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La moda de los cuerpos imposibles
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La moda no es sólo aquello que se confecciona con aguja e hilo. Es mucho más. Una industria capaz de convencernos de un determinado estilo de vida que no siempre late al mismo pulso que el de la sociedad a la que se dirige. Dejemos de lado todo lo que tiene que ver con el textil para centrarnos en cómo la moda es capaz de promover un canon de cuerpo femenino como el ideal, acaparando críticas que trascienden lo estético para convertirse en un problema de salud. Prueba de ello es que está de vuelta el “heroin chic”.
Remitámonos a esos años 90 que tanta tendencia están rescatando en los últimos meses para ver desfilar sobre la pasarela modelos esqueléticas que marcaron a toda una generación de jóvenes criadas con expectativas imposibles. La etiqueta a la que todas querían parecerse, ese “heroin chic”, se describía como el de un cuerpo tan consumido como si en él hubiesen hecho efecto las drogas más fuertes. Modelos como Kate Moss o Courtney Love fueron las musas de esta estética, llevada al extremo por otras que vinieron más tarde para poder encajar en las medidas cada vez más reducidas de las pasarelas.
Parecía que aquello había quedado atrás con el liberador movimiento del “body positive” en el que la tendencia era aceptar y amar la constitución que a cada una nos ha impuesto la naturaleza. El camino se dibujaba con curvas abanderado por modelos como Ashley Graham, acompañada por las reivindicaciones del “mid size” en el que se sitúa la gran mayoría de la población femenina del mundo entero. Junto a ellas, las Kardashian, ejemplo de muy pocas cosas y con pocos resquicios de sus cuerpos originales previos al bisturí, también abogaban por caderas contundentes y pechos marcados.
Era la década de los 2010. Las redes sociales empezaban a hacerse un hueco cada día más grande en nuestras vidas sirviéndonos de espejo en el que mostrar todo lo poliédrico de la sociedad y sentir que éramos más las normales que las extraordinarias. Fueron años de mensajes y estrategias por parte de las marcas, que parecían subirse al carro más por marketing que por convencimiento real de la diversidad de cuerpos en la sociedad.
Todo eso parecía. Hasta 2021.
Cuatro años antes, en 2017, fue aprobado un fármaco inyectable basado en semaglutida y desarrollado por una compañía farmacéutica danesa destinado a tratar la diabetes mediante una regulación de la insulina y el apetito. Fue esta segunda línea la que catapultó su fama y lo convirtió en un fenómeno mundial para la pérdida de peso. Ozempic, que así le llamaron, fue aprobado como tratamiento contra la obesidad en 2021.
Este hito llegaba para casos de peso que derivaban en problemas de salud, pero las celebrities del mundo encontraron en él un filón que ha traído de vuelta aquellos cánones mínimos como referencia de cómo queremos lucir las mujeres. La directora española Chloé Wallace se hizo viral tras la última edición de los premios Oscar criticando que las protagonistas de las alfombras rojas están cada vez más delgadas. Así es.
Lo preocupante de que esta moda del “heroin chic” esté de vuelta no sólo se limita a los evidentes problemas de salud y trastornos alimenticios que puede acarrear. También incide directamente en la cultura del esfuerzo y la promoción de unos hábitos de vida saludables. Esto se evidencia en casos como el de Barbie Ferreira. La actriz de Euphoria presumía de curvas con un discurso centrado en la importancia del amor propio. Tras la segunda temporada de la aclamada serie abandonó alegando que no quería que su presencia en pantalla se redujese a ser “la amiga gorda” de las protagonistas “guapas”. Pero en 2025 reapareció ante el ojo público con una pérdida de peso más que significativa.
Kim Kardashian, Lady Gaga, Elon Musk, Meghan Traynor o la española Jedet son algunos casos que han sido señalados y muchos de ellos confesados como usuarios de este medicamento que, sobra decir, siempre debe estar prescrito por un profesional sanitario. En su derecho están todas ellas de hacer con su cuerpo lo que mejor consideren, faltaría más. El problema radica en el mensaje que lanzan a la población mas vulnerable, acostumbrada a que las redes sociales les dicten el supuesto guion de la vida a la que deben aspirar, dejando de lado una cuestión tan fundamental como la salud mental. Una cuestión para la que la estética del “heroin chic” no es nada sana.
Reseñable es también el caso de Nathy Peluso, que en los últimos días ha sido la protagonista de un vídeo viral en el que desmentía el uso de Ozempic asegurando que su cambio físico se ha debido exclusivamente a la adopción de mejores hábitos y el abandono de malas costumbres como el tabaco. Y ése es precisamente el mensaje, el de una vida en la que la estética vaya siempre acompañada de salud.
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