César Ollero, un próspero empresario en Argentina llegado de Paderne de Allariz

Biografías

Fue el creador de las heladeras Turena e impulsor de las conocidas motocicletas Tehuelche

César Ollero
César Ollero | Archivo personal de Lois Pérez Leira

Nacido en la casa con el número 37 de la pequeña aldea de Sáa (Paderne de Allariz, Ourense), César Ollero creció en una humilde familia labradora junto a sus padres, Antonio Ollero Garrido y Rosa Sáa Sáa. A finales de los años veinte, siendo todavía un niño de tan solo dos años, la familia emigró a Buenos Aires buscando un futuro mejor y se afincó en el popular barrio de La Boca, muy cerca del Riachuelo. Allí aprendió a jugar al fútbol, deporte en el que destacaba con gran habilidad, y se convirtió en un apasionado hincha de Boca Juniors.

Los padres de César Ollero
Los padres de César Ollero | Archivo personal de Lois Pérez Leira

A diferencia de la ruta habitual de la colectividad, la primera etapa de César no estuvo ligada al comercio familiar, sino al trabajo industrial. Apasionado por la mecánica, comenzó a trabajar desde muy joven como obrero metalúrgico y dibujante en la fábrica Klögner, una planta de carpintería metálica en el barrio de Villa del Parque, pegada a la propia casa de los Ollero. Era un entorno conflictivo: de los 900 obreros, unos 400 estaban alineados con el Frente del Trabajo nazi. César participó activamente en la resistencia contra ese grupo, llegando a quemar los periódicos que recibían a diario; al tiempo que volcó sus energías en apoyar a la Segunda República Española juntando papel metálico de paquetes de cigarrillos para recaudar fondos y asistiendo a los mítines de Castelao. 

Destacado por su oratoria y capacidad organizativa, César llegó a ser secretario de organización del gremio metalúrgico y se afilió al Partido Comunista en julio de 1941, el día de la invasión nazi a la Unión Soviética. Tras el golpe de 1943, fue secuestrado por la Policía Federal, que llegó a torturarlo con la picana eléctrica durante 45 días. Salvó la vida gracias a que unos obreros lo vieron acceder a las instalaciones policiales, y eso obligó a las autoridades a trasladarlo como preso legal al campo de concentración de la isla Martín García, donde permaneció hasta el 19 de julio de 1945.

Durante sus dos años de cautiverio compartió presidio con destacados dirigentes comunistas como José Peter, Pedro Chiaranti, el Gallego José Domínguez, Normando Iscaro, Germinal Iscaro, Benigno Mochkofsky alias Boris y el reconocido abogado defensor de presos políticos Rodolfo Aráoz Alfaro. Este último convirtió el ejercicio del derecho en una trinchera para la defensa de los presos políticos y sindicales en la Argentina; su propia experiencia de persecución y cautiverio —que más tarde plasmaría en su obra autobiográfica El recuerdo y las cárceles— refleja la sólida trama de solidaridad y la firmeza ideológica que unió a los prisioneros comunistas durante los años de reclusión.

Problemas de salud

En medio de la Segunda Guerra Mundial, el grupo analizaba con preocupación la coyuntura internacional y la simpatía de sectores del régimen hacia el Eje; conscientes de que sus vidas correrían un peligro inminente en caso de una victoria alemana, trazaron un elaborado plan de fuga de emergencia para poner en práctica si las circunstancias extremas lo exigían. Las condiciones del recinto naval eran duras e insalubres: la salud de César en el presidio se volvió sumamente precaria, hasta el punto de que existía el temor constante de que pudiera contraer tuberculosis. En un gesto ejemplar de solidaridad orgánica y fraternidad, sus compañeros de presidio juntaban todos los días un poco de su propia mantequilla para dársela a César y asegurar que estuviera mejor alimentado. 

Por aquellos años se había creado la Liga Argentina por los Derechos del Hombre —articulada al estilo del Socorro Rojo Internacional y dedicada a la atención de los presos políticos—, organismo al que se incorporó decididamente doña Rosa, la madre de César. La gallega era de armas tomar y más cuando se trataba de su hijo: desde la Liga organizó junto a otros familiares la única visita que les permitieron las autoridades policiales, trasladándose hasta la isla en un pequeño barquito cargado de alimentos de todo tipo para socorrer a los prisioneros.

A pesar de la debilidad física y del entorno concentracionario, los prisioneros convirtieron el encierro en una auténtica universidad popular: impartieron cursos teóricos y formativos, y el propio César redactó un libro de divulgación sobre Materialismo Dialéctico para difundir entre los trabajadores detenidos. Pero, en los momentos libres, tras las rutinas de ejercicios físicos y el estudio, también encontraban espacio para la alegría colectiva: el recinto se animaba con los tangos que cantaba Germinal Iscaro y con el espectáculo del Gallego José Domínguez haciendo zapateo sobre una mesa mientras los presos aplaudían, un número de baile que entusiasmaba a todos los prisioneros y aliviaba el peso de la reclusión. 

En las elecciones generales de 1946, debido a su enorme prestigio sindical y político, fue propuesto por el Partido Comunista Argentino como candidato a diputado nacional; sin embargo, la candidatura no pudo concretarse debido a su condición legal de ciudadano español.

Próspera carrera empresarial

Tras su liberación, las circunstancias cambiaron drásticamente para él: fue apartado de la estructura orgánica del partido por discrepancias políticas con la directiva, fue perseguido y llegó a ser acosado y metido en las listas negras patronales que le impedían volver a ser contratado en la industria metalúrgica.

Obligado por tanto a abrir una panadería para poder subsistir, fue precisamente ese período de necesidad el que lo encumbró como empresario. Tras pedir un préstamo de 1.400 pesos a un amigo, comenzó a fabricar en una casa de Dock Sud una heladera comercial tan grande que tuvo que romper la ventana para sacarla

Ese ingenio técnico marcado por la urgencia familiar fue el verdadero origen de su próspera carrera empresarial posterior, que lo llevó a convertirse en el creador de las heladeras Turena y en impulsor de las conocidas motocicletas Tehuelche.

Eso sí, a pesar de haberse alejado de la militancia orgánica activa en aquellos años, César mantuvo vivos su pensamiento marxista y un vínculo estrecho de afecto, solidaridad y contacto con el Partido Comunista Argentino a lo largo de toda su vida y hasta su fallecimiento.

Compromiso político y galleguista

Más adelante, formaría su familia con Luisa Esther López y sus hijas Silvia e Inés. Sin embargo, la noche del 19 de julio de 1977, la tragedia golpeó brutalmente al hogar cuando Inés, de 21 años y comprometida militante de la Federación Juvenil Comunista, regresaba en el autobús de la línea 187 tras una reunión política. A la altura de las avenidas Constituyentes y Albarellos, un operativo conjunto de la Policía Federal y la Escuela de Mecánica de la Armada interceptó el colectivo y la detuvo al encontrarle tres ejemplares de un libro de Rodolfo Ghioldi.

Inés Ollero
Inés Ollero | Archivo personal de Lois Pérez Leira

A partir de esa misma noche, César inició una búsqueda incansable. Realizó el mismo recorrido del autobús a la misma hora, hasta localizar al chofer y a quince pasajeros que presenciaron lo sucedido. Con el testimonio del conductor —quien la reconoció de inmediato— y la increíble aparición de un acta oficial, logró probar que Inés había sido trasladada a la ESMA, desde donde fue trasladada en los llamados "vuelos de la muerte" y tirada viva al mar.

En la última parte de su vida, fue un activo socio e integrante de la Federación de Asociaciones Gallegas, desde donde continuó profundamente vinculado a las causas democráticas y a la memoria colectiva de los exiliados e inmigrantes. César Ollero falleció en Buenos Aires el 13 de febrero de 2004, dejando tras de sí una trayectoria ejemplar de dignidad, resistencia obrera y lucha incansable por los derechos humanos, habiendo mantenido incólume, hasta el último de sus días y hasta su fallecimiento, su inquebrantable ideal comunista. 

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