El poder de los símbolos en la moda

Detrás de cada relieve en cuero o bordado en una solapa, asoma una historia de ingenio simbolizada en los logos de moda, el punto donde convergen la tradición artesanal y la popularidad; emblemas con orígenes dispares que revelan cómo un simple diseño puede capturar el espíritu de una época y sobrevivir al paso del tiempo

Publicado: 16 ene 2026 - 12:11 Actualizado: 16 ene 2026 - 12:16
Registro del logotipo de LV, que cumple 130 años.
Registro del logotipo de LV, que cumple 130 años.

Detrás de cada prenda que define una época, hay un símbolo que carga con siglos de historia, mitología y, en algunos casos, puro instinto comercial. Los logotipos de las grandes casas de moda no nacieron por accidente, sino que se mantienen firmes en su tarea de cargar con el ADN visual de sueños, legados familiares y, en no pocas ocasiones, respuestas ingeniosas a problemas prácticos como la falsificación. La evolución de estos emblemas cuenta una historia paralela a la de la propia moda acompañándola en su transformación de artesanía elitista a fenómeno cultural masivo.

El caso Louis Vuitton

Hace ahora 130 años, en 1896, Georges Vuitton enfrentaba el excesivo éxito de la firma familiar como un problema. Las maletas que su padre Louis había comenzado a fabricar eran tan deseadas que el mercado se inundaba de imitaciones, así que su solución pasó por diseñar un patrón tan complejo que resultase casi imposible de replicar con la tecnología de la época. Así nació el monograma LV, entrelazado con flores de cuatrifolios y estrellas de cuatro puntas, inspirado en el diseño japonés y victoriano. Con lo que no contaba era con el avance tecnológico actual, que lo ha convertido irónicamente en uno de los logos más falsificados del planeta, pero su estatus como símbolo supremo del lujo permanece intacto.

Iconos personales

Mientras Vuitton combatía copias, otros fundadores bordaban sus propias biografías. Coco Chanel tomó en 1925 las iniciales de su nombre y las entrelazó, creando la doble C como un símbolo de simplicidad atemporal. La leyenda dice que se inspiró en los vitrales de la Abadía de Aubazine, donde se crio huérfana. Casi un siglo después, el logo no ha cambiado, mantiniéndose firme como bandera del lujo discreto.

A su infancia se remitió también en 1978 Gianni Versace recurriendo a la mitología griega de su Calabria natal. Eligió la cabeza de la Medusa con una lógica audaz teniendo en cuenta que, según el mito, quien la miraba quedaba petrificado por su belleza. Versace quería que su ropa provocara ese mismo hechizo. El resultado es un emblema que, incluso sin el nombre de la marca, grita poder, seducción y el exceso glamuroso de los 80.

Apuestas y homenajes

A veces, la iconografía nace de lo casual. En 1923, el tenista René Lacoste hizo una apuesta por la cual, si ganaba un partido crucial, su capitán le compraría una maleta de piel de cocodrilo. La prensa lo apodó “El Cocodrilo” por su tenacidad y él empezó a bordar el reptil en sus chaquetas, creando uno de los primeros logos visibles en el exterior de una prenda.

Por su parte, el logo de Gucci, las dos famosas “G” entrelazadas, nacieron como un homenaje filial que Aldo Gucci creó en 1933 en memoria de su padre, Guccio, fundador de la casa. Lo que comenzó como un símbolo de legado familiar decayó en los 90, para ser resucitado primero por Tom Ford y luego reinterpretado por Alessandro Michele como estandarte del geek-chic y el maximalismo irónico.

Reinvención radical

No todos los logos pueden permitirse el lujo de la inmutabilidad y así lo aprendió Burberry por las malas. Su “Caballero Ecuestre”, diseñado en 1901 con el lema Prorsum (“hacia adelante” en latín), sinónimo de trench coats británicos, se vulgarizó en los 2000 al asociarse con un estilo callejero masificado. La salvación llegó en 2018 con Riccardo Tisci, quien creó un nuevo monograma con las iniciales “TB” (por Thomas Burberry) y una tipografía sans-serif moderna, rejuveneciendo por completo la marca.

Cambio aún más drástico protagonizó Balenciaga. Bajo la dirección de Demna Gvasalia, en 2021 adoptó una tipografía sans-serif, gruesa y casi burocrática, reflejando su filosofía de “lujo distorsionado” y streetwear. Una reinvención radical para una era nueva.

La simplicidad absoluta

La prueba definitiva del poder de un logo quizá no esté en la alta costura, sino en el deporte. En 1971, la estudiante Carolyn Davidson creó el swoosh de Nike por 35 dólares. Representaba la velocidad de la diosa alada Niké. Junto al eslogan “Just Do It” se convirtió en el símbolo más reconocido del mundo, demostrando que un diseño no necesita complejidad, sino una narrativa poderosa y adaptabilidad absoluta.

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