Vivir despacio está de moda

En un mundo que parece moverse a golpe de algoritmo y microtendencias efímeras, la industria de la moda está experimentando un giro inesperado hacia la calma proponiendo propone una pausa necesaria en la que no se trata sólo de qué nos ponemos, sino de cómo decidimos vivir. Ahí nace la filosofía “frugal chic”

Mia McGrath, impulsora del frugal chic
Mia McGrath, impulsora del frugal chic | Mia McGrath

Sobrio, discreto, escueto, comedido, moderado, austero, mesurado, templado, ligero. Son sólo algunos de los sinónimos que ofrece la Real Academia Española al término “frugal”, el concepto que está definiendo la moda en estas primeras semanas del 2026. Y, atendiendo a todos esas palabras que significan lo mismo, la última tendencia viral anima, precisamente, a huir de la viralidad.

Son dos los ejes sobre los que se construyen los looks que engloba este estilo. Por un lado, el “frugalis” latino que invita a usar los recursos de forma prudente y evitar el desperdicio. Por otro, el tan manido “chic” francés, paradigma de elegancia, distinción y buen gusto. Es por eso que, vestir de forma consciente y huir de las compras compulsivas y de las microtendencias de caducidad semanal está de moda. O lo que es lo mismo, vivir despacio está de moda.

La hiperconexión a la que vivimos sometidos y de la que casi nos sentimos esclavos, las cifras casi infinitas de contaminación de la industria textil, la incertidumbre económica de la situación geopolítica mundial, el auge de las plataformas de segunda mano o ese “fomo” de consumismo constante en el que vivimos son, en esencia, los pilares sobre los que se construye esta etiqueta que ahora se está popularizando pero bajo cuya filosofía llevan un tiempo viviendo las grandes prescriptoras de moda. 

Si el año pasado le llamábamos lujo silencioso, ahora le llamamos frugal chic y lo adaptamos a todos los bolsillos. 

¿Qué es el frugal chic?

A pesar de que se ha bautizado como tendencia, el frugal chic apela a los cimientos de nuestro estilo de vida rogándonos que valoremos calidad sobre cantidad, desterrando el consumismo impulsivo para centrarnos en la atemporalidad y la toma de decisiones inteligentes. Si bien aquí estamos hablando de moda, esta forma de vivir se extiende a todos los hábitos de nuestro día a día. 

Todo esto se ha popularizado de la influencer y exmodelo británica Mia McGrath, que ha creado un perfil en redes sociales (@frugalchicofficial) en el que comparte su experiencia ahorrando dinero y buscando la independencia financiera. La prescriptora de este movimiento lo define como una forma de vivir lujosamente, pero gastando con intención y sin sacrificar el buen gusto. Se trata de parecer opulento en la superficie, pero emplear el dinero de forma astuta y muy pensada. 

Para ello, se articula en torno a una serie de “mandamientos” que permiten invertir el dinero en decisiones de consumo conscientes. El primero, construir un armario cápsula con prendas básicas y atemporales con las que poder articular un gran abanico de looks jugando con los complementos. La base de ese armario debe estar compuesta de prendas y artículos duraderos que permitan seguir la máxima de comprar bien una vez y no mal dos o tres veces. Las tiendas de segunda mano y vintage son el templo de esta religión. En este sentido, el frugal chic deja un gran margen de maniobra para la imaginación, aplicando la creatividad para modificar, reutilizar y personalizar la ropa. 

Y eso se aplica también al mundo de la cosmética o el cuidado del hogar. Todo debe ser sencillo y los productos, versátiles y duraderos.

No se trata de un fenómeno nuevo y prueba de ello son todas las llamadas a la sostenibilidad que muchos dentro y fuera del mundo de la moda llevan años haciendo. En un momento en el que las redes sociales miran con una melancólica locura hacia el 2016 anhelando aquel tiempo en el que todo era más auténtico sin buscar la viralidad, el frugal chic parece haber tocado la tecla correcta que necesitaba la vorágine de las tendencias. 

Sus claves no son otras que huir de las compras compulsivas pensando antes de pagar si realmente queremos y necesitamos lo que estamos adquiriendo o simplemente es un capricho pasajero. En este contexto, las prendas con historia son las favoritas de las chicas frugales. Y, sobre todo, consiste en cuidar los detalles al máximo aportando ese toque de elegancia y sofisticación.

Más allá de la moda, Mia McGrath traslada esta filosofía a todos los aspectos de su vida, priorizando ir a los sitios caminando y llevarse la comida preparada de casa en tarteras. No es un ejercicio de tacañería, sino de vivir con más pausa y conciencia. Y, frente al precipicio del “fomo” de las redes sociales, se queda con el “jomo” (joy of missing out) ese placer de sentir que nos estamos perdiendo cosas ahí fuera pero que estamos siendo fieles a nosotras mismas.

Contenido patrocinado

stats