SOLDADOR DE LA NASA
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Elisabet Fernández - La Región
París, Pamplona, Santa Pola (Alicante) y San Cristovo de Regodeigón (Ribadavia) están unidos en una historia de emigración de hace medio siglo.
El pamplonés Filiberto Martínez, de 85 años, se propuso remover cielo y tierra para encontrar a la niña de las fotos que aparecieron recientemente en su casa de manera casual. Son de los años 70 y una Estela Moreira en blanco y negro y con 10 años posa para su madre emigrada en París desde una plaza de Ribadavia. Lo indica la dedicatoria. “Con todo cariño a mi mamaíta. Fuimos al cine y esta foto la saqué sin pensar”. Hay hasta siete retratos más en el cajón de Filiberto: son recuerdos de su vecina ourensana en París, la mujer a la que llegaban las noticias de su pequeña a miles de kilómetros, como tantas familias de gallegos que hicieron las maletas y dejaron lo más preciado en casa, con la intención de volver. Filiberto y aquella mujer perdieron el contacto y, las fotos, sin saber cómo, aparecieron en la vivienda de este pamplonés años después de regresar de Francia. El hombre buscó en redes sociales a Estela; también llamó a la antigua casa de la fotografía, preguntó en el ayuntamiento y, finalmente, contactó con La Región. Su deseo era empaquetar los recuerdos y enviarlos a esa niña que jamás conoció y de la que solo sabía que era de Ourense.
El pasado 12 de mayo, hace justo un mes, este periódico publicaba las fotografías de Estela para encontrar pistas de su paradero. Escribieron vecinos de Ribadavia para confirmar que el retrato estaba hecho en una plaza de O Ribeiro. Nadie más dio señales de quién podía ser la protagonista de la foto, hasta ayer. “¿Hola? Creo que me estáis buscando”, dice una voz al otro lado del teléfono.
Estela Moreira Feijóo es la niña de la foto. Ahora tiene 60 años y ha hecho su vida en Santa Pola, en Alicante. No olvida sus raíces, a donde suele volver cuando puede. “Me he criado en San Cristovo, al lado de Ribadavia. Me acuerdo perfectamente de esas fotos, de hecho pensé que estaban en mi casa porque lo hablé con mi hermana ayer. Yo vivía en Ourense con mi abuela y se las mandaba a París a mi madre, a la emigración”, cuenta al otro lado del teléfono.
Su madre, la dueña de las fotografías, falleció hace 28 años. Estela Moreira se marchó de Ourense muy joven, con 24. Aún tiene familia aquí. Y casa. De hecho, fue gracias a sus vecinos que se encontró con el recorte de prensa en el que era la protagonista. “Estoy en el grupo de Facebook de la gente de O Ribeiro. Me enteré por ahí. Dije: ¡Pero si soy yo!”, explica emocionada.
Filiberto ha tenido que esperar unos meses para devolverle el recuerdo que halló de casualidad a su dueña gallega. El objetivo que se marcó a sus 85 años está cumplido. Al otro lado del teléfono, agradece a todos los ourensanos su implicación. Pregunta por aquella vecina de París a la que su niña le mandaba fotos desde Ourense. Lamenta su fallecimiento.
Filiberto y su familia, implicados con esta historia, ya preparan una caja para enviar de Pamplona a Santa Pola el recuerdo de una ourensana fraguado en París. La emigración volvió a unir dos caminos de vida.
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