Restricciones de agua en cien concellos de Galicia en un año de lluvias

ALERTA POR SEQUÍA

Alerta en la cuenca del Lérez y en la costa coruñesa, mientras la caída de los embalses obliga a extender la prealerta a otras áreas.

Caudal del río Anllóns, en Carballo (A Coruña).
Caudal del río Anllóns, en Carballo (A Coruña). | La Región

A pesar de que Galicia registró durante los primeros compases de este año el invierno más lluvioso del último cuarto de siglo, la acuciante escasez de precipitaciones documentada a lo largo de la temporada estival ha transformado radicalmente el panorama hídrico de la comunidad. Esta fuerte anomalía climática ha empujado a decenas de administraciones locales a implementar medidas restrictivas y planes de ahorro, tratando de blindar el suministro de un recurso que se ha vuelto repentinamente crítico.

El mapa actual de la sequía revela que más de un centenar de localidades gallegas se encuentran, de forma parcial o total, bajo la influencia de los niveles de alerta o prealerta por escasez.

Este preocupante escenario ha forzado a los consistorios a establecer una batería de restricciones y recomendaciones de consumo, especialmente urgentes ante unos pronósticos meteorológicos que descartan la llegada de lluvias a corto plazo.

En el plano institucional, la Xunta de Galicia mantiene activada la situación de alerta por escasez de agua en los sistemas del río Lérez, en la provincia de Pontevedra, y en las cuencas del río Anllóns y la Costa de A Coruña hasta el límite de Arteixo. A este perímetro de máxima atención se suma el subsistema de Baiona, donde se aplican medidas de contención equivalentes. La evolución de los indicadores hidrológicos durante las últimas semanas ha obligado a extender el nivel de prealerta a la unidad territorial de Ferrol -que comprende el río Mera y las rías de Ortigueira y Cedeira- y a adoptar medidas preventivas en el subsistema de Zamáns, en el área de Vigo.

Estas nuevas zonas se incorporan a las cuatro unidades de la Demarcación Galicia-Costa que ya permanecían en prealerta desde el pasado mes de agosto: los cauces del Tambre (con la ría de Muros y Noia), el río Grande en Camariñas -en plena Costa da Morte-, el Mandeo junto a la ría de Betanzos, y las cuencas del Landro y el Ouro, ambas en A Mariña lucense.

La traducción administrativa de esta crisis arroja cifras contundentes: unos cien municipios están afectados por las zonificaciones. De ellos, 32 se rigen por los protocolos de alerta y otros 75 por la prealerta. No obstante, la afección real es asimétrica; el origen de las captaciones determina que la prealerta impacte de lleno en el abastecimiento principal de 48 ayuntamientos. Mientras tanto, en las zonas catalogadas con normalidad, los embalses de abastecimiento han descendido hasta el 58 % de su capacidad, marcando una brecha de once puntos porcentuales respecto a los niveles de hace un año.

El nivel de alerta, que es la antesala de la declaración de emergencia, exige vetar usos prescindibles como el baldeo viario, el llenado de piscinas o el riego de jardines, entre otras medidas, posibilitando cortes puntuales de suministro en cada concello. La prealerta, por su parte, impone la monitorización constante de caudales y promueve el control del gasto público no esencial. Un protocolo preventivo indispensable mientras Meteogalicia confirma que el persistente anticiclón seguirá aplazando el ansiado alivio meteorológico.

Optimizar

Frente a la vulnerabilidad hídrica que atraviesa la comunidad, el Gobierno autonómico ha decidido pasar a la acción estructural. A principios de este mes, el Consello de la Xunta aprobó el desarrollo del Plan de Refuerzo de la Eficiencia de las Infraestructuras Hidráulicas (Perega). Esta hoja de ruta tiene como eje central la modernización de las redes de abastecimiento y la planificación de nuevas infraestructuras, sin descartar la construcción de futuros embalses si la situación lo exige.

El primer objetivo del Ejecutivo gallego consiste en auditar el estado real de los sistemas actuales para proyectar la demanda futura de agua, asumiendo de forma definitiva la nueva realidad climática. El plan contempla la prospección y posible explotación de reservas subterráneas para el consumo humano, una tarea en la que ya colabora el Instituto Geológico y Minero de España mediante la revisión de diecinueve masas de agua en la demarcación Galicia-Costa. Además, el proyecto apuesta firmemente por expandir los sistemas de reutilización hídrica, vigentes en la gran industria, hacia el sector agroganadero.

Contenido patrocinado

stats