Loli, su familia y la "familia azul" que eligió

OBITUARIO

Han pasado veinte días desde que nos vimos obligados a decir adiós a Loli, en un recién estrenado año que llegaba con malas noticias. La pena nos juntó a muchos en Moreiras (Toén) para despedirla y acompañar a su familia. ¡Difícil de creer! Del profundo silencio, repleto de amor por parte de su familia, del respeto y acompañamiento sentido de sus compañeros policías nacionales venidos de Madrid y tras infinidad de gestos y miradas de incredulidad y pena, brotan ahora palabras sentidas que se quedan cortas, pero que se atropellan para reivindicar y recordar a una hija, hermana, tía, sobrina, compañera del Cuerpo y una gran amiga que tanto dio a los suyos. A Loli, con toda seguridad, le quedaba mucho más por entregar, pero en esta ocasión no pudo con el pulso que mantenía con la enfermedad y a la que en tantas ocasiones burló en el camino. Las fuerzas le fallaron después de grandes batallas. Estas son las palabras con las que Sofía y Pili, sus hermanas, le quieren recordar, así como sus amigos y compañeros de profesión en la Brigada Provincial de Información de Madrid, en el Grupo 22, dedicado a la lucha contra los Grupos Organizados Violentos Juveniles.

Publicado: 22 ene 2026 - 11:02 Actualizado: 22 ene 2026 - 11:27
Loli, la más alta al fondo y mayor de los hermanos, y Emilio, delante, junto a Sofía y Pili.
Loli, la más alta al fondo y mayor de los hermanos, y Emilio, delante, junto a Sofía y Pili. | Foto cedida por la familia.

Nuestro corazón, roto de dolor, aún no se había recuperado de la pérdida de Emilio, nuestro hermano pequeño, el 11 de julio de 2023, y el 2 de enero de 2026 perdemos a Loli, nuestra hermana mayor.

Emilio era para las tres “nuestro niño”, -siempre decían que Emilio no tenía una madre, tenía cuatro-. A Pili, a Emilio y a mi nos encantaba el fútbol, cuando yo tenía 7 años y él 5, lo cogí de la mano desde la Avda. de Portugal, -era donde vivíamos en Ourense cuando éramos pequeños-, hasta el campo de fútbol de O Couto, donde mi padre, que era policía nacional, estaba de servicio. Al llegar a puerta del campo, un compañero de mi padre nos reconoció: “Avisade ao Barandela”, que era como lo conocían en Comisaría, “que están aquí os seus fillos”

Emilio se levantaba del sofá para ir a acostarse a su lado. Pasaban mucho tiempo hablando en voz baja. Nos parecía un gesto tan bonito, que nos emocionaba escucharlos

Emilio estudió la EGB en Salesianos y mi madre siempre lo tenía que ir a buscar al colegio porque nunca llegaba a la hora, se quedaba al salir de clases en el patio jugando al fútbol y mamá acababa recogiendo por el patio, la cartera de los libros, el jersey, la cazadora…

Cuando mamá se iba a la cama y nos quedábamos todos viendo la tele, Emilio se levantaba del sofá para ir a acostarse a su lado. Pasaban mucho tiempo hablando en voz baja. Nos parecía un gesto tan bonito, que nos emocionaba escucharlos.

Cuando me contó que había conocido a una chica, -era una compañera-, mi respuesta fue que en el trabajo se conoce a gente muy interesante. Y esa compañera fue el amor de su vida, su amiga, compañera y madre de sus hijas

Emilio cumplió sus sueños. Se licenció en Psicología, una carrera que escogió por descarte, pero fue un acierto porque le encantó y se convirtió en su vocación. Ejerció como Orientador, “los psicólogos de colegio o institutos”, decía, un trabajo que le apasionaba. Cuando me contó que había conocido a una chica, -era una compañera-, mi respuesta fue que en el trabajo se conoce a gente muy interesante. Y esa compañera fue el amor de su vida, su amiga, compañera y madre de sus hijas.

Loli con su hermano Emilio.
Loli con su hermano Emilio. | Foto cedida por la familia.

Loli era una niña muy responsable, muy buena estudiante. De hecho, las monjas de las Carmelitas la adoraban. Como hermana mayor nos cuidaba y se responsabilizaba de los tres pequeños que éramos más trastes y revoltosos.

Nos pasamos la niñez y parte de la adolescencia en el pueblo, Moreiras. Loli tenía, como se dice ahora, mucho “flow”. Guapa, con estilo, elegante, con carisma... Por eso había muchos chicos del pueblo a los que les gustaba Loli. El mismo éxito tuvo en la época del instituto, -incluso llegó a ser dama de honor en las fiestas de Ourense-, en la época universitaria en Santiago y en Ourense cuando tanta diversión compartimos en los Vinos.

Loli era una persona que sabía lo que quería, con muchísima fuerza de voluntad sobre todo en los estudios y muy luchadora. Su sueño y su vocación era ser Inspectora de Policía y cumplió su sueño

Mis padres están muy orgullosos de sus cuatro hijos, pero mi padre especialmente de Loli. Estudió Derecho, carrera que tenía claro desde 2º de BUP. Era una persona que sabía lo que quería, con muchísima fuerza de voluntad sobre todo en los estudios y muy luchadora. Su sueño y su vocación era ser Inspectora de Policía y cumplió su sueño.

Pili acompañó a Loli a las pruebas físicas de para ser Policía. Preparándolas se lesionó y con una fascitis plantar muy dolorosa corrió la 3ª prueba, una carrera de 1.000 m, la más difícil de superar con esa lesión. Empezó a correr le iban adelantando y yo la animaba desde la grada. Corrió con mucho dolor toda la prueba, pero llegó a la meta dentro del tiempo, superándola. Un rasgo muy positivo de su carácter era su gran fuerza de voluntad, su determinación y una capacidad de esfuerzo llevada hasta el límite. Sofía siempre le decía: "Eres como el Lute, Camina o revienta”.

...en el Grupo de Información 22 de Bandas. Allí le protegieron, quisieron y cuidaron. Loli siempre supo hacerse a un lado para poner a los demás en el centro: a su familia, a su familia azul —la Policía— y a sus amigas y amigos. Nos entregó lo mejor de sí misma

Loli, al aprobar las oposiciones de Policía Nacional, se fue a Madrid, que se convirtió en “su ciudad”. Le apasionaba su trabajo y en Madrid formó una nueva familia con los compañeros y compañeras que fue conociendo a largo de su larga trayectoria profesional, desde la Academia de Ávila hasta la actualidad, en el Grupo de Información 22 de Bandas. Allí le protegieron, quisieron y cuidaron. Loli siempre supo hacerse a un lado para poner a los demás en el centro: a su familia, a su familia azul —la Policía— y a sus amigas y amigos. Nos entregó lo mejor de sí misma.

En poco tiempo hemos perdido a Emilio y a Loli a los que queríamos muchísimo y nos queda una profunda herida. Los llevaremos siempre en nuestro corazón, como dijimos al principio, roto de dolor.

Hablando con la psicóloga de Asociación Contra el Cáncer (AACC), en una de nuestras conversaciones le comentamos que saldríamos adelante, que poco a poco afrontaríamos este dolor. Emilio siempre pensó que, incluso en los momentos más difíciles, había que mirarlos de frente, con valentía. Ahora que Loli ya no está, afrontaremos este dolor con su misma voluntad y su determinación tranquila.

Quiero denunciar una ausencia

Por Belinda, inspectora jefa en la Brigada Provincial de Información de Madrid, en el Grupo 22, dedicado a la lucha contra los Grupos Organizados Violentos Juveniles

Estoy acostumbrada a despedirte con un hasta mañana o un hasta luego o con un nos vemos en unos días, pero no con un hasta siempre y sé que esa falta de costumbre no es un delito, pero igual, aprovechando nuestro trabajo, pueda "denunciar" tu indeseada y dura ausencia.

Cuando me plantearon el hacer una carta abierta, me dijeron de separar lo personal de lo profesional o dar una visión desde ambos puntos de vista, pero en tu caso es imposible, porque no se entiende lo uno sin lo otro, ya que amabas tu trabajo policial, me atrevería a decir, que por encima de todo; por lo que es inviable hablar de tu vida personal sin que inexorablemente vaya unida a tu vida laboral. Y ese adverbio de la línea anterior, ya da lugar a una de tus mejores virtudes, la facilidad que tenías para "unir". Tal es así, que hace justo dos años, en el veinte aniversario de la creación de nuestra especialidad, tú y solo tú hiciste posible que nos juntásemos la gran mayoría de personas que habíamos pasado por la Sección para celebrar ese hecho. Y no sólo lo digo yo, esa capacidad es tan real, que el día de tu despedida otro compañero manifestó ese poder tan tuyo, cuando expresó roto en lágrimas, "una vez más, ha conseguido unirnos a todos". 

Recuerdo a una chica joven, delgadita, de pelo largo y liso, de ojos marrones, que bromeaba con, dónde están los ojos azules de mis hermanos, y que cualquiera hubiera definido como "poquita cosa", pero que claramente se habría equivocado; porque detrás de esa primera impresión se escondía una mujer con una fuerza vital increíble, con carisma y con ganas de comerse el mundo

Los primeros recuerdos contigo se remontan al año 2004, cuando coincidimos, en esa calle Tacona de Madrid, que con el tiempo se convirtió en nuestro lugar de encuentro casi diario, nuestro lugar de risas, de complicidad, de duro trabajo, también de desencuentros, por qué no decirlo, de momentos difíciles, pero siempre con ese maravilloso sentimiento de satisfacción por el buen trabajo realizado, en definitiva, convertimos ese pequeño rincón del mundo en nuestra segunda casa, la Brigada Provincial de Información de Madrid.

Recuerdo a una chica joven, delgadita, de pelo largo y liso, de ojos marrones, que bromeaba con, dónde están los ojos azules de mis hermanos, y que cualquiera hubiera definido como "poquita cosa", pero que claramente se habría equivocado; porque detrás de esa primera impresión se escondía una mujer con una fuerza vital increíble, con carisma y con ganas de comerse el mundo. Y en aquel mismo momento, sin saberlo, pasando por la misma circunstancia desfavorable a nivel profesional pocos meses más tarde, comenzó a fraguarse lo que, con el tiempo, puedo decir muy orgullosa, se convirtió en VERDADERA AMISTAD. 

Hace casi 30 años, una persona que me ayudó mucho me dio lo que posiblemente y por sus vivencias era un buen un consejo: "Ten cuidado, que en la Policía no hay amigos". Evidentemente no debió de tener la misma suerte que tuve yo al cruzarme contigo.

Una amistad que pasó a ser "la familia que se elige" y de la que sé que estabas inmensamente orgullosa, porque no éramos una ni dos, éramos G22

Tiempo después, la vida, el devenir de nuestras propias decisiones hizo que nuestros destinos profesionales se separaran para volver a juntarnos algunos añitos después, eso sí, cada una en un ámbito distinto, pero pudiendo volver a compartir muchos momentos. Esto que mucha gente podría pensar, "con lo grande que es vuestra corporación poder volver a coincidir...", pues sí, porque la verdad es que, una vez más, tú lo hacías fácil, tú siempre permaneciste en esa que consideramos "nuestra segunda casa". Sin saberlo, eras como la increíble sensación que produce el maravilloso reencuentro de unos padres con una hija al volverse a juntar después de un largo tiempo separados por la distancia geográfica. Podías irte de la Brigada, que cuando volvías, siempre estaba por allí, para darte de nuevo la bienvenida con una sonrisa de oreja a oreja, esa gallega flaquita de la que erróneamente se podía definir como "poquita cosa".

Pero, ¡ay, amiga!, el destino, el universo, las meigas, o lo que quiera que sea, nos tenía reservada una etapa intensa para nosotras, cargada de nuevo con anécdotas, momentos de vida maravillosos, de subidas, de bajadas, de pequeños grandes éxitos, por qué no decirlo también, que permitieron que ahora ya, por fin, nuestra amistad se forjase como las espadas únicas de los grandes conquistadores, de acero "inolvidable". Una amistad que pasó a ser "la familia que se elige" y de la que sé que estabas inmensamente orgullosa, porque no éramos una ni dos, éramos G22.

Brigada Provincial de Información de Madrid, en el Grupo 22, que se dedica a la lucha contra los Grupos Organizados Violentos Juveniles.
Brigada Provincial de Información de Madrid, en el Grupo 22, que se dedica a la lucha contra los Grupos Organizados Violentos Juveniles. | Foto cedida por la familia.

A día de hoy, después de tu partida, siento un inmenso vacío, bueno, la verdad que siento estar pasando por las diferentes etapas del duelo, porque todavía no me creo que te hayas ido, tengo esa sensación irreal de que te volveré a ver entrar por la puerta del despacho, con tu peculiar garbo, con esas ganas de seguir dando lo mejor de ti, con esa fortaleza que te hacía única, con ese buen saber hacer, con esa disposición inagotable, con ese temperamento que iba indudablemente asociado a ti, con esa sabiduría que no dudabas en compartir... Porque así eras tú, generosa, altruista, con una vocación envidiable, pero sobre todo sencilla y humilde, y eso, eso amiga mía sólo lo tienen LAS GRANDES PERSONAS y tú, "la poquita cosa", -lo eras, de hecho, ya sabes cómo te presentaba siempre que tenía oportunidad-. Tú eras, sin duda, la verdadera reina latina, porque eras conocimiento y sabiduría a raudales.

Y yo, tengo la suerte de poder decir, utilizando a mi manera parte de la letra de una canción que, aunque no sea de tu amado Julio Iglesias, define lo que has sido para mí: "Tú has sido mi maestra, lo que sé lo aprendí de ti y en mi última etapa profesional, todo te lo debo a ti". Así que GRACIAS por tanto y por todo.

Vuela alto amiga mía, con la plena satisfacción de quien se va con el deber más que cumplido, hasta su último aliento. 

¡Te quiero mi guerrera flaquita!

De Raquel, su amiga y compañera hasta el final

No sabría como empezar a hablar sobre Loli, una persona que ha marcado mi vida para bien, dejando un gran vacío en todo el que la conocía y mucha tristeza en su entorno más cercano y en su familia.

Conocí a Loli en el entorno laboral, llegó como segunda jefa al recién creado Grupo 21. Todos éramos nuevos y no nos conocíamos, pero desde el principio supe que me llevaría bien con ella por su forma de ser, su profesionalidad, su empatía con los demás y el gusto por las cosas bien hechas.  

A pesar de su apariencia frágil, dentro escondía una fortaleza y energía increíbles. Trabajar a su lado fue un privilegio, aprendí mucho de ella tanto a nivel profesional como en la faceta personal, siempre respetuosa y dispuesta a ayudar al que lo necesitara, muy pero que muy trabajadora y con gran sentido del humor, no se amedrentaba ante nada ni ante nadie, decía las cosas de forma muy clara, directa y sin rodeos, en definitiva, una persona de las que dejan huella.

La vida no se portó bien con ella ni con su familia. Pese a la trágica noticia de su enfermedad, junto a la dolencia y posterior muerte de su hermano, Loli supo recomponerse y continuar con ánimo y optimismo. En esos duros momentos todos fuimos testigos de la fortaleza que tenía, sobre todo mental, cumpliendo con su compromiso profesional y asistiendo todos los días a su puesto de trabajo como si nada pasara. ¡Era alucinante!

Loli nos ha dejado una marca imborrable en el Grupo, nos ha hecho ser mejores compañeros y personas. Su ausencia es dolorosa y el vacío que deja muy grande. Aún así, sigue presente en nuestro día a día y a menudo sale en las conversaciones. De otra forma, sigue con nosotros.

No quería terminar esta carta sin hacer mención a la familia tan bonita que tiene, especialmente sus hermanas Pili y Sofía por hacer todo esto tan fácil, a su cuñada por ser tan valiente y a sus sobrinos y su madre a los que ella adoraba.

Gracias Loli, por lo que fuiste, nos diste y nos dejaste.  

Te echamos mucho de menos, yo personalmente te tengo en mi cabeza todos los días.

 

De su compañero Óscar

Hace 15 años fue la primera jefa que tuve en la Brigada Provincial de Información. Estaba como Subinspectora dirigiendo todo el Grupo, ya que el Inspector se había marchado meses atrás.

Como jefa, no he visto nada igual ni creo que lo volveré a ver. No mandaba desde la imposición, sino desde el ejemplo. Lideraba a través del trabajo constante, la humildad, el carácter, la empatía y un esfuerzo incansable. 

Trabajo: Llegaba y se ponía a trabajar, en silencio, sin dar ruido. Si había tarea se ponía con ello. Aunque fuera algo informático que se le atragantaba, aprendía, redactaba apuntes escritos a mano con una caligrafía prodigiosa, y lo hacía.

Humildad: Igual redactaba unas diligencias, como custodiaba a unos detenidos para que tú te fueses a tomar el bocadillo o hacerte la cobertura si necesitabas ausentarte.

Carácter: Sólo se la escuchaba para decir alguna verdad incontestable sobre algún compañero "que perreaba" o bien cuando algún mando hacia o decía alguna injusticia.

Una de estas situaciones fue una madrugada de enero, -el frio, su peor enemigo-. Nos citaron a las tres de la madrugada para detener a un chico en Ávila por el homicidio de Jimmy. Fuimos con la información justa del briefing del operativo. Siguiendo instrucciones, detuvimos al objetivo y en la Comisaría Provincial, un Inspector se dirigió a nosotros porque no tenía conocimiento de lo que habíamos hecho en su demarcación. Loli, con imponente físico, se levantó y le dijo que si tenía algún problema le daba su teléfono para llamar a su Comisario, que se había hecho lo encomendado y que lo único que quería era que se llamase al juez para volverse a Madrid. El Inspector se calló, se dio la vuelta y se marchó. Al rato, apareció el Comisario de Ávila en un tono bastante más amable pidiendo disculpas.

No se cortaba ni con cristales. Al Comisario Castiñeira, -un hombre grande, con una voz imponente, al que Loli le tenía frito- le decía con libertad cualquier cosa que la parecía injusta o incluso para bromear con su aspecto físico. Ese Comisario la tenía en gran estima porque le decía las cosas tal y como eran.

Empatía: No dudaba en ponerse es tu lugar si veía algún compañero en problemas, como el día que por sorteo me tocó ser el primer remplazo para ir sine die a Barcelona, cuando acababa de ser padre. "No te preocupes, si tienes que ir, yo iré por ti", me dijo. O de ponerse al frente cuando nos querían hacer responsable de la inclusión de una pistola en los calabozos. Serena, decía: “ Tranquilos que no os va a pasar nada”, poniéndose ella por delante.

Esfuerzo: Ha ido ascendiendo paso a paso. Nunca la veías parada, ya podría estar mala, mala, mala, que seguía dirigiendo y pendiente de todos. Amaba lo que hacía. Era dura como una piedra. Y todo ello sin darse el valor que tenía, admirando a sus "personas ejemplo" como Lara, Cava, Pedro... y sin darse cuenta de que ella también lo era.

Cuando fue condecorada con la medalla con distintivo rojo decía que no se la merecía. No se daba cuenta de que era una persona especial, que hacía funcionar a todos a su alrededor, hacía grupo y daba lo mejor de sí. Gracias a eso se lograban realizar los trabajos mas complicados y de gran trascendencia. Era el motor que movía y hacia mover todas las piezas y eso lo conseguía allá donde estuviese Loli.

Tristemente ya no la vamos a tener con nosotros, aunque si va a estar dentro de nuestros pensamientos y nuestro recuerdo, especialmente en el mío. Siempre será mi modelo a seguir, por la forma de liderar, de tratar a los compañeros y a los jefes, y el cómo trabajar sin mirar a los lados y disfrutar de esta profesión.

De Itzíar: "Para mi amiga y compañera Loli"

Durante los años que hemos caminado juntas por la vida, he visto en ti cualidades que dejan huella: tu resiliencia ante las dificultades, el coraje con el que defendías a los tuyos contra viento y marea, la firmeza de tus convicciones y esas ganas de vivir que contagiaban a quienes te rodeaban.

Cuando me uní al Grupo contigo, me hiciste sentir que llegaba a casa. Trabajar a tu lado fue un regalo: aprender, escuchar, compartir ideas y también diferencias. Incluso cuando pensábamos distinto, siempre supimos dialogar con respeto, poner las cartas sobre la mesa y buscar juntas la mejor solución. 

Nuestro viaje a la playa fue maravilloso. Compartimos con Noelia y María José momentos de risa, de buena compañía y de pequeñas cosas que se vuelven grandes: paseos, compras y aquella paella de bogavante que estaba deliciosa. Verte disfrutar junto a nosotras es, sin duda, uno de los recuerdos más hermosos que nos podías dejar.

Hoy tu ausencia duele, pero permanece tu fuerza, tu entrega y la manera honesta y valiente con la que afrontabas la vida. Gracias por todo lo que diste, por lo que enseñaste y por el camino compartido.

Te quiere tu amiga y compañera Itziar. 

De su compañera Cristina

No hace mucho que conocí a Loli, tan solo algo más de 3 años, pero me hicieron falta tan solo unas semanas para saber que esa mujer, mi jefa, era de las buenas. Ya no sólo en el terreno profesional, que era la última en levantarse y la primera en llegar, sino en el aspecto humano. Loli estaba siempre preocupada por si tenías que salir antes, si necesitabas librar algún día o si te podía ayudar en lo que estuviese de su mano.

Llegar a trabajar y saludarte con una sonrisa, soltar algún chascarrillo o cotilleo sano que tanto le y nos gustaban, seguirte cualquier broma que hicieses y apuntarse siempre a todo. La Loli era buena, pero también fuerte, vital, positiva y una gallega en toda regla.

La última conversación que tuve con ella fue a través de mensajería, yo le mandé un audio diciéndole que no perdiese fuerzas en explicarme lo que seguramente estaría repitiendo a todo el mundo, que simplemente quería animarla, darle fuerzas y sacarle una sonrisa.

Ella me contestó al día siguiente mandándome una gran sonrisa y llamándome su súper vitamina. Lo que no se daba cuenta es que la súper vitamina para nosotros era ella.

De su compañera Sergia

Mi querida amiga, más que amiga una hermana... Me cuesta escribir unas líneas porque siento demasiado para expresarlo en poco espacio. Madrid, la Policía y la mitad de mi vida la asocio a ti. Hemos sido siempre felices. Gracias por tanto. Te llevaré siempre en mi corazón porque, insisto, has sido y siempre serás parte de mi familia. Y ni te imaginas cuánto te echo de menos.

De su compañero Arturo

Recuerdo el primer día que conocí a Loli. No estaba aún en el Grupo ni pensamiento de estar. Fue una celebración de mi cumpleaños, allá por 2011. Fue casualidad coincidir en el mismo bar. ¡Qué persona más buena, simpática y alegre! Lo pasamos muy bien. Mi colega Luismi, que por entonces sí estaba en el Grupo, me hablaba de ella como de una diosa que siempre les cuidaba y con un valor y capacidad de trabajo inigualable. Años más tarde el destino me llevo a compartir trabajo y familia con ella; y pude vivir esa misma fuerza, energía y lo buena persona que era. ¡Lo que la queríamos todos!

Siempre estará con nosotros.

De Isi, su compañera de habitación en la Academia de Policía de Ávila, y Susana

Hoy me cuesta encontrar una palabra que sea suficientemente grande para contener lo que siento. Porque expresar lo que siento al despedir a una amiga no es cerrar una etapa, es aprender a caminar con un hueco nuevo, con una ausencia que pesa… y con una gratitud inmensa por haber compartido el camino con ella.

La conocí hace 27 años, en la Academia en Ávila que, sin saberlo, iba a convertirse en un hogar compartido. Éramos tres en una habitación: una madrileña, una gallega y una extremeña y, aunque no es un chiste, nos reímos mucho esos meses. Tres acentos, tres formas de mirar el mundo, tres vidas que llegaron separadas… y que, en nueve meses, aprendieron a compartir, a respetarse, a apoyarse, ayudarse y a quererse.

Aquellos nueve meses fueron un tiempo de convivencia intensa, de aprendizaje, de nervios, de cansancio y de sueños. Un tiempo en el que, sin darnos cuenta, se fue formando algo vivo, algo real: una amistad que crecía día a día. Y cuando salimos de allí, salimos con esa certeza que no se explica: “A esta persona la voy a llevar conmigo”.

Viajamos juntas. Comimos juntas. Conocimos a nuestras familias. Nos buscamos en momentos duros y también nos reímos con esa risa que sólo existe cuando no hace falta fingir nada

Con los años, la vida hizo lo que hace siempre: nos puso trabajo, distancias, rutinas, responsabilidades. Hubo épocas de vernos mucho y épocas de vernos poco. Y, aun así, nuestra amistad tuvo algo muy nuestro. Era como mi querido Guadiana. A veces parecía que desaparecía, que se escondía bajo la tierra del día a día, pero seguía fluyendo por dentro. Porque no se había ido. Estaba ahí, sosteniéndose en lo invisible. Y cuando volvíamos a encontrarnos, aparecía de golpe, claro, limpio, como si no hubieran pasado meses sino tres días.

Viajamos juntas. Comimos juntas. Conocimos a nuestras familias. Nos buscamos en momentos duros y también nos reímos con esa risa que sólo existe cuando no hace falta fingir nada. Compartimos silencios que decían más que mil palabras y conversaciones que te ordenan el corazón.

Hoy la recuerdo con lágrimas, sí. Pero también con algo que el dolor no puede borrar: la certeza de que existió una amistad nacida en aquellos nueve meses y que creció a lo largo de 27 años atravesando distancia, tiempo y silencio. Y eso, aunque ahora duela, es un privilegio.

A los que la queríamos, nos queda una tarea difícil y hermosa: seguir nombrándola sin miedo, traerla a la mesa, decir “¿te acuerdas?”, repetir su “tía” o su “no me doy dormido”, contar anécdotas, reírnos también, porque reírse no es traicionar; reírse es reconocer que su vida fue más que el final.

Sé que no hay frase capaz de curar este dolor. Pero su familia debe saber que su hija, su hermana, su tía, su cuñada… no pasó por la vida de puntillas, -y eso que era súper discreta-. Dejó marca. Dejó bien. Dejó memoria. Dejó huella en otras personas que hoy están rotas porque la quisieron de verdad. Y aunque ahora el mundo se sienta más frío, lo que ella sembró sigue vivo en cada historia compartida, en cada conversación y confidencia compartidas, en cada sonrisa que todavía nos sorprende al recordarla.

Que el amor que les llega de todos los que la conocimos y la quisimos les sirva de abrigo cuando el frío apriete. Y aunque duele, el vínculo, lo verdadero, lo que se quiso con el alma, no se pierde. Se queda siempre. Ojalá puedan sostenerse en esto: el amor que ella dio no desaparece con su ausencia. Cambia de forma, se vuelve recuerdo, se vuelve compañía distinta, pero permanece. Y cuando el duelo pesa, a veces ayuda pensar que el dolor es la medida exacta del amor: duele así porque fue enorme.

A los que la queríamos, nos queda una tarea difícil y hermosa: seguir nombrándola sin miedo, traerla a la mesa, decir “¿te acuerdas?”, repetir su “tía” o su “no me doy dormido”, contar anécdotas, reírnos también, porque reírse no es traicionar; reírse es reconocer que su vida fue más que el final.

Que la ausencia no nos quite lo que ella nos dejó. Que el vacío no sea sólo vacío, sino también un lugar sagrado donde guardar lo vivido. Y que, aunque hoy parezca imposible, llegue el día en que al recordarla no nos derrumbe la herida, sino que nos abrace la gratitud. Porque se puede vivir con pena y con esperanza a la vez. Y quizá, esa esperanza sea esto: que el amor no termina, sólo cambia de manera de estar. Que ella seguirá apareciendo para Susana y para mí en la forma en cómo nos sostenemos entre amigas, como entonces en aquella habitación.

Descansa en paz, Lolilla. Gracias por ser nuestra amiga.

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