Un mundo para Echenique

OBITUARIO

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique que desmontó con humor e ironía los mitos del boom latinoamericano y convirtió la memoria, los amigos y la melancolía en el centro de su literatura

Alfredo Bryce Echenique, uno de los narradores más singulares del boom latinoamericano.
Alfredo Bryce Echenique, uno de los narradores más singulares del boom latinoamericano. | La Región

Escribir sobre Alfredo Bryce Echenique, en el momento de su muerte es, de entrada y sin remedio, un pálido ejercicio necrológico habida cuenta los dones y logros literarios de aquel. Lo diré pronto: la literatura de Bryce tuvo la cualidad de ventilar la estancia donde los escritores del boom cumplían su esforzada y cejijunta misión trascendente. Las páginas de Bryce fueron siempre una jubilosa llamada al festivo sabotaje del fenómeno literario latinoamericano salvando, claro está, a algunos de sus iguales: Ribeyro, por ejemplo; Cortázar, otro ejemplo; quizá Cabrera Infante. Bryce siguió en algo los pasos de casi todos ellos: el abandono de su país, el Perú; su aterrizaje en París y después Barcelona, o Madrid, y mientras tanto, muchos viajes y estancias, más o menos estables, más o menos satisfactorias, en el país natal. Es ocioso anclar a Bryce en Perú, pese a que buena parte de su escritura abunde en la autobiografía y la memoria mordaz, de sus clases adineradas y de los hábitos, inseparables del propio Alfredo, adquiridos en su muy acomodada infancia limeña.

Cuando el boom era ya el clasicismo, llegó Bryce para desmontar la política y las fantasmagorías de la revolución, de sus comandantes y coroneles, que sus mayores todavía glosaban. Una especie de Groucho Marx zumbón, dueño de un sentido del humor y paradójica verbosidad capaces de remover las mitologías más acendradas, a derecha e izquierda. Un mundo para Julius, Tantas veces Pedro, La vida exagerada de Martín Romaña, las Antimemorias… son algunos de los títulos imprescindibles de Alfredo Bryce Echenique. Una bibliografía que el tiempo fue haciendo extensa, en la misma medida que destensaba el rigor y el vigor de su humor, la ironía y las situaciones descacharrantes de individuos irremisiblemente tiernos, que no es difícil disociar del propio Alfredo. El amor, la soledad, la enfermedad, los amigos, son los ejes de la literatura de Bryce Echenique. “La patria son unos paisajes y unos amigos, no más” escribió quien durante las dos últimas décadas acomodó su último refugio entre unos y otros, como el propio Vargas. También llegó a decir, quien alcanzó todos los reconocimientos a su alcance, “no soporto el éxito; ni ver cómo carcomía a algunos amigos”.

Su editor, Jorge Herralde, le dedicó, para quien se empeñó en aprender siempre a costa suya, agudas observaciones en Anagrama: un escritor que se apresura a reírse de todo ante el temor de que todo le haga llorar; un solitario que ha vivido siempre en excelentes compañías o que el infierno son los demás, pero también el paraíso. En cualquier caso, Alfredo Bryce sabía que el precio de la lucidez es el desasosiego; el mismo que le hace decir: “me bebí a todos mis amigos”.

Contenido patrocinado

stats