OBITUARIO
O galeguismo de Pepe Cotarelo
OBITUARIO
Cincuenta y cinco años de profesión marcan la carrera médica de Daniel Romero, ese ginecólogo y obstetra de referencia en su tiempo juntamente con sus contemporáneos Echegoyen padre, Luis Delgado, Víctor, Raposo Picón, Relova y Michelena, todos renombrados en esta especialidad que con el nombre dejaron siendo él su postrero representante.
Daniel deja una impronta de buen compañero. Se decía de él que curaba con su sola presencia
Daniel Romero, de muy conocidas familias ourensanas en su día, de aquellas ya clásicas como los Romero y Valencia, era el cuarto de varios hermanos entre los que Carmen, en la familiaridad conocida por Nena; Alberto, José Carlos, Rafa, Juan Luis todos ellos en aquella Auria de los años 60 de mucho trato mi familia con sus padres Daniel y Carmen; ella de diario paseo hasta A Valenzá, con obligatoria parada en la casa familiar, como la recordamos, cuando aparecía de reposado paso entre aquella arboleda de robinias y plátanos, que hacía el caminar placentero por esa llamada carretera de Celanova. A Carmen Valencia, la madre, aunque señora de años, nosotros la tratábamos, por esa gran amistad entre familias, como Carmencita.
Daniel, como todos sus hermanos, cursaron carreras universitarias: el jesuita Rafa, que lo hizo en Comillas, y él, como otros dos hermanos, en la Facultad de Salamanca. Desde su licenciatura, Daniel se fue formando en diversas clínicas de la especialidad como la de la Maternidad Sta. Cristina, de Madrid, recalando en Ourense en el hospital provincial, pasando al Cristal Piñor, hoy CHUO, como jefe de sección en el departamento de Ginecología y Obstetricia con una larga experiencia, que compartió con sanatorio propio en Avenida de La Habana, compartido con el cirujano Sierra.
Daniel deja una impronta de buen compañero y recordado también por impartir conocimientos de la especialidad a los MIR durante varias promociones. Se decía de él que curaba con su sola presencia.
Hasta hace muy poco, ejerció la medicina privada en su sanatorio del que solo lo apartaron los años porque la vocación estaba ahí, lo que explica su gran longevidad laboral.
Últimamente en alguna ocasión Daniel daba para una detención de unos minutos de charla, de paso a la tertulia que mantenía, las veces que acudía a ella, con el arquitecto Javier Suances y el ingeniero forestal Eduardo Olano y otros personajes de este Ourense que va perdiendo sus tertulias con el paso de los años, aunque la de los nombrados permanece con el espíritu de siempre.
Para su viuda, Mª Dorinda, farmacéutica de la calle de Reza, y para sus hijos, María, profesora de Psicología en la Universidad de Navarra, y Daniel, farmacéutico en A Coruña, la constancia de haber tenido un marido, y padre ejemplar.
Incinerado en la familiar intimidad recordaremos a Daniel por su afabilidad, su disfrute de la vida campestre por Cachamuiña donde cultivaba flores y huerta en compañía de su esposa, llenando sus ocios este hombre que era como el paradigma de la educación respetuosa con los demás, donde no había lugar para la polémica o si esta se producía, él la atenuaba con unas maneras de las que siempre hacía gala como extensión de sus convicciones religiosas y sociales.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último