La moda que viste al refranero
La sabiduría popular ha creado dichos muy conocidos con la moda como protagonista apelando a prendas o formas de vestir para representar realidades, personalidades o normas sociales que apelan a sombreros, zapatos, cinturones y otros elementos del armario con el objetivo de pasar lecciones vitales de generación en generación
Vestirse no sólo representa al hecho de cubrir nuestro cuerpo con ropa cada mañana, sino que se trata de una acción que refleja quienes somos y qué mensaje queremos transmitirle al mundo sin necesidad de usar palabras. Su importancia no sólo la tienen en cuenta las marcas o los creadores de tendencias, sino que la ropa está plenamente presente en nuestro vocabulario como protagonista de refranes y dichos populares que reflejan esta importancia asentada a través de los tiempos.
Y si no, recordemos aquel que dice que “por el traje se conoce al personaje”. Sin duda, la ropa define a quien la lleva, tanto que ese “o calza como vistes, o viste como calzas” que apela a la coherencia en la vida puede empañarse con el “alpargatas con cintas de color, o no hay zapatos nuevos o sobra presunción.”
Por mirar hacia nuestro horizonte más próximo, pronto se cumplirá aquello de “Hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo”, una expresión agorera para quienes desean un cambio de armario temprano pero que nos recuerda, asimismo, la variabilidad meteorológica de la primavera y que este año ha quedado bien patente. De todos modos, nunca hay que olvidar que “en invierno y verano, la capa en la mano”, sobre todo inmersos como estamos en los sorprendentes giros del cambio climático.
Si bien existen frases más genéricas -como el invevitable “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda” o esa otra que anima a huir de las modas y apostar por un estilo propio como es el “Ande yo caliente y ríase la gente”-, las hay más centradas en prendas concretas. “Quedar como un guante” para expresar el culmen del encaje, “llevar los pantalones” para dejar claro quien manda, “ponerse en los zapatos de otro” para tratar de empatizar con el prójimo, “apretarse el cinturón” para hacer frente a tiempos económicamente convulsos, “quitarse el sombrero” como acto para demostrar admiración o “cambiar de chaqueta” aplicándose a quienes no tienen unos principios muy claros. El imaginario colectivo ha fijado en la ropa grandes aprendizajes. Es el caso de “las medias, para las piernas” recordando lo fundamental de emplear cada cosa en su lugar de modo similar al significado de “zapato que aprieta, otro se lo meta”, o aquel otro que nos recuerda que “cuando veas un zapato roto, no andará muy lejos el otro”.
No sólo se trata de buscar que las prendas sienten bien y con ellas nuestra relación con los demás, sino que existen refranes que abogan por la búsqueda de la calidad como paradigma del gusto y el buen vivir. “Paño y color, dan al hombre honor”, “la tela buena, siempre que se lava, se estrena”, “quien viste de buen paño, se viste una vez al año” o “ropa vieja, bien se asienta” son cuatro ejemplos de cómo antes incluso de acuñarse el término en la sociedad, la sabiduría popular ya llamaba al uso de moda sostenible.
De esas modas fugitivas surgen otros refranes creados para recordarnos lo fugaz de nuestra vida. “Moda y fortuna, presto se muda” anima a no acomodarnos en la dicha, mientras que “ninguno muere tan pobre, que la ropa no le sobre”, avisa de que todo lo material sobrará llegado el momento fatal.
Pero esta sabiduría no sólo la alberga el pensamiento popular, sino que son muchas las frases de autor que han acuñado diferentes personajes del mundo de la moda. “Las modas se desvanecen, el estilo es eterno”, de Yves Saint Laurent es una de las más conocidas y recurrentes. Ya lo dijo Marc Jacobs, “la ropa no significa nada hasta que alguien vive en ella” y, por eso, “las mejores cosas de la vida son gratis. Las segundas mejores son muy caras”, decía Coco Chanel.
Lo importante, al final es sentirse cómodos con uno mismo en la vida, en general, y con la ropa en particular; de modo que “ropa dominguera, de portal para afuera”, que es donde los cánones sociales imponen normas de comportamiento. Romper esas normas ha sido siempre el principal juego de la ropa y las tendencias buscando reflejar los cambios de sistema de cada época, porque “llevando lo que todos llevan, no harás moda nueva”.
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