Antonio Salas, catedrático de Medicina en la USC: “La música no puede modificar el ADN, pero sí la actividad de los genes”

FORO LA REGIÓN

La investigación analiza cómo la música modifica la actividad genética y otros procesos biológicos y qué utilidad podría tener ese conocimiento en el estudio del deterioro cognitivo, aunque todavía no permite hablar de una terapia.

Antonio Salas Ellacuriaga, catedrático de Medicina en la USC y próximo protagonista del Foro La Región.
Antonio Salas Ellacuriaga, catedrático de Medicina en la USC y próximo protagonista del Foro La Región.

Antonio Salas Ellacuriaga, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y referente en genética humana, es el protagonista del Foro La Región del próximo viernes 18 de septiembre, a las 20,30 horas en el salón de actos de Afundación. Allí explicará hasta qué punto la música deja huella en nuestro organismo y qué puede aportar ese conocimiento al estudio del deterioro cognitivo, desde el alzhéimer hasta otras alteraciones de la memoria.

Pregunta. Para alguien que no haya oído hablar nunca de SensoGenoma, ¿qué están intentando descubrir exactamente con este proyecto?

Respuesta. El proyecto nació hace cinco años de una pregunta sencilla: ¿qué sucede en nuestro organismo cuando recibimos un estímulo sensorial como la música? Entonces carecíamos de datos para responder desde una perspectiva molecular. En estos momentos, sabemos que podemos medir efectos en la actividad de los genes, las proteínas, la regulación epigenética o la microbiota. Nuestro objetivo no es dar por demostrado un efecto terapéutico, sino comprender mejor sus bases biológicas y valorar si ese conocimiento puede tener utilidad clínica en el futuro.

P. ¿Qué ocurre en nuestro organismo cuando escuchamos música ?

R. Hace cinco años habría respondido que no lo sabía. Hoy podemos detectar y cuantificar cambios biológicos asociados a la exposición musical. Estudiamos la expresión de genes y proteínas, mecanismos epigenéticos o la microbiota a partir de sangre, saliva o lágrimas. Pero detectar un cambio molecular no significa automáticamente que conozcamos su función ni que sea beneficioso. Hay que comprobar su reproducibilidad y su relación con variables clínicas o fisiológicas.

P. Cuando se dice que la música puede cambiar nuestros genes, ¿qué significa realmente esa afirmación?

R. La música no cambia la secuencia del ADN. Lo que puede modificar es la expresión de los genes, es decir, cuándo y cuánto se utiliza esa información. Podemos imaginar el ADN como una partitura. Nunca cambia, pero sí puede hacerlo la manera de interpretarla. La música es un estímulo capaz de asociarse a cambios en esa actividad genética, aunque eso no significa que todos sean necesariamente beneficiosos.

P. Desde que comenzó SensoGenoma, ¿cuál ha sido el hallazgo que más le ha sorprendido?

R. Comprobar que podíamos detectar cambios tras exposiciones musicales relativamente breves, incluso inferiores a media hora. Al principio fue un salto al vacío en un terreno prácticamente inexplorado. También vimos que esos cambios podían estudiarse con muestras accesibles. Ahora falta saber cuánto duran, cómo influyen las características individuales y si diferentes músicas provocan respuestas distintas.

P. Han observado cambios relacionados con el deterioro cognitivo. ¿Qué permiten afirmar hoy esos resultados?

R. Hemos observado que personas con deterioro cognitivo presentan una respuesta molecular diferente al estímulo musical y, en algunos genes, patrones compatibles con una respuesta parcialmente compensatoria. Pero sería demasiado pronto para afirmar que eso supone una recuperación funcional, una mejoría clínica o una restauración de la memoria. Para establecer esa relación necesitamos estudios más amplios y prolongados.

P. ¿Qué falta para poder hablar de un verdadero efecto terapéutico?

R. Mucho recorrido todavía. Una respuesta molecular demuestra que el organismo cambia, no que exista un beneficio terapéutico. Necesitamos confirmar los resultados en muestras mayores, comprobar su estabilidad y relacionarlos con cambios clínicos, conductuales o funcionales. Hoy podemos hablar de firmas moleculares experimentales, no de biomarcadores clínicos validados ni de una terapia disponible.

P. ¿Hasta qué punto importa la música concreta que escucha cada persona?

R. Probablemente importa mucho. Influyen el tempo, la intensidad o la estructura, pero también las preferencias personales y la relación de una canción con recuerdos y experiencias previas. Una pieza vinculada a un momento vital puede producir una respuesta distinta en cada persona. Por eso no podemos hablar de una respuesta universal a la música. Una de nuestras líneas de futuro es precisamente avanzar hacia estímulos más personalizados.

P. En investigaciones tan llamativas existe el riesgo de que el titular avance más rápido que la evidencia. ¿Le preocupa que se esté presentando la música como terapia antes de tiempo?

R. Sí. Un resultado experimental puede ser interesante sin tener todavía aplicación clínica. Decir que la música cambia los genes puede hacer pensar que modifica el ADN, cuando hablamos de expresión genética. También sería erróneo decir que SensoGenoma busca curar el alzhéimer. Eso genera falsas expectativas. Explicar las limitaciones y la incertidumbre no debilita la ciencia, sino que forma parte de su rigor.

P. La medicina personalizada genera enormes expectativas. ¿Cree que existe el riesgo de prometer más de lo que actualmente puede ofrecer?

R. Sin duda. La genómica, la inteligencia artificial y otras tecnologías permiten avanzar hacia una medicina más personalizada, pero una herramienta debe demostrar que realmente mejora el diagnóstico o el tratamiento. Hace falta validación clínica, reproducibilidad y evaluar sus limitaciones. Tendemos a sobreestimar el efecto de las nuevas tecnologías a corto plazo y a subestimarlo a largo plazo. El potencial es enorme, pero todavía debe desarrollarse y validarse.

P. Xenoma Galicia aspira a estudiar genéticamente a los gallegos. ¿Qué puede cambiar en la prevención de enfermedades?

R. Un conocimiento muy valioso sobre la diversidad genética de Galicia y la relación entre determinadas variantes y enfermedades. Los beneficios clínicos no serán inmediatos y todavía desconocemos el significado de muchas variantes. Además, plantea cuestiones sobre cómo comunicar resultados inciertos, el derecho a no conocer determinada información y la privacidad. Su impacto dependerá de la calidad científica, de la interpretación clínica y de las garantías éticas.

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