Daniel Adolfo Pérez Fentes, urólogo: “Trabajaré por una urología humanista desde la Academia de Medicina”

ENTREVISTA

El doctor Daniel Adolfo Pérez Fentes es un médico ourensano que se incorpora a la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia en el sillón de urología. Desde allí fomentará una urología en la que la relación médico-paciente siga siendo algo irrenunciable. Le hemos entrevistado justo cuando acaba de conocer su ingreso en esta institución.

El doctor Daniel Adolfo Pérez Fentes, urólogo, en su consulta.
El doctor Daniel Adolfo Pérez Fentes, urólogo, en su consulta. | La Región

Los intangibles del juego del baloncesto son lo que no se ve en las estadísticas, como la disciplina o la filosofía. Daniel Adolfo Pérez Fentes (Ourense, 1978) los conoce bien. Siente pasión por el baloncesto -entrena al CB Ames, recién ascendido a la liga autonómica, por cierto, ganando al Nacex EDO Blanco Amor de Ourense-. Son valores, remarca, que le inculcaron en su familia y que le han marcado profesionalmente. Además de entrenador, es médico y un referente nacional e internacional en urología. Ejerce en la Unidad de Endourología y Litiasis del Servicio de Urología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). Sin haber cruzado la barrera de los 50, le acaban de conceder el ingreso como académico numerario en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia (RAMG). El sillón de urología llevará su nombre desde el próximo otoño.

Las frases

“Mi vocación nunca fue la Medicina. Es resultado de la serendipia”.

“La urología me permite asistir al paciente, operar e investigar”.

“El baloncesto me ayuda a ser mejor urólogo”.

Pregunta. ¿La noticia le sorprendió sentado?

Respuesta. Es un orgullo y una responsabilidad porque es un reconocimiento que proviene de los académicos, no es algo a lo que uno se postule, y creí que la edad no respaldaría mi candidatura, pero han valorado positivamente mi trayectoria.

P. ¿Qué supone este paso?

R. Espero estar a la altura y que desde la Academia pueda aportar más a mi especialidad y a la sociedad. Desde allí quiero seguir desarrollando una visión humanista, quizá sea un aspecto que incluiré en mi discurso de nombramiento.

P. Hay largas horas de movimiento antes de sentarse en ese sillón. ¿Qué hitos incluyó su candidatura?

R. Estoy centrado en la uro-oncología, la endourología y la litiasis urinaria. Y soy coordinador del Grupo de Urología Oncológica de la Asociación Española de Urología, desde donde impulso actividades científicas, docentes y de investigación. La nefrolitotomía percutánea (NLP) es un procedimiento mínimamente invasivo para extraer cálculos renales, que contribuí a implantar en numerosos hospitales.

P. ¿Cómo empezó tanta entrega?

R. Mi vocación nunca fue la Medicina. Todo es resultado de la serendipia. Me formé en el colegio Salesianos de Ourense y fueron las buenas notas las que me llevaron a elegir esta carrera en Santiago, pero ni sabía lo que era la urología.

P. ¿Cómo derivó entonces en la urología?

R. Los comienzos en la universidad no fueron demasiado buenos, pero al empezar la aplicación más práctica de los conocimientos, la Medicina ya no me soltó. Quería una especialidad que me permitiera abordar tres ámbitos: tratar a los pacientes, operarlos, pero también investigar y formar.

P. El tiro, el bote y el pase, como en el baloncesto…

R. Lo que más me gusta es enseñar las técnicas quirúrgicas. Formar a otros, como hizo conmigo mi mentor en el País Vasco, el doctor Gaspar Ibarluzea. Enseñar lo que sabes te hace mejor cirujano y también mejor persona.

P. Viaja mucho. ¿Es otro de esos cirujanos que opera de país en país?

R. Intervengo a alrededor de 200 pacientes al año -recuenta mentalmente-, y he tenido la suerte de aprender determinadas técnicas que no estaban extendidas e implantarlas en muchos hospitales. Pero doctores como Diego González Rivas juegan en otra liga.

P. ¿Qué casos le quitan más el sueño?

R. Las operaciones a niños son especiales. Es gratificante porque se recuperan muy bien, pero el día anterior estás más tenso. Cuando todo va bien, liberas esa tensión y es parte de premio que te llevas.

“Admiro a las mujeres con cáncer de mama por cómo se movilizan. El varón es muy dejado y la masculinidad mal entendida resta vida”

P. ¿Ya no se pone nervioso?

R. No. Los cirujanos tenemos un punto, no diría de exhibicionismo, pero nos gusta enseñar. Hago muchas cirugías en directo. Te concentras y vas explicando, salvo cuando hay una complicación, entonces recurrimos al silencio. En una conferencia o en un partido de baloncesto sí siento cierto hormigueo antes de empezar, pero esto no me sucede al operar. Enseñar es una obligación, debemos dejar una especialidad más rica de la que recogimos.

P. ¿Se puede aún invadir menos al operar?

R. La medicina de precisión permitirá un salto en terapias personalizadas en la oncología urológica. En la parte técnica, aún hay margen de mejora en el tratamiento de cálculos con láser y de tumores. Sin duda, podremos tratar a los pacientes con técnicas aún menos invasivas.

P. ¿Es clave la IA?

R. Es prometedora, pero en la medicina hay un factor humano que requiere que cojas la mano al paciente, que le mires a los ojos, le toques, le escuches y le entiendas. La IA nunca va a suplir la relación de confianza médico-paciente. Creo que hay que trabajar con los futuros médicos, y ahora también desde la Academia, para no perder esa parte humana.

P. ¿Pero es ya una aliada para curar?

R. Sin duda. Las técnicas quirúrgicas que se ensayaban con animales, fueran perros o cerdos, se sustituyen hoy por modelos con IA o realidad aumentada que permiten prepararnos de forma virtual; incluso contemplando las características específicas de cada paciente. Y sin poner a un animal en riesgo.

El doctor Daniel Alfonso Pérez Fentes es urólogo en Unidad de Endourología y Litiasis del Servicio de Urología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS).
El doctor Daniel Alfonso Pérez Fentes es urólogo en Unidad de Endourología y Litiasis del Servicio de Urología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). | La Región

P. ¿La gente conoce bien a qué se dedica un urólogo?

R. Es una especialidad muy desconocida. Siempre digo que admiro a las mujeres con cáncer de mama por cómo se movilizan. El varón es muy dejado en cuidar la salud masculina y la masculinidad mal entendida resta años de vida.

P. ¿Debe hacerse más hincapié en la prevención?

R. Es fundamental. El cáncer de próstata es el tumor más frecuente en varones y es clave un diagnóstico precoz. Da vergüenza o se mantiene la idea de que las pruebas son molestas e insisto en desmentir este mito. Una simple analítica de sangre para medir el PSA (Antígeno Prostático Específico), que es una proteína que produce la próstata, da la oportunidad de curación en caso de detectarse un problema.

P. ¿Cuándo recomienda hacerse la prueba de PSA?

R. Recomendamos una primera valoración a partir de los 50 y en pacientes con antecedentes, especialmente padres o hermanos, conviene adelantar la prueba a los 45 años.

P. ¿Van las mujeres al urólogo?

R. Se identifica urología con próstata, pero tratamos la glándula suprarrenal, el riñón, el uréter, la vejiga o los testículos. Los tumores, los cálculos y las infecciones afectan a ambos sexos y, a veces, incluso más a las mujeres. El urólogo atiende a ambos sexos y no solo la próstata, también otros órganos. No solo la parte oncológica, también otros tratamientos. Y además, puede operar. ¡Es una especialidad tan completa y bonita que cómo no la iba a escoger!

P. Por cierto, ¿qué hace un urólogo metido a entrenador de baloncesto?

R. Es mi otra pasión, me distrae construir un equipo y motivar al grupo. Le dedico dos entrenamientos a la semana y los partidos del fin de semana, pero me compensa. El baloncesto me ayuda a ser mejor urólogo y mejor persona.

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