Los comerciantes de las galerías hartos por su abandono: "Hay inseguridad, aquí vinieron hasta a robar plantas"

PIDEN INSTALACIÓN DE CÁMARAS

La falta de seguridad en algunos centros comerciales obliga a comerciantes a cerrar con cadenas por las noches

Pintadas en el Centro Comercial Xesta.
Pintadas en el Centro Comercial Xesta. | Miguel Ángel

Las galerías de la ciudad de Ourense y su pérdida de vida en las últimas décadas traen consigo un abandono, realmente visible con un simple paseo por sus pasillos, apoderados por el polvo y la suciedad, pudiéndose apreciar en muchos casos incluso latas de refresco que llevan tiradas décadas.

El vandalismo también se apodera de estos espacios vacíos, cuyas paredes cada vez está más llenas de pintadas que de carteles de negocios. “Pintas la pared y al cabo de dos días vuelves a tener un grafiti”, criticó Ana López Otero, de Confecciones Otero, situada en las galerías entre el Jardín del Posío y la rúa Pena Trevinca.

En el Centro Comercial Xesta ya han solicitado la instalación de cámaras, debido a la falta de seguridad. Daniela Mendes, de la tienda y taller Mister Lolo, lamenta la falta de acción para evitar que grupos de jóvenes utilicen los pasillos para beber o fumar. “Da mal rollo, deja en muy mal lugar a las galerías y genera sensación de abandono”, se queja, obligada a escoltar a sus pequeñas alumnas al baño.

Hasta hace año y medio su local se encontraba en el Centro Comercial Sol, donde la situación comenzó a ponerse peligrosa por los robos. Después de que usurpasen ordenadores y saqueasen una librería en poco tiempo, los comerciante empezaron a poner cadenas en sus puertas tras el cierre. “Empecé a cerrar a las siete porque en invierno se pone oscuro y me quedo sola, a un poco de miedo”, confesó Blanca Machado de La Costura.

Alberto Gontán, Galerías Unión Progreso.
Alberto Gontán, Galerías Unión Progreso. | Miguel Ángel
“Sobrevivimos porque nosotros no tenemos atención al público” — Alberto Gontán - Unión Progreso

A día de hoy los locales abiertos de esta galería, que no están a pie de calle, no están centrados en el cliente, sino que son sedes de empresas con un modelo de negocio online, algún despacho o incluso sedes de equipos deportivos.

Virginia Pérez, Galerías Proyflem.
Virginia Pérez, Galerías Proyflem. | Miguel Ángel
“En los 90 esto estaba a tope: videoclub, Don Disco, muchas tiendas” — Virginia Pérez - Galerías Proyflem

La Boutique del Botón es la gran resistencia -con 46 años de existencia- de este centro comercial, que marcó el inicio de un Ourense contemporáneo, con las primeras escaleras mecánicas de la historia de la ciudad.

Jorge Fernández, Galerías Roma.
Jorge Fernández, Galerías Roma. | Miguel Ángel
“Habrá unos 8 o 9 locales abiertos, solo un 20% está ocupado” — Jorge Fernández - Galerías Roma

“El futuro de las galerías está en centralizarse en un local único, hacer un gimnasio o un supermercado”, es la solución de Fernández, encargado de la gestión de este complejo que ve difícil competir en el mercado actual.

Laura Colmenero, Centro comercial avenida de Zamora.
Laura Colmenero, Centro comercial avenida de Zamora. | Miguel Ángel
“El comercio local está mal y las galerías aún quedan más colgadas” — Laura Colmenero - Centro Comercial Avenida de Zamora

Se animó a abrir su tienda Cukadas hace un par de años en estas galerías. Es uno de los pocos locales que permanecen aquí abiertos, gracias a su condición de estar más a pie de calle, dentro de un entorno abandonado.

Ana López- Otero, Galerías Posío-Pena Trevinca.
Ana López- Otero, Galerías Posío-Pena Trevinca. | Miguel Ángel
“Pintas la pared y al cabo de dos días vuelves a tener un grafiti” — Ana López Otero - Galerías Posío-Pena Trevinca

Confecciones Otero lleva 36 años en este gran espacio en el que apenas sobreviven media decena de locales abiertos, en unas galerías de dos pisos a las que incluso se les quitó espacio para plazas de garaje.

María Dolores Rodríguez, Centro comercial El Parque.
María Dolores Rodríguez, Centro comercial El Parque. | Miguel Ángel
“Esto estaba lleno, había carnicería y pescadería pero se jubilaron y nada” — María Dolores Rodríguez - Centro Comercial El Parque

La copistería LXCD nació a finales del siglo XX como una librería jurídica y ahora sobrevive por su ubicación cercana a la Policía Nacional: “Mucha gente viene a hacer documentación de extranjería”, resaltó Rodríguez.

Charo Parral, Centro Comercial Santo Domingo.
Charo Parral, Centro Comercial Santo Domingo. | Miguel Ángel
“Hace 40 años había un ambientazo, ahora quedamos cuatro gatos” — Charo Parral - Centro Comercial Santo Domingo

“Los clientes no quieren que me jubile a pesar de que cumplo 80 años”, indicó Charo Parral, que lleva la mitad de su vida al frente de la Rosa de Jericó en la entreplanta de estas galerías mientras “abren locales y cierran a los cuatro días”.

Daniela Medes, Centro comercial Xesta.
Daniela Medes, Centro comercial Xesta. | Miguel Ángel
“Hay gente que bebe en las galerías, da mal rollo y mala imagen” — Daniela Mendes - Centro Comercial Xesta

Tras reinventar su tienda de ropa -de marca propia- en un taller de costura, lleva un año y medio en estas galerías. Ve problemáticas algunas zonas del espacio, como los baños: “No puedo dejarlas ir solas, tengo que parar la clase”. En estas galerías ya han solicitado la instalación de cámaras de seguridad.

Blanca Machado, Centro Comercial Sol.
Blanca Machado, Centro Comercial Sol. | Migue Ángel
“Hay inseguridad, aquí vinieron hasta a robar las plantas” — Blanca Machado - Centro Comercial Sol

Este centro comercial registró robos en los últimos meses, lo que forzó a los comerciantes a cerrar sus negocios con cadenas, después de que usurpasen ordenadores y saqueasen una librería en poco tiempo. “Empecé a cerrar a las siete porque en invierno se pone oscuro y me quedo sola, a un poco de miedo”, confesó Blanca Machado

Imari García, en las Galerías del parque San Lázaro
Imari García, en las Galerías del parque San Lázaro | Miguel Ángel
“Yo de niña quedaba con mis amigas en las galerías, tenían vida” — Imari García - Centro Comercial Parque San Lázaro

Muchos de los negocios que perduran pasan de padres a hijos, como es el caso de la librería Garce, que ahora está en manos de Imari García, que vio el paso del tiempo en estas galerías desde que “pasaba los recreos aquí”.

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