Muere Marcos Rodríguez Pantoja, el 'niño lobo de Sierra Morena' que encontró en Ourense su último hogar

OBITUARIO

Marcos Rodríguez Pantoja, conocido como el ‘niño lobo de Sierra Morena’, fallece a los 80 años tras haber encontrado en Ourense y San Cibrao das Viñas un hogar y una red de apoyo después de una vida marcada por el abandono y la supervivencia en la naturaleza

Marcos Rodríguez Pantoja
Marcos Rodríguez Pantoja | JOSE PAZ

Marcos Rodríguez Pantoja, conocido como “el niño lobo de Sierra Morena”, falleció a los 80 años dejando atrás una de las historias más extraordinarias y dolorosas de la España reciente. Su vida, marcada por el abandono, la supervivencia en la naturaleza y una reintegración social que nunca fue sencilla, se convirtió en objeto de estudios científicos, reportajes, documentales y una película que difundió su caso en todo el mundo.

Nacido el 7 de junio de 1946 en Añora, Córdoba, Marcos llegó al mundo en plena posguerra, en un entorno de pobreza extrema. Su madre murió durante el parto de su octavo hijo y su padre volvió a casarse con una mujer que, según los testimonios recogidos posteriormente, lo sometió a malos tratos constantes. La familia se trasladó a Fuencaliente, en Ciudad Real, donde sobrevivían fabricando carbón vegetal. Allí comenzó la parte más dura de su historia: siendo apenas un niño, su padre lo entregó o vendió a unos propietarios de Sierra Morena, quienes a su vez lo enviaron a vivir con un viejo cabrero que habitaba en una cueva en plena montaña.

Aquel anciano le enseñó lo imprescindible para sobrevivir: encender fuego, reconocer plantas, cuidar cabras, buscar agua y alimento. Cuando el cabrero murió, Marcos quedó completamente solo en la sierra. Tenía entre cinco y siete años. Durante más de una década vivió aislado de los seres humanos, en compañía de los animales del monte, especialmente de los lobos, con los que desarrolló una relación que él mismo describió como familiar.

Aprendió entonces a comunicarse mediante sonidos, a moverse en cuatro patas y a alimentarse como ellos, como la familia salvaje que le acogió como a uno más. En entrevistas posteriores relató que se sentía feliz en aquel entorno, porque no conocía otro y porque los animales, según decía, nunca le hicieron daño.

Reencuentro con la sociedad

En 1965, con aproximadamente 19 años, fue encontrado por la Guardia Civil en pleno monte. Su captura fue difícil: aullaba, mordía y se resistía a abandonar la montaña. Tras su traslado forzoso a Fuencaliente, comenzó un proceso de reintegración social que resultó extremadamente largo y muy doloroso. Un sacerdote y unas monjas le enseñaron de nuevo a hablar, a caminar erguido, a vestirse y a comer con cubiertos. Fue internado en el Hospital de Convalecientes de la Fundación Vallejo, en Madrid, y más tarde enviado a Mallorca, donde trabajó en un hostal. Cumplió el servicio militar, aunque su desconocimiento de las normas sociales le causó problemas. A lo largo de su vida adulta sufrió engaños, estafas y abusos, incapaz de comprender del todo el funcionamiento del dinero y de las relaciones humanas.

Su historia llamó la atención del antropólogo Gabriel Janer Manila, que estudió su caso entre 1975 y 1976 y concluyó que su abandono no fue fortuito, sino consecuencia de un contexto de pobreza extrema y de violencia familiar. El investigador destacó ya entonces la extraordinaria inteligencia natural de Marcos, que le permitió sobrevivir en condiciones que habrían sido letales para cualquier otro niño.

Ourense, último refugio y apoyo

Tras años de trabajos precarios y soledad, Marcos llegó a Ourense buscando un lugar donde vivir con tranquilidad. Primero residió en Rante, acogido por personas que lo ayudaron a adaptarse a una rutina estable. Más tarde se trasladó a San Cibrao das Viñas, donde encontró un entorno que lo trató con respeto y cariño. Allí vivió en una pequeña vivienda cedida por el Concello, rodeado de vecinos que lo conocían, lo saludaban y lo cuidaban sin paternalismos, conscientes de que detrás de su fama había un hombre frágil, marcado por una vida excepcionalmente difícil.

Marcos se convirtió en un vecino más, alguien que paseaba con calma, que disfrutaba de las conversaciones sencillas y que agradecía cada gesto de cercanía. Le gustaba sentarse al sol, observar a los animales y mantener pequeñas rutinas que le daban seguridad. Aunque su historia había sido contada en libros, documentales y películas, él prefería hablar de lo cotidiano: de la comida, del tiempo, de los recuerdos que aún conservaba de la sierra y de los lobos que, según decía, nunca le hicieron daño.

En San Cibrao encontró también apoyo institucional. El Concello y los servicios sociales lo acompañaron en su día a día, conscientes de que su vida había estado marcada por la vulnerabilidad. Le ayudaron con trámites, con cuidados básicos y con la gestión de su pensión. Pero más allá de la asistencia, lo que realmente marcó su etapa en Ourense fue la red humana que se creó a su alrededor: vecinos que lo invitaban a comer, personas que lo acompañaban al médico, voluntarios que lo visitaban para asegurarse de que no le faltara nada.

Su carácter, según quienes convivieron con él, era afable y tímido. Le costaba entender algunas normas sociales, pero se esforzaba por adaptarse. Tenía una memoria selectiva: recordaba con claridad sonidos, olores y escenas de su vida en la montaña, pero olvidaba con frecuencia detalles de la vida moderna. Aun así, en Ourense logró algo que nunca había tenido: un hogar.

En sus últimos años participó en charlas y encuentros organizados por asociaciones y centros educativos de la provincia. Allí contaba su historia con una mezcla de ingenuidad y tristeza, consciente de que su vida había sido extraordinaria, pero también dolorosa. Siempre repetía que había sido más feliz con los animales que con los humanos, porque nunca lo traicionaron. Sin embargo, en Ourense encontró personas que rompieron esa percepción y le demostraron que también podía confiar en los demás. Marcos conservaba una mirada limpia, casi infantil, y una capacidad de asombro que lo acompañó hasta el final.

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