Augusto Assía, el ourensano que relató la Segunda Guerra Mundial
Biografías
Felipe Fernández Armesto, el hombre que el mundo conoció bajo el legendario seudónimo de Augusto Assía, fue mucho más que un periodista. Fue un testigo privilegiado que descifró las sombras y luces del siglo XX desde la primera línea de la historia.
Nacido en la localidad ourensana de A Mezquita en 1904, su infancia transcurrió entre el rumor de los castaños y el paso constante de viajeros en esa frontera donde Galicia se funde con Portugal y Castilla y León. Aquel paisaje de granito y soledad forjó en el joven Felipe un carácter austero y una curiosidad insaciable por lo que se escondía más allá de las montañas de su aldea, siendo esos primeros años el ancla que le permitió conservar su identidad mientras descifraba, décadas después, el destino de las grandes capitales del mundo.
Su pluma comenzó a forjarse en las aulas de Santiago de Compostela antes de emprender un viaje intelectual que lo llevaría a los epicentros del poder europeo. Fue en el Berlín de entreguerras donde su firma cobró relevancia internacional, pero su integridad frente al ascenso del nacionalsocialismo le valió la expulsión directa por parte del gobierno de Hitler en 1933; un evento que lo empujó hacia Londres, ciudad que se convertiría en su refugio y trinchera informativa.
Durante los años más oscuros de la Segunda Guerra Mundial, Assía se transformó en la voz de la esperanza para los lectores de La Vanguardia. Sus crónicas desde el Londres bombardeado desafiaron la lógica de la época al vaticinar, con una convicción inquebrantable, la derrota final de las potencias del Eje. Esta agudeza analítica lo llevó a cubrir posteriormente los juicios de Nüremberg y a trasladarse a Estados Unidos en 1950, donde diseccionó la realidad de la nueva superpotencia mundial.
A pesar de su cosmopolitismo, sus raíces gallegas permanecieron intactas, manifestándose en una defensa apasionada de su lengua natal. En 1967, protagonizó un sonado desafío al régimen franquista al exigir en prensa la equiparación de derechos para el gallego, comparando su marginación con la segregación racial estadounidense, un acto de valentía que le costó sanciones políticas pero que cimentó su autoridad moral.
Retirado finalmente en su explotación ganadera de Xanceda tras casi sesenta años de servicio al periodismo, Assía dejó un legado de obras fundamentales que transitan entre el ensayo y la recopilación de crónicas, como Los ingleses en su isla o La traición como arte. Su herencia no solo reside en sus libros, sino también en su linaje intelectual, siendo padre del reconocido historiador Felipe Fernández-Armesto y del jurista Juan Fernández-Armesto. Condecorado con la Orden del Imperio Británico y la Medalla Castelao, su fallecimiento en 2002 a los 97 años marcó el fin de una era en la que el periodismo era, ante todo, un ejercicio de observación directa, ironía fina y la verdad observada a pie de calle.
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