OBITUARIO
O galeguismo de Pepe Cotarelo
OBITUARIO
Te fuiste con la paz y la tranquilidad de quien ha vivido plena e intensamente, con la felicidad de ver a los tuyos, juntos, despidiéndote con una sonrisa; lo hiciste con la alegría de estar a punto de reunirte con quien, a tu lado, creó aquello que nos hace cada día presumir con orgullo de todo lo que nos habéis dado, de qué y quiénes somos nosotros tus hijos, y de aquellos que ahora dan continuidad a lo que vosotros un día iniciasteis. Esposa, hermana, madre y abuela, fuiste luz para todos y envuelta en esa luz nos dejaste sin ruido, te quedaste dormida en calma, casi sin darte cuenta cerraste los ojos dejándonos el doloroso vacío de verte partir y el recuerdo de todos los años vividos a tu lado, siendo tú nuestro espejo, fortaleza, guía y referente tras el temprano y durísimo adiós del esposo, padre y abuelo.
Cuidada con la delicadeza, absoluta entrega y amor que solo una hija es capaz de ofrecer, siempre y permanentemente sin horarios ni descansos, rodeada del de tus hijos y nietos; con el cariño, admiración y respeto de todos los que compartieron tantos momentos contigo; tu vida y tu marcha nos dejan huérfanos de ti, pero también y sobre todo hijos, herederos y cómplices de tu ejemplo de superación, entrega y dedicación familiar y constante. A tu lado aprendimos, en ti reflejados crecimos mejorando y de tu mano caminamos superando retos, afrontando obstáculos, dejando atrás límites y miedos, los tuyos, los nuestros y aquellos otros que la vida quiso poner a cada uno y a todos en el camino. Todos los superaste sin dar un paso atrás, valiente y tenaz llegaste al final con la lucidez y seguridad de quien ha vivido y lo ha hecho además de forma consciente, plena, absoluta y real.
Señora con y en grandes mayúsculas, extremadamente educada y exigente en la familia, la vida, las normas y las formas. Así acompañaste a quien a tu lado nos enseñó a querer, a admirar, respetar y creer, aquel en cuyas palabras y ejemplo siempre encontramos fuerza, reposo y fe, y al que en su inoportuno adiós relevaste con seguridad y arrojo a pesar del miedo y el inmenso vacío que dejó su marcha.
Divertida, presumida, ocurrente y habladora; fuerte y enérgica, sonriente, guapa como pocas, elegante y graciosamente indiscreta; orgullosa, intensa, emocional y entregada; dulce siempre a tu manera, mandona, terca y divertidamente caprichosa; vital, compañera y amiga; andaluza en el Ourense de los 60 y en la ciudad que crecía a ambos lados de aquel Paseo de tacón fino, zapato exageradamente estrecho e inocentes sonrisas a media tarde. De recia educación y tradición familiar, criada en los valores y la fe que luego hiciste nuestros, hija primero y hasta el final aún hermana, esposa luego, madre de familia numerosa y abuela longeva y casi eterna. Pícara y pizpireta, coqueta, amable y siempre dispuesta; Señora con y en grandes mayúsculas, extremadamente educada y exigente en la familia, la vida, las normas y las formas. Así acompañaste a quien a tu lado nos enseñó a querer, a admirar, respetar y creer, aquel en cuyas palabras y ejemplo siempre encontramos fuerza, reposo y fe, y al que en su inoportuno adiós relevaste con seguridad y arrojo a pesar del miedo y el inmenso vacío que dejó su marcha. Nos leíste sus letras entonces, tantas y tantas veces nos las recordaste, siendo aquel papel cercano, emotivo y lleno del amor que en tu voz nos entregaba, guion vital con el que seguir adelante, siempre juntos a pesar de todo.
Andaluza en el Ourense de los 60 que crecía a ambos lados de aquel Paseo de tacón fino y zapato estrecho e inocentes sonrisas…
Antes de entonces, esposa y madre, luego referente de una familia que crecía, vivía y se alimentaba en su recuerdo, nuestro padre nos dejaba el mayor y más valioso legado que se pudiera recibir y de tus manos recogimos convencidos de dar continuidad a lo que de vuestro ejemplo aprendimos cada día. Jimena primero, más tarde Santander, Castellón y Ourense; los largos y familiares viajes a Tudela y Zumaya, las visitas a Madrid y el descubrimiento de tu querida Baiona, siempre Baiona... lugares todos en los que echarte tanto de menos y recordar tu voz, tus risas, consejos y andares, tus largas tardes al sol y los paseos entre atardeceres.
No te has ido, sigues aquí, estás y estarás entre nosotros, en cada gesto, cada recuerdo, cada imagen en los álbumes que llenan los estantes de la biblioteca de casa y en las que coqueta y presumida enseñabas a tus nietas, estás en la que acompaña esta página y en todas las que desde tu adiós hemos ido recuperando; estás en todas las llamadas y mensajes recibidos, en los recuerdos compartidos por los muchos que te querían y en los que una y otra vez repetimos desde hace días. No te has marchado, no lo harás nunca, sigues aquí, en nosotros, y desde muy arriba, allá donde el dolor de tu adiós ya se ha convertido en eterna sonrisa, nos miras, cuidas y proteges como nunca dejaste de hacerlo. Por tanto y por todo…
Familia Garbayo Montabes
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