Obituario | James Harrison, el hombre del “brazo de oro”
SALVÓ A MILLONES DE BEBÉS
James Harrison, conocido mundialmente como el hombre del “brazo de oro”, falleció el pasado 17 de febrero 88 años -noticia que se daba a conocer ayer- en un centro de ancianos al norte de Sídney, Australia. Harrison con sus donaciones de sangre pudo salvar la vida de más de dos millones de bebés.
Nacido el 27 de diciembre de 1936 en Australia, James Harrison tuvo una infancia marcada por la tragedia. A los 14 años, se sometió a una cirugía de pulmón que requirió múltiples transfusiones de plasma para salvar su vida. Esta experiencia lo inspiró a convertirse en donante de sangre, una decisión que cambiaría la vida de millones de personas.
En 1954, a la edad de 18 años, Harrison comenzó su labor altruista de donar plasma. Durante más de seis décadas, realizó un total de 1.173 donaciones, convirtiéndose en un héroe anónimo para innumerables familias. Su plasma contenía un anticuerpo único conocido como anti-D, que se utilizó para desarrollar una vacuna contra la enfermedad hemolítica del recién nacido, una condición en la que los anticuerpos de la madre atacan los glóbulos rojos del feto, causando anemia severa y, en muchos casos, la muerte.
La dedicación de Harrison a la donación de plasma no solo salvó vidas, sino que también le valió el reconocimiento mundial. En 2005, fue incluido en el Guinness World Records como la persona que más plasma sanguíneo había donado en el mundo. A pesar de su aversión a las agujas, Harrison nunca faltó a una cita para donar, demostrando una determinación y un compromiso inquebrantables.
Harrison era conocido por su humildad y su carácter generoso. A lo largo de los años, compartió su historia con la esperanza de inspirar a otros a donar sangre. “No duele y la vida que salves podría ser la tuya”, solía decir. Su hija, Tracey Mellowship, recordó en un comunicado que su padre estaba inmensamente orgulloso de haber salvado tantas vidas y de haberse convertido en bisabuelo de dos niños, Trey y Addison, quienes también se beneficiaron de la vacuna anti-D.
El director ejecutivo del Servicio de Sangre de la Cruz Roja Australiana, Stephen Cornelissen, describió a Harrison como “una persona extraordinaria, estoicamente amable y generosa, que se comprometió a dar durante toda su vida y conquistó los corazones de muchas personas en todo el mundo”. Harrison siempre creyó que sus donaciones no eran más importantes que las de otros donantes y que todos podían ser especiales de la misma manera que él lo fue.
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