CONCIERTO EN SANTO ESTEVO
Amancio Prada, artista y compositor: "Yo canto lo que vivo, vivo lo que canto y solo soy lo que canto”
CONCIERTO EN SANTO ESTEVO
Amancio Prada (Dehesas, León, 1949) ha construido una de las trayectorias más singulares de la música española a partir del diálogo entre canción y poesía. Durante más de medio siglo ha puesto voz a autores como Rosalía de Castro, San Juan de la Cruz o Carmen Martín Gaite. Hoy, a las 20,00 horas, regresa a la obra de Rosalía con un concierto en el monasterio de Santo Estevo en Nogueira de Ramuín, un escenario que conecta de forma natural con el espíritu de sus canciones.
Pregunta. ¿Tiene ganas de volver a cantar a Rosalía en un lugar como Santo Estevo?
Respuesta. Me apetece mucho cantarla precisamente allí, en un paraje de enorme riqueza natural y patrimonial. Esos espacios me inspiran y me acogen de una forma especial. Creo que su poesía va a encontrarse allí con su paisaje natural.
P. Han pasado más de cincuenta años desde la publicación de su disco dedicado a Rosalía. ¿Cómo han cambiado aquellas canciones?
R. La canción cambia constantemente. Nadie se baña dos veces en la misma canción. Depende del lugar y del momento. Es como una piedra tallada que nunca terminas de pulir. Con las sucesivas lecturas y diferentes entonaciones vas entrando cada vez más dentro del poema y parece que la canción también va constituyéndote a ti. Canto lo que vivo, vivo lo que canto y solo soy lo que canto.
P. ¿Qué encontró en Rosalía aquel joven?
R. La leía cuando estaba lejos del Bierzo, en Valladolid, rodeado de un paisaje muy distinto. Por primera vez sentí la morriña del paisaje, de la lluvia y de las montañas de Ferradillo sobre el río Sil. Era como leer mi propia alma. Parecía que ella me dictaba al oído lo que yo sentía.
P. ¿Cómo acabaron convirtiéndose aquellos poemas en canciones?
R. Me sumergí en ellos, los leí y los aprendí de memoria casi sin querer, a fuerza de recitarlos. Así fueron adquiriendo una entonación hasta que, de pronto, el poema se convirtió en canción. Rosalía ha estado siempre en mi vida. Nunca he dejado de cantarla.
P. Habla de ella como de una relación muy íntima.
R. A veces tengo la sensación de que podría decir, como Flaubert decía de Madame Bovary: “Rosalía soy yo”. Cuando canto a Rosalía, soy Rosalía. Pero cualquiera que la lea puede identificarse con sus poemas. Además, en ella no se percibe la intención literaria. Su poesía parece espontánea y natural. Se inspiró muchas veces en coplas y canciones populares. Creo que eso la llevaba a sentirse también pueblo, cantando sus alegrías, sus tristezas, sus preocupaciones y sus esfuerzos. En su poesía está el paisaje natural, pero también el humano y su solidaridad con toda la gente que la rodeaba.
P. La emigración, el desarraigo, la pobreza o la soledad siguen siendo asuntos actuales.
R. Sí, para los gallegos y para quienes no lo son. Cuando explicas mínimamente sus poemas, la gente enseguida se queda prendida de ella. No pasa el tiempo por Rosalía.
P. Gran parte de su carrera ha consistido en convertir poemas en canciones. ¿Cómo descubre la música que encierra un texto?
R. Yo canto lo que me encanta. Hay poemas hermosos de los que, sin embargo, no llego a enamorarme. Pero llega un momento en que alguno parece decirme que escuche la música que lleva dentro. No se trata de añadir música, sino de extraerla. Al tirar de ese hilo nace la canción y el pensamiento del poema se vuelve más claro, como si cada verso fuera un dardo que va directamente al corazón.
P. Creció en El Bierzo escuchando el gallego de la zona. ¿Le ayudó a acercarse a Rosalía?
R. Era un gallego mezclado, pero suficiente para entenderla. Después entré en el de Cunqueiro, en el de los trovadores galaicoportugueses, Manuel María, Darío Xohán Cabana o Celso Emilio Ferreiro. Además, Rosalía también tiene poemas hermosísimos en castellano. “En las orillas del Sar” abre, junto con Bécquer, la ventana de la poesía moderna.
P. Ourense está recuperando la vinculación de Carmen Martín Gaite con Piñor. ¿Qué lugar ocupaba Galicia en su memoria?
R. Ella vino a escucharme a Madrid en mayo de 1975. La llevó el crítico literario gallego Gustavo Fabra, que le dijo que tenía que conocer a un muchacho llegado de París que cantaba a Rosalía. Así nos conocimos. A la semana siguiente vino con varios amigos y acabamos cantando hasta muy tarde en un bar de Madrid. Las canciones gallegas le brotaban con enorme naturalidad.
P. La amistad entre ambos se trasladó pronto al terreno artístico.
R. Fue una relación tan íntima y fecunda que en diciembre de aquel mismo año ya estábamos trabajando juntos. De ahí surgió “Caravel de caraveles”, un disco que grabamos y que le dediqué. También venía a verme con frecuencia a Segovia, una ciudad que le encantaba.
P. El año que viene se cumplirán cincuenta años del estreno de su “Cántico espiritual”.
R. A partir de ahora, en mi carrera casi todo empieza a cumplir cincuenta años. Veinte años no son nada, cuarenta son el doble de nada, pero cincuenta ya parece que son algo.
P. Son cinco décadas de experiencia.
R. Más que una experiencia, una afición. El canto es lo que alimenta mis ganas de vivir. Es mi vida misma.
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