terreno de juego ya se encontró el equipo de Borja Fernández con el primer escollo: el estado del césped, muy lejos de lo ideal para la práctica del fútbol.
Y tras ver todos los condicionantes que rodearon el debut de la UD Ourense llegó el momento en el que el balón rodó lo que pudo sobre el césped y ahí comenzaron a verse las luces y sombras de un equipo, el rojillo, al que todavía le quede mucho camino que recorrer para dar su mejor imagen. Enfrente tenía un filial, pero con mucho bagaje en la categoría, que trajo bien estudiado el partido con su amplio cuerpo técnico dentro y fuera del terreno de juego, comenzando a ser la banda izquierda de la UD Ourense por donde realizaron todos sus ataques en el primer tiempo, solventando el improvisado Varo con su experiencia la compleja tarea de forma positiva.
Solo Manu Vizoso tuvo que emplearse a fondo a un remate de Carvajal a los cuatro minutos de juego y desde ese momento las escasas ocasiones llegaron del bando rojillo, que fue poco a poco controlando el juego con el excelente trabajo de Parrilla en medio campo.
Aunque junto a Parrilla uno de los destacados del bando unionista fue Rufo, pero más por su trabajo y lectura del juego generando en posiciones alejadas al área y de espaldas al juego. Con una jugada suya, Santi de Prado en su regreso a O Couto, tuvo la primera ocasión a los diez minutos que se fue alto. Solo diez minutos después sería un robo de Varo y el que asiste tirado a bando sería Rufo para que Jaichenco no acierte en el remate final. Y hasta aquí llegaría el bagaje ofensivo de ambos equipos en todo el primer tiempo en un claro partido de empate y con un ritmo de juego lento, mediatizado quizás por el terreno de juego.
En el segundo tiempo llevó más el control el equipo que entrena Borja Fernández mientras el filial vallisoletano se echó más atrás cerrando huecos y con el paso de los minutos y las expulsiones todavía acentuó más su planteamiento. Los cambios revolucionaron algo el partido sobre todo con la entrada de Justino, que fue como siempre el mayor estilete y el más incisivo en el ataque rojillo. Tuvo además una ocasión en la que el remate final no encontró portería ni tampoco Jaichenco en el remate después de que se produjera el rechace defensivo.
El Real Valladolid se quedó con diez jugadores y el conjunto rojillo consiguió realizar uno de los escasos centros laterales encontrando la cabeza de Jaichenco en área pequeña, pero sin acierto en el remate y ahí se acabó el bagaje ofensivo del segundo tiempo para los locales. Llegó en el último minuto la expulsión de Manu y eso quizás influyó en el desconcierto en los minutos de descuento en los que tras un centro sin apenas peligro desde banda izquierda ni Labrada ni Pol Bueso logran despejar y dejan para que Hugo San en el área sin oposición ante Manu Vizoso lo bata con un remate bajo cruzado llevando la desolación y la incredulidad a las gradas y a los jugadores sobre el terreno de juego.
Un duro, triste e injusto final que ensombreció un día que se esperaba de alegría en O Couto.
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