Adiós a Aquilino Pérez Prieto: cuando el fulión de Manzaneda guarda silencio
OBITUARIO
Reme Martínez despide a Aquilino Pérez Prieto
La vida de Aquilino Pérez Prieto estuvo profundamente marcada por las personas a las que quiso y por su pueblo, Bidueira. Junto a su esposa Sofía Prieto Hervella formó una familia a la que se entregó por completo, siendo padre de Toño, Montse, Aquilino, Agustín y Sofi. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre cercano, alegre y trabajador, siempre familiar, siempre presente, siempre dispuesto a escuchar y a compartir conversación. Ese cariño sincero que sembró a lo largo de los años se hizo especialmente visible en el emotivo homenaje que recibió el pasado verano durante la I Festa da Malla en Bidueira, organizada por su familia.
Pero Aquilino también fue una de esas personas que sostienen la memoria de un lugar.
Su vida estuvo íntimamente ligada a Bidueira y a las tradiciones que dan identidad a su tierra. Desde muy pequeño encontró en el Entroido una forma de expresión y de pertenencia. Creció al ritmo del fulión, participando como mázcara y convirtiéndose con el paso del tiempo en una presencia imprescindible de esta celebración en las aldeas de la Mourela pra acá. No solo participaba: cuidaba cada detalle. Fabricaba sus propios bombos, componía versos para permisos y fuliadas y daba vida a distintos personajes en estas representaciones satíricas, algo que transmitió con pasión y cariño a sus hijos y nietos. Hasta no hace mucho tiempo seguía saliendo a tocar, siempre acompañado y protegido por su atenta familia de la que siempre estuvo rodeado.
Su conocimiento de la cultura popular iba más allá del Entroido, conservando en su memoria antiguos cantos tradicionales, como los de seitura, que compartía con generosidad participando en varios eventos de Cantar de Seitura.
Conversar con Aquilino era siempre un regalo, y hablar de las fiestas suponía abrir la puerta a versos que recitaba de memoria, como parte viva de su historia y de la de su pueblo.
Aquilino Pérez Prieto falleció a los 92 años, el domingo. Su recuerdo permanece en su familia, en los sonidos del bombo, en los versos aprendidos de oído y en la memoria colectiva de Bidueira, que lo despide con gratitud y cariño. El funeral se celebraba ayer a las cuatro y media de la tarde, en la iglesia parroquial de San Miguel de Bidueira.
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