LA DERECHA, LEJOS DE LOS 61 ESCAÑOS
Gráfico | Netanyahu gana las elecciones en Israel pero pierde la mayoría parlamentaria
LA DERECHA, LEJOS DE LOS 61 ESCAÑOS
Benjamin Netanyahu ha ganado las elecciones legislativas celebradas este martes en Israel, pero pierde la mayoría parlamentaria que tenía hasta ahora y afronta un escenario político incierto. Con más de la mitad de los votos escrutados, el Likud, su formación, se mantiene como el partido más votado, mientras que el bloque opositor liderado por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot no logra reunir los apoyos suficientes para formar una alternativa de Gobierno.
Los resultados provisionales reflejan la fragmentación del Parlamento israelí, integrado por 120 diputados y en el que se necesitan 61 escaños para alcanzar la mayoría absoluta. A la espera de que finalice el escrutinio, el bloque de Netanyahu suma alrededor de 55 escaños, frente a los 49 de las formaciones opositoras, mientras que los partidos árabes obtienen un resultado histórico que puede resultar decisivo para la gobernabilidad.
El Likud se sitúa a la cabeza con 27 diputados, por delante de Yashar, el partido de Eisenkot, que consigue 21. La diferencia entre ambas formaciones no resuelve, sin embargo, la principal incógnita de estos comicios: quién podrá reunir los apoyos necesarios para formar el próximo Ejecutivo.
El avance de las formaciones árabes israelíes constituye una de las principales sorpresas de la jornada electoral. Según los sondeos a pie de urna, podrían alcanzar conjuntamente hasta 18 escaños, casi el doble de los diez que lograron en las elecciones de 2022. Con el escrutinio todavía en marcha, su representación se sitúa en torno a los 15 diputados.
La movilización de este electorado ha contribuido a alejar a los dos grandes bloques de la mayoría absoluta. El aumento de la criminalidad en las comunidades árabes y el rechazo al Ejecutivo más derechista de la historia de Israel han impulsado la participación de este sector de la población.
Los partidos árabes podrían facilitar una mayoría alternativa junto a las formaciones contrarias a Netanyahu, aunque la posibilidad de un acuerdo plantea dificultades políticas. Eisenkot ha defendido durante la campaña su intención de formar un Gobierno sin depender de estas fuerzas, mientras que Netanyahu ha rechazado la posibilidad de un Ejecutivo apoyado por ellas.
Ante este escenario, las negociaciones podrían desembocar en un Gobierno encabezado por la oposición, un pacto de unidad con el actual primer ministro o un bloqueo político que obligue a convocar nuevas elecciones. Cualquiera de estas opciones exigiría acuerdos entre partidos con posiciones muy alejadas en cuestiones fundamentales.
Los comicios han estado condicionados por las consecuencias del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y por la gestión posterior de la guerra. La falta de una comisión estatal de investigación sobre los fallos que permitieron el ataque, la situación de seguridad y el aislamiento internacional de Israel han centrado buena parte del debate político.
También han pesado la polémica sobre la exención del servicio militar de los jóvenes ultraortodoxos, el coste de la vida y la controvertida reforma judicial impulsada por el Gobierno. Estos asuntos han alimentado el desgaste de Netanyahu, que afrontaba las urnas después de cuatro años marcados por la guerra y las divisiones internas.
Pese a ello, el primer ministro ha resistido las previsiones más desfavorables de las encuestas y ha celebrado que su partido vuelva a ser la fuerza más votada. Durante la madrugada, defendió la necesidad de formar un Gobierno de derechas fuerte y destacó la situación militar de Israel frente a Irán.
Por su parte, Eisenkot interpretó inicialmente los resultados como una muestra de desconfianza hacia el Ejecutivo y se comprometió a iniciar negociaciones para impulsar un cambio político. Sin embargo, el reparto provisional de escaños deja a su bloque sin una mayoría clara.
La jornada electoral registró una participación del 77,7%, la más elevada desde 1999, según los datos provisionales difundidos durante el recuento. La movilización fue especialmente significativa entre la población árabe israelí, cuya participación alcanzó alrededor del 80%, de acuerdo con las cifras publicadas durante la noche electoral.
Millones de ciudadanos acudieron a las urnas en unos comicios considerados decisivos para el futuro político del país. El resultado refleja una sociedad dividida entre quienes apuestan por mantener la línea del actual Gobierno y quienes reclaman un cambio tras los acontecimientos de los últimos años.
Con el recuento todavía abierto, la victoria electoral de Netanyahu no garantiza su continuidad al frente del Gobierno. El reparto definitivo de escaños y la capacidad de los partidos para alcanzar acuerdos determinarán si Israel consigue formar un nuevo Ejecutivo o se encamina hacia otro periodo de bloqueo político.
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