Al Qaeda, 25 años después: amenaza dispersa y resiliente

TERRORISMO INTERNACIONAL

La red terrorista, Al Qaeda, trasladó su centro de gravedad a África, sus filiales concentran allí sus actividades

Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri, ambos muertos en acciones de EEUU, en 2011 y 2022.
Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri, ambos muertos en acciones de EEUU, en 2011 y 2022. | Europa Press

Veinticinco años después del atentado del 11 de septiembre de 2001 -el mayor ataque terrorista de la historia, perpetrado por Al Qaeda y responsable de miles de muertes- la organización fundada por Usama bin Laden sigue representando una amenaza global, aunque ya no ocupa el centro de atención de Estados Unidos y sus aliados. Expertos del Soufan Center, como Colin P. Clarke y Clara Broekaert, describen una paradoja: Al Qaeda es hoy menos prioritaria en la agenda de seguridad occidental, pero más numerosa, más extendida y más cohesionada que en 2001.

La organización ha sobrevivido a la eliminación de su liderazgo histórico -Bin Laden en 2011 y Ayman al Zawahiri en 2022- mediante una estructura descentralizada basada en filiales regionales. Cuando ejecutó el 11S, contaba con unos 400 combatientes; hoy, según la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI), suma entre 15.000 y 28.000 milicianos en todo el mundo, a los que se añaden los 12.000 a 18.000 de Estado Islámico y sus ramas.

El “centro de gravedad” de Al Qaeda ya no está en Afganistán o Oriente Próximo, sino en el África Subsahariana. Allí operan sus filiales más activas: Al Shabaab en Somalia, considerada la más fuerte, y el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) en el Sahel, la más mortífera. Esta expansión territorial no implica una reducción del riesgo para Occidente. Al contrario, los expertos advierten que las filiales locales, aunque motivadas por agendas regionales, podrían evolucionar hacia amenazas transnacionales.

Estas filiales no actúan como grupos aislados

El Consejo de Seguridad de la ONU confirma que estas filiales no actúan como grupos aislados. Comparten fondos, entrenamiento y planificación. Un ejemplo: los 15 millones de dólares obtenidos por JNIM (Grupo de Apoyo al Islam y a los musulmanes, una coalición yihadista armada activa en el Sahel) en un rescate en 2023 terminaron financiando también a otras ramas de la red.

Al frente

Al Qaeda afronta este aniversario sin líder oficial declarado, aunque se considera que Saif al Adel -antiguo escolta de Bin Laden y actualmente en Irán o en tránsito hacia Afganistán- dirige la organización. Su liderazgo ha reforzado la cohesión interna y la capacidad de sostener campañas prolongadas.

La mayor preocupación de los analistas es que el desplazamiento del foco estratégico de Estados Unidos hacia China, el narcotráfico o el extremismo doméstico esté generando una peligrosa complacencia.

Como advierte Aaron Y. Zelin, investigador estadounidense especializado en movimientos yihadistas: “Estados Unidos está desmantelando su memoria antiterrorista en un momento en que su adversario cuenta con ser olvidado”.

Alertas ante la desmemoria de la lucha antiterrorista

Mientras Al Qaeda mantiene una estructura más cohesionada y numerosa que hace 25 años, varios expertos alertan de un fenómeno inquietante: la progresiva pérdida de atención política, presupuestaria y mediática hacia el terrorismo yihadista. Este “vacío de vigilancia” podría convertirse en una oportunidad para que la organización vuelva a golpear por sorpresa.

Bruce Hoffman, referente en estudios sobre terrorismo, recuerda que evaluar la amenaza de Al Qaeda únicamente por la ausencia de un nuevo ataque de gran escala es un error. La red cuenta con al menos veinte filiales activas y opera en regiones donde la presencia internacional es mínima. Su capacidad de adaptación, dispersión y cooperación interna la hace más difícil de detectar y neutralizar.

El desplazamiento del foco estadounidense hacia China, el crimen organizado o el extremismo doméstico ha reducido los recursos dedicados a la investigación y prevención del terrorismo internacional. Según Aaron Y. Zelin, esto supone “desaprender” las lecciones del 11S y aumenta el riesgo de que señales críticas pasen inadvertidas, como ocurrió antes del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Martha Crenshaw, del CISAC, insiste en que la complacencia es un peligro real. Aunque la amenaza pueda parecer contenida, no ha desaparecido. La fragmentación de Al Qaeda en múltiples filiales regionales puede generar la falsa impresión de que el riesgo es local, cuando la historia demuestra que estas estructuras pueden reorientarse hacia objetivos internacionales. La combinación de una red yihadista cohesionada y un Occidente menos atento crea un escenario que los expertos consideran delicado.

Operativa en la Península Arábiga, Yemen, Afganistán y Pakistán

Al Qaeda mantiene varias franquicias activas más allá de JNIM en el Sahel y Al Shabab en Somalia. En el Magreb opera AQMI, con unos pocos cientos de miembros y funciones ideológicas y de formación, y en el norte de Nigeria actúa Ansaru. Fuera de África, Al Qaeda en la Península Arábiga conserva capacidad operativa en Yemen, mientras que la rama del Subcontinente Indio intenta consolidarse entre Afganistán y Pakistán. La organización avanza hacia una estructura más coordinada, discreta y potencialmente más peligrosa.

La retirada de fondos de Trump redujo programas de vigilancia

La retirada de fondos antiterroristas durante la Administración Trump redujo programas de vigilancia, análisis y cooperación internacional, debilitando la capacidad de seguimiento de redes yihadistas. En 2026, los servicios de inteligencia operan con menos recursos y prioridades desplazadas hacia China. Esta combinación ha generado brechas en la detección temprana y un riesgo creciente de pasar por alto señales críticas, en un momento en que Al Qaeda busca aprovechar cualquier vacío para fortalecerse.

El grupo entra en una tercera etapa bajo el liderazgo de Saif al Adel

Al Qaeda ha entrado en una nueva etapa marcada por la reconstrucción organizativa y una estrategia común dirigida por Saif al Adel, considerado su líder de facto. Tras el liderazgo carismático de Bin Laden y la fase de supervivencia y descentralización con Al Zawahiri, la organización apuesta ahora por una estructura más cohesionada y coordinada en varios países. Este modelo, más discreto y menos propagandístico, refuerza su resiliencia y la convierte en una red silenciosa pero potencialmente más peligrosa.

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