Labra = sobrevivir al rock ourensano

LA REVISTA

A casi tres décadas de la apertura del mítico pub Rock Club y otras tantas con su promotora de conciertos Bad Seed, Labra sigue apostando en Ourense a la música en vivo, como gestor y como DJ.

José Luis Labrador González, conocido como Labra.
José Luis Labrador González, conocido como Labra.

Afamado en Ourense por ser único como promotor de la cultura musical local y foránea, José Luis Labrador González, conocido como Labra, está cumpliendo 29 años de la apertura del mítico pub Rock Club y 26 con su productora organizadora de conciertos Bad Seed. Una época dorada. Aunque, hoy, confiesa, “aquel modelo de pub o club de rock no sale rentable”.

Célebre por un intimismo que lo lleva a pinchar con la cara oculta tras una máscara, nacido en República Dominicana y arribado a la ciudad con apenas un año, hizo teatro, pintó al óleo y cantó en Viernes y los Robinsones. Pero lo suyo es gestionar conciertos y ser un DJ al que no se le escapa el público. ¿El secreto? “No aceptar peticiones y nada de playlist preparadas”.

Pregunta. Rock Club cumple 29 años y Bad Seed 26. ¿Cómo era el público ourensano de rock de entonces y cómo es el de ahora?

Respuesta. Antes había tribus: punks, metalheads, rockers, góticos. Todos con su actitud y metidos en su música. Ahora, los chavales son más eclécticos. En mi opinión, les falta criterio y son unos “posers”.

P. En los 90 hubo casi medio centenar de bares y pubs con música en vivo y DJs, ¿ahora hay menos locales pero más conciertos?

R. En los buenos tiempos, coexistían unos veinticinco garitos, de los cuales sólo unos nueve escupían por sus altavoces rock y estilos afines. Y conciertos no tantos. El modelo de pub o club de rock no sale rentable comparado con el comercial, que se peta a ritmo de reggaeton y de los éxitos de Tik Tok. Antes el bar de rock era una trinchera donde descubrías grupos, con discos importados que no estaban al alcance de cualquiera. Debatías, comentabas, escuchabas. Eso generaba camaradería, sentimientos fraternales que te hacían sentir que formabas parte de algo más grande. Ahora la música, buena o mala, la llevas encima en tu celular, tablet, iPhone. Todo el mundo tiene Spotify, YouTube, Instagram. Todo el mundo es DJ, artista, productor, crítico musical. Y se sigue el dictado del algoritmo.

P. Hay un refrán popular que dice “todo tiempo pasado fue mejor”. ¿Aplica al rock ourensano?

R. Vivimos tiempos convulsos e insolidarios; refugiarnos en la música es lo que nos hace soportable el día a día. El rock se retroalimenta; ahora mismo cuatro chavales enfurecidos contra el mundo vomitan su rabia con sus guitarras. No todo está perdido. Hay en la ciudad una media de seis conciertos a la semana. ¡Nunca estuvo tan bien la escena!

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