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UN TRISTE ADIÓS
Todo Ourense lloró este miércoles, hasta el cielo. La lluvia respetó las celebraciones durante todo el fin de semana, pero no quiso perderse el "Enterro da Sardiña", ayudando a crear un ambiente más fúnebre. Bajo paraguas, los más devotos al Entroido participaron en el cortejo que recorrió algunas calles de la ciudad, desde la plaza Mayor hasta el parque de San Lázaro.
Atrás quedaron las plumas, las máscaras y los disfraces coloridos que habían llenado de festividad, ruido y alegría cada rincón de Ourense a lo largo de los últimos días; todos ellos se quedaron guardados en casa hasta el año que viene. El riguroso luto se impuso como el código de vestimenta innegociable para esta última cita. Las calles se llenaron de “viudas” desconsoladas y velos oscuros, eso sí, siempre con ese característico toque de humor, sátira e ironía que define la esencia del carnaval. Los lamentos exagerados y las lágrimas de broma arrancaban sonrisas cómplices entre los asistentes.
En medio de todo este ambiente de fingida solemnidad, la música no podía faltar. Las charangas Felga y Caña Aquí fueron las encargadas de poner la banda sonora al cortejo.
Las llamas devoraron al meco frente a la Subdelegación del Gobierno, ante la atenta mirada de docenas de personas. Los días de fiesta quedaron así reducidos a cenizas, aunque permanecerán en la memoria colectiva para siempre. Se apaga un nuevo Entroido, pero el siguiente ya ronda en la cabeza de todos los ourensanos.
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