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El movimiento llegó a Galicia con ligero retraso, pero con fuerza, a través del grupo Voces Ceibes
Benedicto sabe cual es el disco más acertado para retroceder cuatro décadas y recordar aquellos años en busca de libertad. Escoge la canción Un día para crear en el salón de su casa una atmósfera que combina nostalgia y orgullo, un ambiente semejante al que se vivía en recital de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela el 26 de abril de 1968.
Dos mil personas abarrotaban el Paraninfo y otros tantos se quedaban a las puertas bajo la atenta mirada de los grises. Arropado por docenas de banderas gallegas, Benedicto le ponía letra y música a la revuelta estudiantil que en aquellos meses desafiaba a la dictadura desde las calles de Compostela. Loitemos, loitemos, que a lúa segue brilando, deslizaba por encima del sonido de su guitarra.
El auditorio, empujado por las ansias de libertad, se entregó desde el primer momento y agradeció todo el repertorio: Eu son a voz do pobo, Un home y Loitemos consiguieron contagiar a los presentes y a los ausentes, pero el momento más apasionado llegó con Carta a Fuco Buxán. Fuco Buxán, non sintes que na Iberia feden a podre os homes e as paisaxes.
El movimiento de canción protesta, que ya se había extendido por muchos países del mundo occidental y otras partes de España, llegaba a Galicia con un ligero retraso, pero con fuerza. Además de Benedicto, la primera banda sonora la compusieron Xavier, Guillermo Rojo, Xerardo Moscoso y Vicente Araguas. Ellos pusieron la voz en el concierto de Medicina a composiciones propias y a poemas de Celso Emilio Ferreiro.
La estela de Raimon
Tenían un punto de partida: el concierto que Raimon había ofrecido en mayo de 1967 en el estadio de la residencia de estudiantes, cantado en catalán y escuchado en gallego gracias a la traducción de Carlos Casares y García Bodaño. Tenían dos espejos en los que mirarse: el colectivo de canción catalana Els setze jutges y la agrupación vasca Ez dok amairu. Compartían referentes internacionales: Brassens, Leo Ferré, Bob Dylan y otras figuras que se atrevían con la canción protesta en clave folkie o pop.
Sus objetivos estaban definidos: hacer canción de autor en gallego, dignificar el idioma y comprometerse con las clases trabajadoras. Sabían lo que querían y ya habían dado un primer concierto, pero necesitaban organizarse. Lo primero era buscar un nombre y constituirse oficialmente. Descartadas las opciones de Os biosbardos y Ovellas negras, Xavier propone Voces Ceibes en una reunión celebrada en el Hotel Compostela a la que, además de los cinco de la banda, a la que también asisten Alfredo Conde y Margariña Valderrama. Más que un formalismo o un trámite, el bau tizo oficial fue un punto de partida.
En los meses posteriores llegarían los primeros discos, editados por la compañía catalana Edigsa gracias a la intermediación del poeta Salvador García Bodaño; publicaron un total de diez singles. Y con el vinilo también llegaron los conciertos, trece, repartidos por salas de las cuatro provincias gallegas: la Cultural de Vigo, el grupo Rumbo de Ourense, el Facho de A Coruña, el Galo de Santiago, Pontevedra, Ferrol, Ribadeo... La Nova Canción Galega ya tenía su público y, regateando la censura, conseguían llevar su repertorio allí donde querían escucharles.
Aprovechando el viento a favor que había dejado la revuelta estudiantil de Compostela, los integrantes de Voces Ceibes percibían en sus actuaciones que estaba surgiendo una verdadera conciencia social en el pueblo gallego. El contenido moral y cultural de sus canciones alcanza su momento cumbre el 1 de diciembre de 1968 en el concierto que ofrecen en el Cine Capitol.
Ese foi o concerto. Voces Ceibes xa tiña unha traxectoria e un recoñecemento. No concerto da Facultade de Medicina do mes de abril houbera duas mil persoas e outras tantas quedaran fora, no do Capitol houbo moi tos máis porque, ademáis de aumentar as matrículas na Universidade, había moita expectación, explica el investigador Ricardo Gurriarán.
Con el estado de excepción, declarado el 25 de enero de 1969, aumentó la represión y se cancelaron los recitales. Los integrantes de Voces Ceibes hicieron la maleta y llevaron su canción protesta por Europa. En los setenta se producen cambios en el grupo: salieron Javier y Guillermo Rojo, y se incorporaron Miro Casabella, Chuspe, Tino Álvarez, Suso Vaamonde y Bibiano. La desaparición la formación llega en 1974, pero su voz nunca cayó en el silencio.
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