La nueva directiva del Centro Español de Lyss recupera la ilusión y aleja el fantasma del cierre
UNA NUEVA VIDA
La nueva directiva recupera la actividad de la entidad, que estuvo cerca de cerrar sus puertas, y logra reunir a más de 200 personas en su primera Fiesta de Otoño, celebrada en su nuevo local social.
Lo que hace unos meses parecía el principio del fin se ha convertido en una nueva oportunidad. La primera Fiesta de Otoño organizada por la nueva directiva reunió a más de 200 personas en la ciudad de Studen y demostró que, cuando hay compromiso, trabajo y voluntad de luchar, todavía hay futuro para los espacios que mantienen viva la comunidad gallega en el exterior.
La celebración supuso una inyección de ilusión para una entidad que atravesaba momentos difíciles y que ahora comienza a escribir una nueva etapa. Además, el Centro Español de Lyss cuenta con un nuevo local social, situado en la dirección Oberer Aareweg 37, 3250 Lyss, desde donde pretende continuar promoviendo el encuentro, la convivencia y las actividades que unen a la comunidad.
De amenazar con el cierre a llenar el local de vida
Hace unos meses, el futuro del Centro Español de Lyss era incierto. La posibilidad de cerrar definitivamente las puertas del local estaba sobre la mesa y la continuidad de una entidad que durante años había servido como punto de encuentro para la comunidad española residente en esta región del cantón de Berna atravesaba uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
En la asamblea ordinaria de noviembre de 2025, la situación era complicada. El Centro estaba sin gerente desde finales de septiembre y la antigua directiva había presentado su dimisión. Además, el expresidente, José Otero, tenía previsto regresar a España en 2026, lo que añadía más dificultades a un escenario ya de por sí complejo.
Entre las alternativas que se barajaban estaba iniciar los trámites para cerrar el local e intentar mantener la sociedad mediante la organización puntual de fiestas y eventos. Sin embargo, la antigua directiva dejó clara su postura: no abandonaría la entidad a su suerte. A pesar de la dimisión presentada, estaba dispuesta a luchar hasta el último momento para evitar el cierre y, si finalmente no había otra salida, asumiría también la responsabilidad de tramitar el cierre definitivo. La situación requería decisiones, compromiso y personas dispuestas a dar un paso adelante.
Y así fue como comenzó una nueva etapa para el Centro Español de Lyss.
Un equipo que decidió no rendirse
La nueva directiva asumió el reto de garantizar la continuidad del Centro en un momento en el que mantener abiertas sus puertas parecía una tarea complicada. Lejos de dejarse vencer por las dificultades, decidió apostar por el futuro, recuperar la actividad y demostrar que todavía había motivos para seguir luchando.
La presidencia recayó en Javier Ferreiro, de Santa Comba, acompañado por Diego Mourelle, de Langueirón, como vicepresidente; Soraya de las Heras, de Santa Comba, como secretaria; y Noa Vázquez, también de Santa Comba, como tesorera.
Completan el equipo los vocales Jonathan Gil Escudero, de Vilagarcía de Arousa; Janet Brenlla, de Santa Comba; José Sanmartín, de Negreira; y Manuel Otero, de Bertoa.
Un grupo de personas de diferentes procedencias, unidas por un objetivo común: evitar que el Centro desaparezca y recuperar su protagonismo como lugar de encuentro, convivencia y celebración.
Asumir esta responsabilidad significaba mucho más que organizar actividades. Suponía dedicar tiempo, afrontar dificultades y trabajar para que una entidad social no perdiese el espacio que ocupa en la vida de tantas personas.
Peque y Manolito, de nuevo al frente de la gerencia
Otro de los pilares de esta nueva etapa fue la incorporación de dos gerentes que conocen bien el Centro y la realidad de la emigración.
David González, conocido como Peque, natural de Santa Comba y residente en Suiza desde hace alrededor de veinte años, y José Manuel Varela, conocido como Manolito, natural de Cuns y que lleva aproximadamente cuarenta años en el país helvético, asumieron la responsabilidad de la gerencia. Ambos ya habían trabajado juntos en esta misma función hace alrededor de una década, durante aproximadamente dos años, por lo que su regreso a la gestión del Centro supone también recuperar una experiencia compartida.
Su disposición para colaborar con la nueva directiva fue fundamental para comenzar a poner en marcha las actividades. Y la primera gran prueba no tardó en llegar: organizar una Fiesta de Otoño que permitiese recuperar el ambiente festivo y comprobar la respuesta de la gente.
Una fiesta organizada con ilusión y muchas ganas
La organización de la primera Fiesta de Otoño llegó en un momento en el que todavía había muchas cuestiones por resolver. La nueva directiva afrontaba el reto con ilusión, pero también con las dudas propias de quien comienza una nueva etapa y sabe que hay mucho trabajo por delante.
¿Cómo conseguir que todo saliese bien? ¿Cómo preparar una celebración a la altura de las expectativas? ¿Cómo conseguir que la gente volviese a acercarse al Centro?
La respuesta comenzó con una conversación con los gerentes para proponerles que preparasen un menú especial para los socios y para todas las personas que quisiesen participar en la fiesta. La respuesta de Peque y Manolito fue un sí rotundo. Ambos aceptaron la propuesta con entusiasmo y se implicaron en la iniciativa, contribuyendo a que la celebración tuviese uno de sus grandes atractivos en la gastronomía tradicional.
El menú no podía ser más representativo de nuestra tierra: empanada casera, lacón con grelos y flan. Una propuesta sencilla, pero cargada de sabor y tradición, que conquistó a los asistentes. Alrededor de 150 personas participaron en la cena, en un ambiente que superó las expectativas de la organización. La satisfacción de los comensales y las ganas de continuar la celebración confirmaron que la apuesta había sido acertada. Y, por lo visto, el menú dejó a todo el mundo con fuerzas suficientes para seguir bailando durante horas.
Más de 200 personas en una noche que devolvió la ilusión
Pero la Fiesta de Otoño no terminó con la cena. A medida que avanzaba la noche, más personas se acercaban al local para sumarse a la celebración. El resultado fue una asistencia superior a las 200 personas, que disfrutaron de una noche de música, baile y convivencia.
La parte musical corrió a cargo de tres artistas que contribuyeron decisivamente al éxito del evento: Nyan Boe, ya conocido en Lyss y que realizó allí su tercera actuación en Suiza; DJ Bermúdez; y DJ Cotelo. Su música convirtió la noche en una auténtica celebración colectiva, en la que no faltaron las ganas de bailar, las conversaciones entre amigos y la satisfacción de comprobar que el Centro volvía a reunir a su gente.
Para la nueva directiva, la respuesta del público fue mucho más que una buena noticia. Fue una muestra de confianza en un proyecto que había nacido en un momento de incertidumbre y que ahora comienza a demostrar que tiene capacidad para seguir adelante.
La respuesta de la gente, la mejor recompensa
El éxito de esta primera Fiesta de Otoño merece ser destacado, no solo por las cifras de participación, sino también por lo que representan. Pasar de una situación en la que se contemplaba el cierre del local a organizar una celebración que reúne a más de 200 personas es un motivo de satisfacción para todas las personas implicadas en esta nueva etapa.
Por supuesto, una fiesta no resuelve por sí sola todos los retos que afronta una entidad de este tipo. La continuidad requiere trabajo constante, participación y compromiso. Lo ocurrido en Lyss deja un mensaje esperanzador: hay gente dispuesta a responder cuando se le ofrece un espacio para compartir y celebrar.
Ahora el desafío consiste en transformar este éxito en un punto de partida. Mantener la actividad, promover nuevas iniciativas y conseguir que socios, familias y amistades continúen apoyando al Centro serán fundamentales para consolidar el camino iniciado.
Mantener vivo el Centro es mantener viva una parte de nuestra historia
La emigración gallega y española construyó a lo largo de las décadas una red de asociaciones y centros sociales que desempeñaron un papel fundamental en la integración, la convivencia y la conservación de la identidad cultural. Para muchas personas que dejaron atrás Galicia y otras comunidades españolas en busca de un futuro mejor, estos lugares se convirtieron en una segunda casa. En ellos se celebraron fiestas, se compartieron alegrías y preocupaciones, se construyeron amistades y se mantuvo vivo el recuerdo de la tierra.
Por eso, la continuidad del Centro Español de Lyss tiene un valor que va más allá de su actividad diaria. Significa preservar un espacio de encuentro y ofrecer a las nuevas generaciones la oportunidad de conocer y compartir las tradiciones de sus familias.
La nueva directiva decidió asumir esa responsabilidad cuando el futuro parecía incierto. Y la primera Fiesta de Otoño demostró que el esfuerzo puede dar frutos cuando se trabaja con ilusión y se cuenta con el apoyo de la gente.
El camino continúa y seguramente no estará libre de dificultades, pero ahora hay una razón más para mirar hacia adelante.
Un futuro que se construye entre todos
Desde el Centro Español de Lyss, el agradecimiento debe llegar a todas las personas que hicieron posible esta celebración: a la directiva por su trabajo y compromiso; a Peque y Manolito por su implicación en la gerencia y en la preparación del menú; a Nyan Boe, DJ Bermúdez y DJ Cotelo por su música; y a todas las personas que acudieron a la fiesta y contribuyeron a crear ese ambiente de alegría y convivencia. Su participación fue fundamental para convertir una iniciativa llena de ilusión en una celebración exitosa.
El Centro Español de Lyss afronta ahora una nueva etapa. Queda mucho por hacer, pero la primera Fiesta de Otoño dejó un mensaje claro: cuando hay personas dispuestas a luchar por una causa común, el futuro puede volver a abrirse paso incluso en los momentos más difíciles.
Lo que parecía el final se convirtió en un nuevo comienzo. El local volvió a llenarse, la música volvió a sonar y la gente volvió a demostrar que el Centro Español de Lyss merece seguir abierto.
Porque los centros sociales no viven únicamente de sus paredes, sino de las personas que los mantienen vivos. Y en Lyss, más de 200 personas demostraron que esta historia todavía no ha terminado.
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