José María Naharro: “La inmigración se convierte en chivo expiatorio en España y EE. UU.”

ENTREVISTA

El catedrático de la Universidad de Maryland analiza la polarización política sobre inmigración en España y Estados Unidos, situando la crisis migratoria en un contexto histórico global y reflexionando sobre soluciones estructurales frente a la presión social y demográfica.

El catedrático, José María Naharro
El catedrático, José María Naharro | La Región Internacional

Las migraciones se han vuelto a situar en el centro del debate político y social, con tensiones que van desde la regularización de personas migrantes en España hasta las políticas restrictivas en Estados Unidos. En este contexto de polarización, se cuestiona cómo responder de manera justa y eficaz a los flujos migratorios. Através de la visión experta del catedrático de la Universidad de Maryland y experto en fenómenos migratorios, José María Naharro, analizamos la situación.

¿Cómo percibe el debate que se ha suscitado en España con la propuesta de regularización de migrantes?

Uno de los problemas que tenemos con la cuestión migratoria es el hecho de que no existe una política clara en Europa o en el mundo occidental hacia esta cuestión.

Es decir, que por un lado la Unión Europea y, entre ellas, el Estado español han firmado un protocolo, ¿no?, en el año 2025, en el que han sentado unas pautas muy restrictivas de acogida, entre otras cosas, a las personas que vienen solicitando asilos políticos, que es algo que viene regulado por la Convención de las Naciones Unidas de 1951 respecto de los refugiados y que ya es un debate antiguo, que se origina a finales de la Primera Guerra Mundial del pasado siglo, y ese nuevo protocolo que además los Estados pueden incumplir, los Estados firmantes de la Unión pueden incumplir relativamente, lo que hace es un poco esconder el problema debajo de la alfombra, ¿no?, porque, entre otras cosas, dice que los Estados que no quieran acoger pueden reenviar a los Estados fronterizos donde han entrado los solicitantes de asilo esas peticiones y entonces ser compensados económicamente, y además ese protocolo plantea un lenguaje muy hipócrita, porque dice que es en defensa, precisamente, de esos migrantes.

¿Qué papel juega la migración “bajo cuerda” en España?

Por otro lado, tenemos una situación en la cual, en general, en este mundo occidental, estamos aceptando de una forma o de otra, bajo cuerda, flujos migratorios, lo que llamamos hoy flujos migratorios mixtos, personas que acuden a las fronteras occidentales, donde teóricamente hay una mejor forma de vida, una forma que muchas gentes aspiran en el resto del globo, debido también a una política de globalización económica, que teóricamente ha abierto los flujos comerciales, financieros, pero no ha abierto los flujos de las personas, entre ellas la Unión Europea. Podemos mover dentro de la Unión Europea, pero teóricamente no entrar dentro de este marco. Estas personas entran de formas alternativas, miramos para otro lado, porque en España es conocido el sistema en que, por ejemplo, muchos migrantes de América Latina entran legalmente a través de nuestras fronteras, desaparecen durante tres años y luego piden su correspondiente legalización, que en este caso ahora se extiende a una legalización amplia.

Entran por Barajas...

Entran por Barajas, directamente. No vienen solo en cayucos...

¿Qué riesgos enfrentan los migrantes en otras rutas internacionales?

Además del terrible problema de las personas que se están jugando la vida en el Atlántico, en el Mediterráneo, por los diferentes lugares de entradas, a través de las mafias, etcétera. La cantidad de desaparecidos que desconocemos, cuál es verdaderamente la mortalidad de esa migración, los riesgos que corren las personas a través del continente asiático, del continente africano, etcétera. Es un problema global, es un problema muy importante que está tensionando los nortes occidentales, en nuestra vieja dicotomía del norte.

¿Qué soluciones ve frente a esta situación?

Por lo tanto, nadie se ha atrevido a intentar regular este problema. Y entonces, recordando algo que decía un turista de la época republicana, Gómez de Asúa, planteaba que lo que teníamos que hacer eran leyes justas y no plantear amnistías recurrentes. Hablaba desde el punto de vista de la política. Eso se puede extender perfectamente a las políticas migratorias. Lo que tenemos es que regular de una forma sistemática y aceptable estas peticiones de inmigrantes, que además, en el continente europeo, en el continente norteamericano, entre otros, exige la presencia de más población, porque son continentes, sobre todo en el europeo, que se están envejeciendo. Y por lo tanto, hay estudios económicos que dicen que necesitamos más migrantes, necesitamos más personas que se integren en nuestra sociedad.

Al final, lo que hacemos es que miramos para otra parte en esa presión migratoria y luego, efectivamente, le ponemos parche a un problema. Le ponemos una tirita a una infección que hay que curar con antibióticos. Y los políticos, en cierto momento, entienden que la sociedad civil pide soluciones. Ha habido una petición, como has planteado en la pregunta, de las instituciones cristianas y católicas de este país, que se ocupan, entre otras cuestiones, de estas personas. Y luego, organizaciones no gubernamentales, etcétera. Y cuando llegamos a esta situación, a esta solución, vamos a decir, a este parche, de repente, los políticos se enfrentan y dicen, lo voy a hacer de forma unilateral, los otros dicen, bueno, pero eso no es lo que nosotros queríamos.

¿Por qué el migrante sigue siendo señalado en la sociedad europea?

El migrante se ha convertido en el chivo expiatorio habitual. Es decir, porque esto forma parte de una cierta continuidad histórica. A principios del siglo XX, se sufre en Europa, de alguna forma, una involución, desde el XIX al principio del XXI, una involución conservadora, que lleva a un gran conflicto mundial, que es la Guerra Mundial.

Y, además, una gran transformación revolucionaria, que produce cambios estructurales en la antigua Europa de aquella época, que lleva, entre otras cuestiones, a la instauración de sistemas totalitarios. Esa revolución, teóricamente universal y proletaria soviética, se convierte en una pesadilla y nacen, a su vez, regímenes nazistas, lo cual produce avalanchas sobre la sociedad europea de refugiados políticos.

Esos refugiados políticos terminan siendo el chivo expiatorio de aquella época. Entre ellos, las minorías judías que están dentro de esos refugiados. De nuevo, estamos repitiendo la historia. El chivo expiatorio sigue siendo el otro, el que viene de fuera, porque, entre otras cosas, nuestros estados-nación, lo que han hecho desde el principio, es, por un lado, incluir los estados-nación progresistas, que tienen una concepción del estado-nación de derecho universal. Todos somos ciudadanos, pero todos somos ciudadanos dentro de una frontera. El que está fuera de esa frontera, por lo tanto, no es necesariamente…, forma parte de ese compromiso del estado-nación. Ese que está fuera de esa frontera se puede convertir en enemigo, en rechazado, en otra persona. Por lo tanto, adolecemos siempre de esta cuestión, de esta tirantez entre la cuestión del universalismo y la cuestión del origen nacional. Es decir, el debate entre el derecho del suelo y el derecho de la sangre.

¿Y cómo se relaciona esto con la Constitución española?

Bueno, hay que recordarles a los políticos españoles, muchos de ellos se les llena a veces la boca de ciertas tradiciones constitucionales. La primera constitución española, votada por unas cortes teóricamente representativas del pueblo español, que son las de Cádiz, dice que es ciudadano español todo el que nace en las Islas de España –porque en ese momento las Islas de España son tanto la península como las constituciones americanas– y todo aquel que ha acreditado su situación de pertenecer al suelo en un periodo de diez años. Al fin y al cabo, lo que se ha producido con estas personas que hemos dejado entrar y que hemos mirado para otro lado es que los plazos se han acortado, pero muchos de ellos, la gran mayoría, han acreditado su derecho de estancia.

Sí, para ser nacionales, para estar nacionalizados tienen que cumplir lo mismo que dice la constitución del 12, o sea, diez años en nuestro país. Exactamente. Es decir, bueno, pues pasa una situación primera en residencia y luego una situación internacional.

Volviendo a Estados Unidos, ¿podemos ver una normalización de prácticas excepcionales frente a los migrantes?

Bueno, creo que es un problema vastísimo. Será complicado… Bueno, es una pregunta bastante… Quiero volver a incidir en la cuestión de que estamos en un cierto… en un eterno retorno hablando en un plan, en un plan de acción.

Estamos en un momento de crisis. Todos los procesos, más o menos, en donde vemos grandes cambios en las sociedades, en los grupos humanos, a través de la historia, vienen a través de grandes momentos. La primera revolución industrial lleva luego a una revolución políticamente liberal en Holanda, en el Reino Unido, en Estados Unidos, en Francia.

La segunda revolución industrial, a través de, entre otras cosas, de una gran crisis política, global, militar, de la Primera Guerra Mundial, lleva, entre otras cuestiones, al fascismo, al nazismo, a los totalitarismos, hemos hablado de la Unión Soviética, etc. Estamos en una tercera revolución tecnológica, digital, poshumanista. Y viene en precedida de dos crisis, la crisis de 2008 y la crisis de 2020, la crisis de la COVID.

¿Estas políticas migratorias estadounidenses tienen raíces históricas?

La crisis de 2008, de alguna forma, acaba con, vamos a decir, la socialdemocracia, como la conocíamos en estos 50-60 años que parten de 1945, la crisis de 2020, de la COVID, hace que aparezcan, entre otras cuestiones, toda una serie de factores en donde los individuos se sienten perseguidos, se sienten amaestrados, se sienten condenados, etc. Y de ahí sale una serie de reacciones, entre otras cuestiones, de reacciones económicas a esa crisis de 2008.

Y que hace que, en Estados Unidos, un país donde, de alguna forma, siempre ha dominado un discurso, volviendo a esa idea del derecho de la sangre, un derecho que aparta al derecho del suelo, que ha existido también en Estados Unidos, pero que viene de esa idea del destino manifiesto, de una nación que tiene la capacidad de expandirse, de su excepcionalismo, etc. Bueno, pues lo que está ocurriendo en estos momentos es también una extensión de esa crisis de los años 20, que lleva a los Estados Unidos a cerrar sus fronteras en 1924 y a establecer unas cuotas de migración. En ese momento, todo el mundo llegaba a las Américas, agarrabas un barco y desembarcabas. Luego te ponían en Ellis Island, en una cuarentena, etc. Ahí se crea, entre otras cosas, una policía de fronteras. Esa policía tiene una serie de criterios también excepcionales sobre la forma en que controla a las personas dentro de su territorio.

Como estamos dentro de esa vasta crisis, que es global en este sentido, que es política también, donde estamos en esta nueva era de esta tecnología, esta inteligencia artificial, que se está escapando teóricamente a nuestro control, que puede escaparse a nuestro control, las gentes actúan, entre otras cosas, en las sociedades más desarrolladas, con cierto miedo ante el cambio, ante el paso a una nueva era.

¿Y qué hacen?

Pues miran a soluciones tradicionales. Las soluciones tradicionales son las de buscar personas que, de alguna forma, representan soluciones simplistas.No ha habido una regulación de la migración en los Estados Unidos. Desde los años 20, en realidad, ha habido situaciones excepcionales. Y la COVID produjo un tensionamiento en la frontera estadounidense muy importante, porque la economía se hundió globalmente. Y, por lo tanto, cuando llegamos a esta segunda situación, en la cual, además, hay unas fuerzas que están detrás de este segundo mandato, en las cuales, entre otras cuestiones, hay unas fuerzas tradicionales, la ultraderecha o un tipo de derecha más constitucionalista originalista. De lo original no vamos a volver.

Por lo tanto, también es una milita primigenia. Y también un nuevo grupo conservador que está generado por estos nuevos tecnócratas. Un cóctel molotov político.

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