Muere Superlópez, el ingeniero que revolucionó el sector del automóvil

OBITUARIO

El ingeniero vasco revolucionó los sistemas de producción de General Motors y Volkswagen, donde alcanzó fama internacional como “Superlópez”, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes y controvertidas de la industria automovilística europea

Superlópez, el ingeniero que revolucionó el sector del automóvil
Superlópez, el ingeniero que revolucionó el sector del automóvil | Europa Press

José Ignacio López de Arriortúa, uno de los ingenieros españoles más influyentes del siglo XX y figura clave en la transformación de la industria automovilística europea, falleció a los 84 años en su localidad natal de Amorebieta. Conocido internacionalmente como Superlópez, su nombre quedó asociado a una revolución en los sistemas de producción, a una carrera meteórica en dos de las mayores multinacionales del motor y a una de las controversias empresariales más sonadas de su tiempo.

Nacido en 1941, López de Arriortúa se formó como ingeniero industrial en la Escuela de Ingenieros de Bilbao, donde se doctoró en 1966. Sus primeros pasos profesionales los dio en Firestone, en Basauri, antes de incorporarse a proyectos industriales que lo situaron en el radar de grandes compañías. Su talento para la organización, su disciplina y su capacidad para detectar ineficiencias lo convirtieron pronto en un perfil singular dentro del panorama industrial español.

Su gran salto llegó en 1980, cuando General Motors decidió instalarse en Figueruelas, Zaragoza, y lo contrató para dirigir la organización industrial de la nueva planta. Allí desplegó un método de trabajo que lo haría célebre: análisis minucioso de procesos, presión sobre proveedores para reducir costes y una implicación directa con los equipos de producción. Su estilo, exigente y obsesivo con la eficiencia, transformó la fábrica aragonesa y llamó la atención de la cúpula de GM, que lo ascendió hasta convertirlo en jefe mundial de compras.

Durante los años ochenta y principios de los noventa, López de Arriortúa se convirtió en uno de los ejecutivos más codiciados del sector. Su capacidad para sanear cuentas y mejorar la competitividad de las plantas le valió el apodo de Superlópez, un sobrenombre que lo acompañaría durante toda su carrera. Su figura, sin embargo, no estuvo exenta de polémica. En 1993 aceptó la oferta de Volkswagen para incorporarse como vicepresidente, un movimiento que desencadenó un conflicto judicial sin precedentes entre las dos multinacionales. General Motors lo acusó de fraude, espionaje industrial y apropiación de documentos confidenciales. El caso tensó las relaciones entre Estados Unidos y Alemania y situó al ingeniero vasco en el centro de una tormenta mediática y empresarial.

A finales de 1996, López de Arriortúa dimitió de su cargo en Volkswagen y regresó a España. El proceso judicial se cerró en 1997 con un acuerdo entre ambas compañías, que incluyó compensaciones económicas y compromisos comerciales. En 1998, la multinacional estadounidense retiró definitivamente los cargos. Ese mismo año, un grave accidente de tráfico en Burgos marcó un punto de inflexión en su vida. Estuvo hospitalizado durante meses y perdió la memoria temporalmente. Tras su recuperación, se retiró de la vida pública y se instaló en Busturia, donde vivió alejado del foco mediático.

A pesar de las controversias, su legado en la industria es indiscutible. López de Arriortúa introdujo métodos de producción que influyeron en la organización industrial europea, impulsó la colaboración estrecha con proveedores y defendió modelos de fabricación que buscaban reducir costes sin sacrificar calidad. Su visión incluía incluso la idea de instalar una planta automovilística en Amorebieta, un proyecto que finalmente no prosperó pero que reflejaba su deseo de vincular el desarrollo industrial con su tierra.

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