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El martes 11, en el contexto de las actividades en torno al día de la mujer, en el Centro Galicia de Buenos Aires, organizado por el Colectivo Galegas na Diáspora, se llevó a cabo un evento en el que se homenajeó a la artista plástica Maruja Mallo, ( Ana María González, nacida en Vivero, Lugo, en 1902)
A la apertura de Marta Villar le siguió la actuación del grupo Xiada, Cantareiras , que con sus voces fueron un homenaje más a la mujer gallega.
Con su cordialidad, simpatía y profesionalismo Paula Sabajanes fue la coordinadora del panel integrado por María Rosa Lojo, prestigiosa escritora y miembro de la RAG, Micaela Fernàndez Darriba, historiadora en Arte, y la investigadora Analía Alvarez quienes fueron describiendo diversos aspectos de la vida inconmensurable de la gran Mallo.
Delinearon su estilo, sus temáticas y los aspectos más notorios de su vida. Desde la infancia y adolescencia en Galicia hasta la vida en Madrid y su contacto con la “Generación del 27”, hombres casi todos, especialmente los que pasaron a la historia, demostrando una vez más que la invisibilización de la mujer era lo habitual. Aun Maruja, que era tan especial, es una figura que debemos redescubrir y especialmente en Buenos Aires, donde debió exiliarse durante muchos años, y en donde produjo una parte de su no extensa obra.
Mallo, al lograr viajar a Buenos Aires, invitada (una excusa para partir de un baño de sangre que comenzaba) , mixturó los temas, introdujo figuras latinoamericanas en sus pinturas, señaló Lojo, quien en su momento la eligió para su discurso de ingreso en la RAG. Precisamente, aseguró, porque me llamó la atención, que escapara no solo al estereotipo, sino a los arquetipos, como Rosalía o Pardo Bazán. Tanto Fernández Darriba, quien la investiga para su tesis, como Analía Alvarez que ha hecho de su historia uno de los objetivos preferentes de sus trabajos, recuperaron trazos de su obra, su vida y su contexto histórico, tan rico en lo artístico como complejo en los avatares políticos españoles y europeos.
Su vida en Madrid se rodeó de personalidades tales como Salvador Dalí, Federico García Lorca ( quien le habría robado un novio) Miguel Hernández, Luis Buñuel y Rafael Alberti, con quien también compartió aventuras, hasta que llegó a la vida del poeta María Teresa León.
Se vanagloriaba de haberse quitado el sombrero en lugares tradicionales del Madrid de los años 1920, lo cual era un escándalo para las mujeres de su clase social, y ella se ufanaba de ser de “las sin sombrero”, una cabeza que no necesitaba cubrirse, porque en ella cabían las ideas más innovadoras. “Nos apedrearon en la Puerta del Sol”, contaba, riendo. Maruja era así, hecha para otro tiempo, que aún estaba por llegar.
Expuso en París en 1932, donde frecuentó a Breton y Eluard y Picasso. Regresó a España y poco después sonaban los aires de la próxima guerra, eran tiempo de viajar, pero lejos, donde ya había otros artistas e intelectuales que buscaron refugio.
Estuvo siempre con los más grandes, los que pasaron a la posteridad, los que la ayudaron a alojarse en un país desconocido, los que la valoraron y a los que supo deslumbrar y provocar.
Baste decir que en la invitación a Buenos Aires participó Victoria Ocampo, que fue recibida y apoyada por Gabriela Mistral, y que su primera exposición la organizó Ortega y Gasset, en la revista Occidente.
Años después, con la llamada “dictablanda” decidió volver a Madrid, y allí murió a los 93 años.
Pero no se fue del todo, porque irrumpió en el evento, se hizo carne, trasmutó piel y espíritu, voz y cadencia, cuando la actriz Marcela Fernández Señor irrumpió convertida en “la Mallo”. En una entrevista “ensoñada” por Paula Sabajanes, respondió preguntas, comentó dimes y diretes, aportó chismes de salón y de dormitorio, nos hizo reír y logró que el público se enamorara de esa pintora nuestra, gallega, poco conocida por la masiva colectividad, pero a la que desde hoy, las mujeres de Buenos Aires tendremos muy presente, como un ejemplo.
El presidente del Centro Galicia, José María Vila Alén, presente durante todo el acto, agradeció a las organizadoras y participantes, poniendo a disposición las magníficas instalaciones de la institución para lo que requieran.
El evento dejó a los asistentes con ganas de saber más de la protagonista, de analizar su obra, de rendir un homenaje a esta mujer que hizo historia, que supo romper moldes en lo cotidiano, lo social y lo pictórico, y a sus organizadoras con la sensación de haber comenzado un ciclo al que deben continuidad.
Al finalizar volvieron a escucharse las dulces Cantareiras, ahora acompañadas por Alberto López con su gaita y esos instrumentos que ponen magia en los sones y por Nacho Geuna, joven y virtuoso. Ya no faltaba nada. La calle Bartolomé Mitre era el terruño, caminamos por ella como por los carreiros de la Galicia eterna, la universal y la atemporal, la que sigue tradiciones y la que las rompe, para volver a crear.
Galicia viva en el presente y mirando al futuro, como Maruja Mallo.
Celia Otero Ledo
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