Muere Amaia Arrazola, ilustradora y autora de “Wabi Sabi” y “Totoro y yo”

OBITUARIO

Nacida en Vitoria en 1984, Arrazola fue una artista ilustradora de referencia en España

Amaia Arrazola
Amaia Arrazola

Amaia Arrazola falleció el miércoles en Barcelona a los 41 años, dejando tras de sí una obra luminosa que transformó el panorama de la ilustración contemporánea en España. Su muerte, consecuencia de una enfermedad de rápida evolución, conmocionaba al mundo artístico y cultural, que pierde a una creadora profundamente original, generosa y comprometida con la belleza de lo cotidiano.

Nacida en Vitoria en 1984, Arrazola estudió Publicidad y Relaciones Públicas en Madrid, donde comenzó su carrera en una agencia de publicidad. Sin embargo, su vocación artística la llevó a abandonar el mundo corporativo y trasladarse a Barcelona en 2010, ciudad que se convirtió en su hogar creativo y emocional. Desde allí desarrolló una prolífica trayectoria como ilustradora freelance, colaborando con editoriales, marcas, instituciones culturales y festivales de arte urbano.

Su estilo, reconocible por el trazo limpio, el uso expresivo del color y una sensibilidad que oscilaba entre lo íntimo y lo universal, se plasmó en libros ilustrados, murales, cerámicas, campañas publicitarias y moda. Entre sus obras más destacadas se encuentran los libros “Wabi Sabi”, “El meteorito”, “Totoro y yo”, “Corazón Robot” y “The Magic Tarot”, en los que abordó temas como la maternidad, la pérdida, la identidad y la ternura con una voz visual única. También creó personajes entrañables como Simón, el camaleón frustrado, y Melvin, el murciélago, que conectaron con lectores de todas las edades.

Amaia Arrazola fue también una artista muralista de referencia. Participó en festivales como “Vigo Cidade de Cor”, donde dejó su huella en el pabellón Carballal-Cabral con el mural “La merienda”, visible desde la autopista AP-9. Su obra pública puede encontrarse en ciudades como Madrid, Barcelona, Milán y Tokio, y fue reconocida en su ciudad natal con el encargo del cartel de las fiestas de La Blanca. Más allá de su obra, quienes la conocieron destacan su energía vital, su generosidad y su capacidad para encontrar belleza en lo pequeño. Su trabajo transmitía esperanza, humor y una mirada amable sobre el mundo, incluso en los momentos más difíciles. En sus redes, donde compartía procesos creativos, reflexiones y fragmentos de vida, cultivó una comunidad que hoy llora su ausencia.

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