OBITUARIO
Un mundo para Echenique
OBITUARIO
Cuando 2025 tocaba a su fin empezó a expandirse en Seixalbo el mensaje de la muerte de Rubén Nóvoa Piñeiro, vecino preclaro, orgullo de su pueblo, a quien la enfermedad llevó mucho antes de cumplir el ciclo normal del paso por la vida. La noticia provocó general y profunda conmoción, hasta el punto de que los más viejos del lugar no recuerdan una despedida tan multitudinaria, sentida y respetuosa de la que, desde luego, era acreedor.
A lo largo de su trayectoria vital hizo bandera del sentido ético, la generosidad, el respeto a los demás o la implicación en la defensa de los intereses colectivos, colaborando activamente en iniciativas comunes tan significadas como el equipo de fútbol o la organización de la Festa dos Foros, además de ser referente para sus muchísimos amigos. Desde muy pequeño tuvo el aplomo, madurez y sentido de la responsabilidad propios de mayores, que ni todos tienen; tanto, que parecía un adulto metido en un cuerpo de niño.
La marcada personalidad fue convirtiéndole en faro de amigos y compañeros, club al que conforme iba pasando el tiempo se fueron incorporando otros por abajo y por arriba de su edad, que no solo le respetaban y admiraban, sino que le querían. Por eso quienes quienes le vimos nacer y nos movíamos en su órbita familiar, fuimos testigos de su evolución hasta el mundo adulto, la universidad o el trabajo, que se volvió gozosa con el amor de Cristina, con quien forjaría un proyecto de vida común al que aportaron a Laia, su mejor obra, que significó la felicidad plena.
Un día, apareció la sombra que torció el guión. El golpe bajo y duro introdujo la parte acibarada de la vida, ante el que Rubén y Cristina, en un alarde de valentía, decidieron hacer frente y luchar para ganar tiempo al tiempo, bebiendo la vida a sorbos grandes y pasos largos en una etapa de horas preciosas vividas y disfrutadas con Laia que valdrán un capital en la historia que viene, idéntico al que se llevó su padre. Lo consiguieron. Ella y la memoria ayudarán a que Rubén siga presente en sus destrozados padres y el resto de la familia, aunque hoy al llorar les duela hasta el aliento y sientan más su muerte que la propia vida, como Miguel Hernández a la muerte de Sijé. Ciao bambino.
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